Me enamoré de una palabra. Ya la conocía de siempre, pero no recuerdo haberle hecho mucho caso hasta ahora. La tenía cerca, pero no apreciaba sus matices, su profundidad. La miraba como a cualquier otra, y eso no valorarla lo suficiente.

Fue cuando la oí de boca de otra persona cuando me llamó la atención. Oírla de boca de un israelí hizo que sonase más potente. Puede que fuera porque él sí había ahondado en su significado. Pocas veces la oí pronunciar en España a alguien, aunque muchos la conocemos. Me enamoré de “audacia”.

Audacia significa osadía, atrevimiento. Eso nos dice la RAE. Pero investigando un poco más, el significado en positivo es una virtud que lleva a una persona al convencimiento de que, pese a los riesgos, puede llegar a la meta.

Audacia me enamoró porque llevo años prendada de otras palabras que lleva dentro: Grit (pasión y perseverancia), Asertividad, Propósito, Meta…

La virtud de la audacia tiene la determinación para no darse nunca por vencido, mantener el propósito como guía y caminar hacia él con pasión y perseverancia, respetando a los demás a la vez que  mantienes firme en tus convicciones.

Llevo días investigando sobre la audacia y pocas referencias he encontrado en Internet, pese a lo mucho que trata esos otros términos que son como piezas del puzzle de la audacia. Debe ser que no es un puzzle fácil de montar. Al menos a mí me ha costado años llegar a montarlo. Pero ahora veo esa belleza en la que todo encaja. Por eso me enamoré de la audacia.