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¿Necesitas desconectar? (spoiler: post políticamente incorrecto)

Piensa en lo que más te gusta hacer en el mundo. Aquello que lo haces aunque nadie te va a pagar por ello. Aquello que haces bien aunque nadie lo vaya a evaluar. Eso que te hace sentir que el tiempo se paraliza.

¿Necesitas desconectar de ello? Creo que no.

Yo no necesito desconectar de lo que me apasiona. Sólo necesito dar un portazo a las cosas que se me dan mal pero aún así las tengo que hacer, o a esa tarea que la hago porque no me queda más remedio. Es más, en ese caso no necesito desconectar, lo que necesito realmente es evaporarme y que quede resuelto mágicamente.

Vivimos en la época de la vida vivida a partir de las 18 h y los fines de semana. Oigo continuamente a personas que quieren evadirse de su rutina y sólo no se meten en las drogas por puro sentido de responsabilidad hacia sus seres queridos. Si pudieran, se pasarían medio día «desconectados».

Asociamos el ser profesionales y ser responsables a realizar tareas que nos desagradan y que nos causan ansiedad. Pasamos mucho tiempo haciendo lo que no queremos, por eso nos damos el derecho «a desconectar» de las formas más diversas: haciendo deporte, yendo de compras o sumergiéndonos en las redes sociales.

¿De verdad es así como debemos vivir? ¿Hay otra forma? Imagina ahora que dedicas todo el tiempo a hacer aquello que verdaderamente te hace flotar y, además, consigues dinero por ello. ¿Pedirías desconectar entonces? O, por contra, disfrutarías cada momento pensando, planificando, saboreando, visualizando, recreando los momentos que pasas sintiéndote bien.

Qué difícil es vivir una vida de tardes y fines de semana desconectados y sufrir la conexión laboral. La salud se resiente por el cortisol acumulado y las relaciones sufren por los tonos de voz llenos de quejas y rencor indiscriminado.

¿Se te ocurre alguna forma de cambiar de vida? A mí sí, y tiene que ver con apostar por despertar sus talentos, tus fortalezas y apostar por convertirlas en tu forma de vida. ¿Piensas que, una vez convertidas en tu trabajo, dejarán de gustarte? La evidencia dice que no pasa eso, sino que lo que ocurre es que te conviertes en una persona plena y feliz que no necesita desconectar.

Disfruto creando la posibilidad de que otras personas puedan potenciar sus talentos y vivir de ellos. Me encanta proporcionar herramientas para que las personas tengan igualdad de oportunidades sin sesgos. No necesito desconectar de cada minuto que dedico a ese propósito. Es más, disfruto al pensar, planificar, visualizar y recrear mi propósito para convertirlo en realidad.

Dice mi amiga Ana que «no es fácil» salir del camino que llevas para hacer una apuesta por algo incierto. Por supuesto, nadie dijo que fuera fácil, pero tampoco que sea imposible. Por suerte, hay recetas para minimizar el riesgo de crear un nuevo futuro. Entre los ingredientes está el grit. Se necesita mucho, mucho. ¿Te lo crees? 🙂

5 trucos infalibles para tener buena suerte

Todos queremos que nos vaya mejor o tener buena suerte. Es así desde el principio de los tiempos. Si te fijas, la palabra «suerte» se utiliza de forma habitual. Mucho más que otras que están relacionadas como, por ejemplo, determinación o perseverancia.

Quiero dejar en este post mis cinco trucos infalibles para tener buena suerte.

  1. Madruga. Puedes ponerte la excusa de que eres un «tipo búho» en lugar de «tipo alondra» y por eso eres más efectivo por la noche. Incluso puedes decirte a ti misma que estudiabas mejor por la noche cuando ibas a la universidad. Independientemente de ello, si quieres mejorar tu suerte, es mejor que madrugues bastante y que seas de las primeras personas en empezar la actividad diaria. De esa forma, te aseguras que no te pierdes nada de lo que ocurre y serás capaz de estar más al ojo de las oportunidades que surjan.
  2. Métete en la cabeza que las oportunidades no surgen, se crean. Por ello, cuanto más madruges, más tiempo tendrás para CREAR oportunidades. Esto se hace de forma consciente, por lo que no te servirán de ninguna ayuda todas aquellos métodos de evasión que has acumulado durante años. Sé consciente, no te evadas.
  3. Necesitas a otras personas. Sí, es más probable que crees buenas oportunidades si compartes tiempo y actividades con otras personas. Por ello, es mejor que madrugues para pasar tiempo con otras personas y así crear más.
  4. Casi todo lo que has pensado te saldrá de forma diferente. Es poco probable que, cuando definas una meta, seas capaz de preveer todas las variables que influyen en que la consigas o no. El mundo es demasiado complejo y tu cerebro no es capaz de contemplar todos los escenarios (no te sientas especial, nos pasa a todos). Por ello, es necesario que interiorices que la mayor parte de las oportunidades que te has esforzado en crear a base de madrugones e interacciones con otras personas, no logren los frutos que deseabas o que preveíste.
  5. Cada noche, por mucho cansancio que tengas, vuelve al punto uno con más fuerzas que la vez anterior. Cada día, independientemente de cuáles sean tus emociones en ese momento.

Te dejo más info por si te interesa saber más sobre cómo la pasión y la perseverancia (también llamado grit) son el mejor indicador del éxito Si lo dudas, piensa en Rafa Nadal o Pedro Sánchez, claros ejemplos de cómo la pasión y la perseverancia son capaces de llevarte a donde quieras y potenciar tu talento por 1000, por mucho que los demás ni se lo imaginen.

Tu mala actitud te hace apestar igual que cuando no te duchas

A todos nos abandona el desodorante de vez en cuando. Las glándulas sudoríparas de los sobaquillos se ponen en marcha a todo trapo y, sin quererlo ni beberlo, te encuentras con un mal olor inesperado. A todos nos pasa, por eso Rexona no dudó en hablar de ello en un anuncio de hace tiempo.

Nos perdonamos unos a los otros esos malos olores puntuales porque somos conocedores de que, el día menos pensado, te puede pasar a ti. Sabes que es una cuestión puntual y respetas a la otra persona por su habitual pulcritud con la higiene personal.

Pero, ¿qué pasa si ese olor persiste un día y otro más?¿Y si empieza a llevar los dientes sucios y la ropa con lamparones?¿Y si el olor a queso rancio comienza a ser su señal de paso en los pasillos?¿También lo perdonarías? Creo que no. Creo que tomarías acción en una de las siguientes líneas: o huyes o, si esa persona te importa, hablas con ella muy en serio y la vuelves a poner en la senda del cuidado corporal.

La mala actitud te hace apestar incluso más que cuando no nos lavamos. Por contra, cuando nuestra actitud es buena, todos esos olorosos y diminutos botecitos de la planta calle de El Corte Inglés no tienen sentido, pues los demás captan al instante que tienen que unirse a nuestra causa.

Es imposible tener un buen día todos y cada uno de los días. Eso lo sabemos todos, por eso perdonamos un ratito de mala actitud en otra persona. Como perdonamos el que haya sido abandonado por aquel desodorante desconsiderado que no se acuerda de ti cuando más lo necesitas. Pero nadie va a aceptar un vaho apestoso, fruto de una mala actitud, día tras día.

La actitud negativa del «aquí estoy, peleando con la vida», del «aguantando como podemos», del «qué le vamos a hacer» y del «con esta gente no se puede» tiene un olor penetrante, agrio que se te queda pegado a la ropa.

Cuando pasan los días y esa actitud persiste y «la culpa es de los clientes», «yo qué voy a hacer si no soy el jefe» y «ojalá no hubiera tenido hijos» es la canción de cada día, los demás empiezan a alejarse. La opción de la huida es la más socorrida, aunque unos pocos valientes puedan querer reconducirte por la buena senda. En esos momentos el vaho asqueroso deja una estela detrás de ti que lo pueden oler los transeúntes al otro lado de la calle.

A partir de ahí la salida no es fácil. La luz del túnel se aleja cada vez más, a la vez que tus sueños y tus deseos. El día a día se convierte en un paseo aburrido en el mejor de los casos y frustrante en la mayoría. Nadie colabora. Nadie ayuda. Tienes la certeza de que tenías la razón en pensar que todo estaba mal y que tú sólo eras una víctima. El hedor es insoportable y ya no puedes hacer nada. Tu actitud es negra de tan negativa que es, al igual que el olor que desprendes.

No conozco a casi nadie que no se haya dejado llevar por la actitud negativa en algún momento de su vida.  Es una parte de los seres humanos. Pero es necesario saber que esa actitud te aleja de tus metas y de tus objetivos al igual que el mal olor te deja en una esquina.

Ten en cuenta que tu actitud depende al 100% de ti y es tu responsabilidad el dirigirla hacia el lado adecuado, exactamente igual que es tu responsabilidad ducharte y mantenerte tu imagen corporal. Nadie lo puede hacer por ti. Nadie.

¿Pero no sabes cómo hacerlo?¿No sabes cómo lavarte?¿Piensas que tus circunstancias son duras y que justifican tu mala actitud? Te harías un gran favor al reconocer que no es así. Que hay personas pasando situaciones realmente trágicas y que tienen una actitud estupenda y que también funciona al contrario.

Fue un día importante en mi vida el día que entendí que podía controlar mi actitud y, por ello, mi probabilidad de alcanzar mis objetivos. Si has leído esto hasta el final puede que sea porque tú también quieres que los tuyos se cumplan. Si es así, trabaja adelante. ¿No sabes cómo? Pregunta, busca, investiga…pero no abandones en el empeño. Límpiate todo lo que puedas. Tú vas a ser la persona que más saldrá ganando con ello.

 

¿Por qué sólo te enteras de lo que quieres?

Le contaba a una persona interesada en invertir en mi empresa lo mucho que me gusta tener un modelo de negocio basado en la suscripción de los clientes. Los negocios SaaS tienen esa potencia, así como los gimnasios e, incluso, el podcast de pago que hace mi marido diariamente sobre deportes.

Llevo viviendo con Pepe unos 20 años. Desde que lo conozco es un fan loco de los deportes americanos. Se pasa fines de semanas enteros viendo partidos de NBA, NFL y MLB. Tanto es así que yo hace muchos años que no veo la TV y que mi vida transcurre con los partidos en inglés de fondo. Gritos de gente en las gradas, la cantinela de los narradores… esa es la banda sonora de mi casa.

En la conversación con esa persona interesada en Hiwook, le conté lo que hacía Pepe en su podcast diario. Incluso, para hacerme la resabidilla, mencioné a Peyton Manning. Al llegar a casa le dije a mi marido: «cuqui, estuve hablando de ti y de Peyton Manning hoy. ¿Cómo va en los Patriots?».

Casi se cae del sofá del ataque de risa al oír mis palabras. Me responde: «Cuca, ¿no te has enterado de que, además de que Peyton ya está retirado, los Patriots era su equipo archienemigo?» Ahí empecé yo a reír sin parar.

No, a pesar de tener de fondo en la TV deporte americano durante 7 horas cada día del fin de semana, no me entero de nada. Soy una mujer con una gran memoria. ¿Cómo puede ser? Ya tengo la respuesta: la ATENCIÓN es la clave.

He llegado a la conclusión de que la Atención es la clave de todo en la vida. ¿De todo?¿No estás exagerando? No. De todo. Estoy segura.

La atención que pones en algo determina lo que aprendes. La mera exposición no sirve de nada, como es mi caso con el deporte. Piensa en algún tema importante para otra persona que tengas cerca y sobre el que tú no tengas ni idea. Hasta que no pongas tu atención en ese asunto, seguirá siendo un misterio para ti.

Estudié, como otra asignatura más, Psicología de la Atención. Al ser una asignatura de primero y categorizada dentro de Psicología Básica, no le presté mucha atención, valga la redundancia. Se trataban temas abstractos sobre la atención. Gran parte del temario estaba enfocado a la percepción sensorial. No me interesaba tanto en aquel momento.

Sin embargo, mi concepto de la atención ahora es otro bien distinto. Ahora sí que la veo como un concepto realmente importante, pues la atención determina cómo ves a los demás y cómo ellos te ven a ti. Según tengas tu atención dirigida hacia los demás, o hacia a ti, verás a las personas de una forma o de otra. Y eso determinará tus relaciones con los demás, que además impactarán en tu estilo y calidad de vida.

La atención es tan, tan importante que nos supera en su propio concepto. Me he dado cuenta de que nuestra atención es lo más importante que podemos dar a otros. Ni el tiempo, ni el amor, ni nada. Es la atención.

Conoces el dicho: «a nadie le importa lo que sabes hasta que no saben lo que te importan». Aunque es un poco lioso de decir, incluso de interpretar, lo que viene a decir es que nadie te hará caso hasta que no deposites su atención en esa persona en primer lugar.

Cuando nuestra atención se dirige hacia otras personas, se establece una relación. Si la atención es recíproca e intensa, se generan relaciones poderosas. Si la atención es continua en el tiempo, llega el maravilloso amor. No hay amor sin atención hacia la otra persona.

Parece que dar tiempo a otra persona es lo más generoso. Pero el tiempo sin atención tiene poco valor. De hecho, puede ser hasta ofensivo el tener a alguien al lado que no te hace caso, que no te dedica atención.

Sin embargo, la atención sincera, aún cuando no viene acompañada de mucho tiempo, es valiosa para las personas. Siempre tendrás en mente de forma positiva a aquella persona que te prestó atención en el momento en el que lo necesitabas.

La atención es la clave de las relaciones humanas. No des por supuesto que proporcionar tiempo o dinero serán sustitutos de la atención. Dirígela hacia donde quieras, porque es la clave de la felicidad en tu vida.

Una buena noticia: controlar tu atención es algo totalmente dentro de tu voluntad. Puedes decidir en cada uno de los momentos qué asunto es el que tendrá tu atención. Por ejemplo, ahora mismo mi atención está enfocada en escribir este post sobre la atención. Me resulta gracioso eso porque es una metaatención, ¿verdad? 🙂

¿Has pensado en el precio de no enfocar tu atención en las personas y en los asuntos importantes de tu vida? Si tú no tomas el control de tu atención, ten por seguro que alguien más lo hará por ti. Y lo más probable es que termines haciendo tareas que no te interesan, con personas a las que consideras irrelevantes, consumiendo minuto a minuto sin sentido alguno para lo que consideras importante.

Es una gran noticia el saber que se puede controlar hacia adónde enfocar tu atención y cómo hacerlo de forma efectiva. Si tienes interés en ese campo, hay montones de libros que te pueden ayudar. También hay profesionales para hacerlo. No dejes pasar ni un minuto más si piensas que tu atención no está en lo importante ahora mismo.

Vender pensando en grande

No tenemos sueños pequeños, ni baratos. Por muy realista que te consideres, cuando dejas volar la imaginación, piensas en grande. ¿Verdad?

A mí también me pasa. Por ello, quiero ser realista para conseguir mis grandes sueños.

Sé exactamente cuáles son: el primero, por supuesto, tener salud en la familia. Los demás ya son más terrenales: contribuir a nivel global a que las personas sean más felices en su trabajo, que personas excepcionales trabajen conmigo, tener inversiones y negocios de todos los tipos que me permitan la completa independencia financiera, ganar más de un millón de euros al mes y gestionar mis empresas de forma deslocalizada.

Como ves, mis sueños tampoco son pequeños, así que me he propuesto un plan para conseguirlos.

Hacer que Hiwook alcance la dimensión que quiero, es decir, que se convierta en una empresa global y que consiga su propósito de ayudar a que las personas puedan alcanzar el trabajo que desean independientemente de género, edad o procedencia.

Para hacerlo, hay que vender, vender y vender pensando en grande. Llevo vendiendo muchos muchos años y, si algo he aprendido, es que siempre se puede hacer mejor. Es increíble la cantidad de posibilidades de mejora que da el mundo de la venta. Si me preguntas, te diría que hay infinitas formas de mejorar cómo vender. Casi da hasta miedo de lo inabarcable que resulta.

Para hacer la tarea menos titánica, he optado por una estrategia de mejora en ventas muy clara: aprender, entrenar, poner en práctica, medir, analizar y volver a empezar. Sí, vale, no te estoy contando nada nuevo, es el círculo de mejora continua. Lo que sí te voy a contar es un ejemplo de cómo lo hago.

Hace meses me estoy empollando de cabo a rabo la metodología Winning By Design de ventas. Me parece increíblemente buena. He estudiado los libros, me leo su blog, me miro los vídeos y rebusco y rebusco cualquier cuestión al respecto. Esta es la fase de aprender.

Sigo con la de entrenar. Cada cliente que me llama, cada empresa con la que contacto… con todos entreno lo que he aprendido. Hago diversas versiones de los emails, de las llamadas…. y anoto todo para que luego me sea más facil el medir y analizar.

Tengo los KPIs revoloteando en la cabeza todo el día. Los apunto, los reviso, los analizo y los vuelvo a mirar. Saco conclusiones y las aplico lo que aprendo a continuación en la siguiente lección. Así todo el rato. Día a día.

Parece demasiado metódico. Lo es. Pero es así cómo se consiguen los sueños, o eso es lo que cuentan los que lo han conseguido. Se llama «práctica deliberada» y es lo que hacen, a sabiendas o no, los que llegan a dominar un campo de actividad, ya sea empresarial, deportivo o científico. Si quieres saber más sobre la práctica deliberada, te facilito el enlace a un libro que te va a gustar mucho. Se llama «Secretos para ser el mejor en lo que nos propongamos», de Anders Ericcson.

Mi idea es seguir aplicando estos métodos y herramientas para que la estrategia que tengo en mi cabeza se convierta en los sueños que me encanta evocar a cada minuto. ¿Tú qué haces para conseguirlos? 🙂

 

Tener dinero sube la autoestima

«Tener dinero sube la autoestima». Eso me dijo un colega hace tres semanas y otro hace dos. No se conocen de nada, pero ambos lo tienen clarísimo. Y, cuanto más dinero, más autoestima tienes. Parece que es algo exponencial. ¿Puede ser?

A veces soy descreída respecto al poder del dinero. Otras soy plenamente consciente de la libertad de movimientos que otorga. Si lo miras desde un punto de vista analítico, desprovisto de cualquier punto de vista emocional sobre lo que implica el dinero, se trata tan sólo de disponibilidad de recursos. Y sí, la abundancia de recursos, bien gestionados, proporciona una mayor capacidad de generar riqueza, en el amplio sentido de la palabra.

Para mí, dinero significa posibilidad de gestionar recursos para conseguir más de algo: más riqueza, más tiempo, más poder, más libertad, más comodidad, más estatus, más… de lo que se te ocurra, incluso autoestima.

Porque la autoestima está hecha de muchos ingredientes, entre ellos está el estatus, el reconocimiento, la autoconsciencia, la competencia, la libertad, el poder. Tú puedes hacer crecer tu autoestima, pero también dependes de los demás para que ésta tenga buen estado de salud. Y es bien sabido por todos que, si cuentas con los recursos suficientes, tienes la atención de los demás casi asegurada.

Hay personas que son unos cracks a la hora de conseguir recursos, pero son un desastre a la hora de gestionarlos. Como dicen en mi pueblo, el dinero en sus manos es como agua en un cesto: se escurre por mucho que entre. Otras personas son increíblemente eficientes gestionando recursos, aunque consigan muy pocos. Ahí tengo de ejemplo a la abuela de mi marido, que tenía pensión para 12 personas en su apartamento de 36 metros cuadrados en Tetuán.

Mi foco está en ser una buena conseguidora de recursos a la par que una buena gestora de éstos. Hacer más con lo que hay, y hacerlo crecer de forma exponencial. Creo que ahí está la magia de los negocios. Y el secreto del dinero.

«Dinero llama a dinero» y «No me des, ponme donde haiga» dice la sabiduría popular. ¿Hay algún refrán que vincula el dinero con la autoestima? Seguro que sí. Eso lo saben bien mis colegas, que tienen la autoestima por las nubes.

 

 

Me enamoré de la audacia

Me enamoré de una palabra. Ya la conocía de siempre, pero no recuerdo haberle hecho mucho caso hasta ahora. La tenía cerca, pero no apreciaba sus matices, su profundidad. La miraba como a cualquier otra, y eso no valorarla lo suficiente.

Fue cuando la oí de boca de otra persona cuando me llamó la atención. Oírla de boca de un israelí hizo que sonase más potente. Puede que fuera porque él sí había ahondado en su significado. Pocas veces la oí pronunciar en España a alguien, aunque muchos la conocemos. Me enamoré de «audacia».

Audacia significa osadía, atrevimiento. Eso nos dice la RAE. Pero investigando un poco más, el significado en positivo es una virtud que lleva a una persona al convencimiento de que, pese a los riesgos, puede llegar a la meta.

Audacia me enamoró porque llevo años prendada de otras palabras que lleva dentro: Grit (pasión y perseverancia), Asertividad, Propósito, Meta…

La virtud de la audacia tiene la determinación para no darse nunca por vencido, mantener el propósito como guía y caminar hacia él con pasión y perseverancia, respetando a los demás a la vez que  mantienes firme en tus convicciones.

Llevo días investigando sobre la audacia y pocas referencias he encontrado en Internet, pese a lo mucho que trata esos otros términos que son como piezas del puzzle de la audacia. Debe ser que no es un puzzle fácil de montar. Al menos a mí me ha costado años llegar a montarlo. Pero ahora veo esa belleza en la que todo encaja. Por eso me enamoré de la audacia.

Lo difícil que es darte cuenta de lo que no sabes

Me registré en un evento de speed-mentoring que se va a celebrar en unos días. Son 10 minutos cara a cara con una persona que sabe mucho más que yo del tema que yo quiero saber. 10 minutos pueden ser eternos o pueden pasar en un suspiro. Todo depende de la situación.

Le doy vueltas a la cabeza sobre qué preguntar a esa persona que ya ha llegado exactamente a donde yo quiero llegar en el plano profesional. ¿Cómo puedo hacer para que su conocimiento pase a mi cerebro lo más rápido posible? Supongo que haciendo las preguntas adecuadas…¿cuántas? En 10 minutos…pocas. Más bien se me ocurre que el objetivo sería hacer LA PREGUNTA adecuada.

Sigo dándole vueltas a cuál sería. La que se me ocurre es: ¿Qué debería saber que no sé? Esa preguntaría conllevaría que esa persona supiera lo que sé, lo que no pasa, pues no me conoce de nada. Una versión más larga de lo mismo: ¿Qué sabes ahora que fue importante para tu éxito y que piensas que yo no sé? Me arriesgo a que me diga algo que sí sé y que no me arroje luz sobre las sombras que desconozco, pero como sé que hay más cosas que desconozco de las que sé, pues la probabilidad juega a favor de que me entere de algo nuevo.

Saber lo que no sabes. ¿Cómo te das cuenta? ¿A tortazos?¿Alguien te lo cuenta?¿Por iluminación divina? Creo que he conocido todos esos métodos para darme cuenta de lo que no sabía, pero aún sigo sin saber lo que no sé. Es un bucle infinito.

Me imagino el conocimiento como una jarra infinita y mi cerebro como un vaso pequeñito. Va cayendo un chorro de la jarra al vaso. A veces va más rápido y otras más lento, pero la jarra sigue siendo infinita y mi vaso sigue siendo diminuto. ¿Puedo hacerlo más grande? Lo intento cada día, pero lo único que consigo es ser más consciente de la infinitud de la jarra.

¿Se te ocurre otro enfoque para este tema del que ahora no me doy cuenta? Me encantaría saber tu opinión. 🙂

No hay confianza sin asertividad

Hace más o menos un año me quedé de palo al escuchar a una Directora de RRHH sentenciar, sin ningún tipo de rubor,  que «la asertividad es mala».

En su día no le dije nada. Mal hecho por mi parte. Ayer volví a oír esa misma frase de nuevo. Con las mismas cuatro palabras. Y tampoco dije nada. Me fallé a mí misma y a mi asertividad. Adoro mi asertividad y también la de los demás. No es que crea que no es mala. Es que creo que es absolutamente maravillosa. Y estas líneas van sobre eso. Sobre cómo la asertividad es increíble porque permite que exista la confianza, esa señal inequívoca de que el vínculo entre dos personas es fuerte, íntimo y capaz de conseguir maravillas.

Sí, así como suena te lo digo: no hay confianza sin asertividad.

¿Tú piensas que hay algo malo en tener una habilidad social que consiste en conocer y defender los propios derechos respetando a los demás? Yo, no.

Piensa un poco. ¿Con que personas te comportas de forma asertiva? Por ejemplo, será tu pareja, como cuando hacéis juntos la compra y decidís si hay lentejas o hamburguesa para comer. También muestras asertividad a tu madre cuando le pides el coche y le dices que se lo devolverás la semana que viene, y con tu hermano cuando le decías que te cubriese las espaldas por llegar tarde (otra vez). También solemos ser asertivos con nuestros mejores amigos cuando decimos abiertamente que no nos ha gustado nada de nada el japonés al que fuimos en el cumple de Marta y que, para la próxima, a ver si probamos con un tailandés, a ver si hay más suerte. Nos comportamos de forma asertiva con las personas a las que queremos, con las que la confianza es máxima y que sabemos que podemos mostrarnos tal y como somos, sin tapujos.

Eso mismo pasa en los buenos equipos en los que la confianza campa a sus anchas. Por supuesto, campa a sus anchas de la mano de la asertividad. Nos sentimos libres de compartir lo que pensamos y de disentir abiertamente con otros para defender nuestras ideas, que tan sólo buscan el bien de la compañía. Y somos capaces de escuchar a nuestros compañeros, de los que sabemos que nos respetan profundamente y, por ello, son capaces de decirnos las cosas tal y como son.

La confianza es la base de un buen equipo. Sin ella no hay nada más, ni compromiso, ni responsabilidad, ni resultados. Lo explica fenomenal Patrick Lencioni en su libro «Las 5 disfunciones de un equipo». Si te interesa la gestión de equipos en el ámbito empresarial, no deberías perdértelo. 🙂

Te reconozco que alguna vez me dejé acobardar y me sometí al criterio de aquellos que decían que la asertividad es mala. Fue un gran error que me costó mucho en términos de bienestar. Es muy cansado y tóxico estar rodeado de personas que sacrifican resultados, responsabilidad y compromiso por un falso consenso en el que todo es «very polite».

Eso no va conmigo. Soy 100 % asertividad. Y como siempre buscamos aquellas lecturas que apoyan nuestra forma de pensar, pues también te voy a recomendar la lectura de «Principles» de Ray Dalio, el fundador de Bridgewater. Este empresario que ha levantado un imperio tiene Principios muy parecidos a los míos, que se pueden resumir como «radical truth y radical transparency». Considero que la asertividad es el comportamiento derivado de la sinceridad radical y la transparencia absoluta. Lo que ves, es lo que hay. Te lo diré abiertamente. Siempre. Y también siempre tendré te respetaré y te tendré en cuenta. Porque soy asertiva.

 

Avanzar en favor de la diversidad

Todo lo que ves a tu alrededor es fruto de que alguien ha puesto algo de esfuerzo en ello. Casi nada de lo que ocurre ha sido «por que sí». Los avances ocurren porque una persona o un grupo de personas quieren avanzar y tienen las ganas de hacerlo posible.

Saber eso me parece motivador, pues el pensamiento que se me viene a la mente es…¿y qué puedo hacer yo para avanzar? Entiéndeme: avanzar no significa necesariamente tener más dinero, y más «éxito». Avanzar significa aportar a causas en las que es necesario que algo cambie.

Desde hace mucho tiempo el tema de la diversidad es algo que tengo en mente. En un principio lo llamaba, como casi todo el mundo: «igualdad». Ahora pienso que realmente la igualdad es imposible y que el término que más encaja con la idea que está debajo de «igualdad para todos» es «aceptación de la diversidad». Parece una tontería, pero no lo es tanto.

Aceptar la diversidad realmente significa dejar de presionar para encontrar similitudes. Por ejemplo: todos los humanos tenemos corazón, hígado, cerebro, tripas…¿Somos iguales? En absoluto. Incluso unas tripas pueden ser diferentes entre sí, diversas. Y, de hecho, lo son. Al igual que nuestros cerebros o nuestro género. Asumir esa diversidad como algo positivo me hace querer expandir esa idea y avanzar hacia la comprensión de esa diversidad para abrazarla.

Seguro que conoces muchos movimientos a favor de la diversidad de género. Estoy completamente a favor de ellos, como otros que rompen estereotipos negativos sobre la madurez o sobre la procedencia sociocultural. Creo que siempre formé parte de este tipo de movimientos, ya sea de una forma más formal o, en ciertas etapas, desde la distancia.

Pero desde hace un tiempo, los avances para que la diversidad sea vista como una oportunidad, ocupan gran parte de mi tiempo profesional y personal. Esta motivación la he concretado a nivel profesional a través de HIWOOK, el Portal de Empleo sin CV que proporciona igualdad de oportunidades de acceso al empleo independientemente de género, edad o procedencia. En Hiwook he volcado todo este propósito y significa un gran motor para mí.

En el plano más personal, que también se mezcla con el profesional, ya que somos personas todo el rato, hay un movimiento que me llama especialmente la atención, y que tiene que ver con el empoderamiento de la mujer en el ámbito profesional. Como ves, me paso todo el día mezclando el aspecto profesional y personal. Creo que ya no noto la línea entre ellos, si es que existe.

El año pasado me lancé de lleno a la tarea de mejorar la posición de mujeres en puestos profesionales claves a través de EJE&CON. Beatriz García-Quismondo, compañera a la que admiro realmente, fue la que me dio la oportunidad de poder formar parte de ese movimiento para promover el #TalentoSinGénero. De forma paralela, quise saber más y más sobre mujeres en puestos directivos, por lo que me topé también con Mujeres&Cia, con Mercedes Wullich a la cabeza liderando, entre otras acciones, las Gala Mujeres Top 100 en España. Cuando conocí esa iniciativa, no pude mejor que querer saber más y acudir a la edición de 2017. La Gala Top 100 es un escaparate para mostrar a la sociedad que las mujeres hacen aportaciones relevantes desde diversos campos: Empresa, Administración, Investigación, Política… En fin, trata de sacar a la luz un trabajo que, en muchas ocasiones, pasa totalmente desapercibido.

Como te contaba, el año pasado insistí para ir a la Gala Top 100 de espectadora. Este año tengo la suerte de ir como candidata de la categoría Revelación y Emprendedoras. ¿Podré ganar? Realmente no lo creo, pues el nivel es muy alto y realmente hay compañeras que han hecho trabajos formidables.

Por mi parte, me parece que voy dando pasitos hacia adelante para aportar al progreso de la aceptación de la diversidad. Queda muchísimo por hacer, pero esto va de seguir, seguir, seguir y seguir avanzando. Sin mirar atrás.

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