Me registré en un evento de speed-mentoring que se va a celebrar en unos días. Son 10 minutos cara a cara con una persona que sabe mucho más que yo del tema que yo quiero saber. 10 minutos pueden ser eternos o pueden pasar en un suspiro. Todo depende de la situación.

Le doy vueltas a la cabeza sobre qué preguntar a esa persona que ya ha llegado exactamente a donde yo quiero llegar en el plano profesional. ¿Cómo puedo hacer para que su conocimiento pase a mi cerebro lo más rápido posible? Supongo que haciendo las preguntas adecuadas…¿cuántas? En 10 minutos…pocas. Más bien se me ocurre que el objetivo sería hacer LA PREGUNTA adecuada.

Sigo dándole vueltas a cuál sería. La que se me ocurre es: ¿Qué debería saber que no sé? Esa preguntaría conllevaría que esa persona supiera lo que sé, lo que no pasa, pues no me conoce de nada. Una versión más larga de lo mismo: ¿Qué sabes ahora que fue importante para tu éxito y que piensas que yo no sé? Me arriesgo a que me diga algo que sí sé y que no me arroje luz sobre las sombras que desconozco, pero como sé que hay más cosas que desconozco de las que sé, pues la probabilidad juega a favor de que me entere de algo nuevo.

Saber lo que no sabes. ¿Cómo te das cuenta? ¿A tortazos?¿Alguien te lo cuenta?¿Por iluminación divina? Creo que he conocido todos esos métodos para darme cuenta de lo que no sabía, pero aún sigo sin saber lo que no sé. Es un bucle infinito.

Me imagino el conocimiento como una jarra infinita y mi cerebro como un vaso pequeñito. Va cayendo un chorro de la jarra al vaso. A veces va más rápido y otras más lento, pero la jarra sigue siendo infinita y mi vaso sigue siendo diminuto. ¿Puedo hacerlo más grande? Lo intento cada día, pero lo único que consigo es ser más consciente de la infinitud de la jarra.

¿Se te ocurre otro enfoque para este tema del que ahora no me doy cuenta? Me encantaría saber tu opinión. 🙂