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Segunda ronda de financiación: 300.000 € para mejorar nuestro producto y crecer

Pasa el tiempo volando y aquí estamos, en medio de nuestra segunda ronda de financiación. 300.000 euros para mejorar nuestro producto y llegar a más empresas clientes y usuarios.

Después de crear el MVP y validar el modelo, hemos pasado a centrar el foco en conseguir empresas clientes y usuarios: consolidar las funcionalidades del MVP y dar los primeros pasos hacia el crecimiento.

Ahora pasamos a la siguiente fase en la que son necesarios más recursos PARA CRECER: madurar y desarrollar el producto y llegar a muchos más clientes y usuarios. Aprovechar cada euro que tiene la empresa para aumentar la base de llegada a usuarios y empresas y facturar más. Eso es crecer.

Estas últimas semanas han sido muy intensas en dos aspectos: diseñar la ronda e ir divulgándola entre personas interesadas en participar en esta oportunidad; y dirigir la empresa para que siga funcionando y las métricas acompañen. Miles de usuarios y docenas de empresas ya forman parte de Hiwook. Ahora toca subir al siguiente escalón.

Crecer no es tener una oficina mayor ni más pomposa. Tampoco es contratar sin ton ni son a personas para roles que no sabes si van a permanecer en el modelo dentro de 2 semanas y luego tenerlos rondando de puesto en puesto. No es intentar parecer guay por cualquier modo y sumarse a la moda del postureo.

Crecer es mirar por cada euro que entra y cuidarlo para que haga entrar muchos más. Crecer es cuidar por cada euro que sale para que haga entrar muchos más. No se puede crecer sin tener el foco en las métricas y sin tener la capacidad de tomar decisiones a sangre fría en cuanto te das cuenta de que has avanzado dos pasos por el mal camino. Ser CEO implica tomar decisiones. A veces «molan» y otras no molan para nada, pero eso no te quita de tener que hacerlas.

No todo vale en cómo se utiliza el dinero para crecer. Crecer de verdad, no en postureo. Lo otro es derrochar, igual que meter agua en un cesto.

No hay confianza sin asertividad

Hace más o menos un año me quedé de palo al escuchar a una Directora de RRHH sentenciar, sin ningún tipo de rubor,  que «la asertividad es mala».

En su día no le dije nada. Mal hecho por mi parte. Ayer volví a oír esa misma frase de nuevo. Con las mismas cuatro palabras. Y tampoco dije nada. Me fallé a mí misma y a mi asertividad. Adoro mi asertividad y también la de los demás. No es que crea que no es mala. Es que creo que es absolutamente maravillosa. Y estas líneas van sobre eso. Sobre cómo la asertividad es increíble porque permite que exista la confianza, esa señal inequívoca de que el vínculo entre dos personas es fuerte, íntimo y capaz de conseguir maravillas.

Sí, así como suena te lo digo: no hay confianza sin asertividad.

¿Tú piensas que hay algo malo en tener una habilidad social que consiste en conocer y defender los propios derechos respetando a los demás? Yo, no.

Piensa un poco. ¿Con que personas te comportas de forma asertiva? Por ejemplo, será tu pareja, como cuando hacéis juntos la compra y decidís si hay lentejas o hamburguesa para comer. También muestras asertividad a tu madre cuando le pides el coche y le dices que se lo devolverás la semana que viene, y con tu hermano cuando le decías que te cubriese las espaldas por llegar tarde (otra vez). También solemos ser asertivos con nuestros mejores amigos cuando decimos abiertamente que no nos ha gustado nada de nada el japonés al que fuimos en el cumple de Marta y que, para la próxima, a ver si probamos con un tailandés, a ver si hay más suerte. Nos comportamos de forma asertiva con las personas a las que queremos, con las que la confianza es máxima y que sabemos que podemos mostrarnos tal y como somos, sin tapujos.

Eso mismo pasa en los buenos equipos en los que la confianza campa a sus anchas. Por supuesto, campa a sus anchas de la mano de la asertividad. Nos sentimos libres de compartir lo que pensamos y de disentir abiertamente con otros para defender nuestras ideas, que tan sólo buscan el bien de la compañía. Y somos capaces de escuchar a nuestros compañeros, de los que sabemos que nos respetan profundamente y, por ello, son capaces de decirnos las cosas tal y como son.

La confianza es la base de un buen equipo. Sin ella no hay nada más, ni compromiso, ni responsabilidad, ni resultados. Lo explica fenomenal Patrick Lencioni en su libro «Las 5 disfunciones de un equipo». Si te interesa la gestión de equipos en el ámbito empresarial, no deberías perdértelo. 🙂

Te reconozco que alguna vez me dejé acobardar y me sometí al criterio de aquellos que decían que la asertividad es mala. Fue un gran error que me costó mucho en términos de bienestar. Es muy cansado y tóxico estar rodeado de personas que sacrifican resultados, responsabilidad y compromiso por un falso consenso en el que todo es «very polite».

Eso no va conmigo. Soy 100 % asertividad. Y como siempre buscamos aquellas lecturas que apoyan nuestra forma de pensar, pues también te voy a recomendar la lectura de «Principles» de Ray Dalio, el fundador de Bridgewater. Este empresario que ha levantado un imperio tiene Principios muy parecidos a los míos, que se pueden resumir como «radical truth y radical transparency». Considero que la asertividad es el comportamiento derivado de la sinceridad radical y la transparencia absoluta. Lo que ves, es lo que hay. Te lo diré abiertamente. Siempre. Y también siempre tendré te respetaré y te tendré en cuenta. Porque soy asertiva.

 

Atravesar la primera meta volante del tour

Me siento como si acabase de atravesar la primera meta volante del tour. De mi propio TOUR, que seguramente pueda ser tan reto para mí como el de Francia lo fue para Induráin la primera vez que pasó hizo esa carrera.

Aunque hace años que empecé en esto de crear negocios y ganarme la vida por mi cuenta, cuando miro atrás ahora, me parece que estos años fueron un entrenamiento y que, hace tan sólo seis meses que empecé la verdadera carrera, mi tour. Este tour personal no tiene final en París. De hecho, no tengo ni idea de dónde está el final, porque lo realmente es interesante es el viaje en sí mismo. Sé a dónde quiero llegar, pero no sé dónde está. Es curioso, pero así es ésto.

En enero de 2018 comencé de verdad esta misión personal con toda la pasión que me cabe en el cuerpo. La visión es grande y ambiciosa, por lo que decidí trocear el tour en metas volantes con objetivos muy concretos que me ayuden a no perderme entre tantas oportunidades que, generosamente, me van apareciendo como pop-ups.

«Lo mejor es enemigo de lo bueno» se ha convertido en uno de mis mantras, lo que me obliga a decir NO a oportunidades estupendamente buenas y golosas que, de cogerlas, me apartarían de lo mejor: cumplir mi propósito.

En enero fijé una meta volante para julio. Una meta compleja y apasionante: aterrizar la idea que materializa mi visión y validarla en el mercado. Para ello me propuse mini-metas intermedias de corta duración, incluso semanal, que me hicieron avanzar de una forma lenta y rápida a la vez. ¡Qué paradoja! Lenta porque me parecía que hacía poca cosa cada día, pero rápida porque, la suma de esos pequeños avances, me hizo llegar a la primera meta volante que me había fijado.

Durante esta primer mitad de 2018 he diseñado un modelo de negocio, una estrategia para validarlo, una tecnología que lo hace posible, un equipo para desarrollarlo y encontrado unos partners y usuarios para tener todas las piezas del puzzle.

Con calma he llegado hasta este julio, esta primera meta volante de mi tour personal. Y con alegría, pasión y mucha determinación estoy ya haciendo cara a la siguiente. El camino está siendo espectacularmente divertido y lleno de alegrías. Aunque a veces no todo sale como se piensa, es una cuestión de actitud el buscar activamente otras opciones para que, ese escollo que ha surgido, quede resuelto de una nueva forma que no había pensado previamente.

Me siento feliz por haber atravesado esta primera meta volante de mi tour hacia mi propósito. Día a día voy contribuyendo a cumplir mi misión: conseguir que todas las personas tengan igualdad de oportunidad de crecer profesionalmente para cumplir sus sueños.

Día de la Felicidad

Lo que importa se nos olvida rápido, por eso se celebran los «días de». Acabamos de festejar hace menos de un par de semanas el Día de la Mujer y ya estamos en el Día Internacional de la Felicidad. Me parece muy bien. El cerebro humano olvida rápidamente cuando está inmerso en las pequeñas cosas del día a día, así que no está mal que el calendario nos recuerde lo importante.

Supe del Día de la Felicidad hace tan sólo unos seis años. Lo leí en prensa, seguramente como tú. Salvo en momentos aislados, no pensaba mucho en la felicidad, así que ni se me pasaba por la cabeza que alguien hubiera hecho el esfuerzo de dedicarle el 20 de marzo. ¿Tú piensas a menudo en la felicidad?

Creo que sólo pensamos en la felicidad cuando estamos pasando por momentos realmente apurados y tristes. Cuando una situación nos agobia muchísimo, somos conscientes de que eso no es felicidad. El resto del tiempo, no nos preocupamos mucho de ella y sí de una de sus parientes: la emoción positiva. Buscamos a menudo la risa, la alegría, el desenfado… ¿Es eso la felicidad?¿Estar todo el día entre risas?

Me gusta la forma que tiene Martin Seligman de entender la felicidad. Su enfoque es eudemónico (menuda palabrita) frente al enfoque hedonista que sí que conocemos muy bien.

El eudemonismo es la felicidad auténtica y se consigue entrando en estado de flujo, que te sonará si has leído a Mihály Csíkszentmihályi y teniendo un propósito en la vida. Es decir, haciendo lo que realmente te gusta y contribuyendo de alguna forma positiva a tu entorno. ¿Tiene eso que ver con las risas? Muchas veces no tiene nada que ver. Conozco a personas que son felices sufriendo horas encima de una bicicleta. No sonríen mientras lo hacen. Conozco a otras que son felices ayudando a niños enfermos. Sufren mucho mientras lo hacen.

Celebremos todos los días nuestra felicidad. Recordemos que depende de nosotros mismos el realizar actividades que tengan un propósito, nuestro propósito. Será la única forma de que seamos felices aunque no seamos conscientes de serlo.

Negocios y café

Esta etapa de creación tan intensa como la etapa en la que está Hiwook me gusta especialmente. Me siento libre para pensar, moldear, planificar y soñar. Por contra, tiene la dificultad del manejo de la incertidumbre, de los plazos y de los pocos ingresos que, como a todos, nos hacen falta para vivir.

Mis hijos me ven trajinando de aquí para allá. Me preguntan: «mamá, ¿en qué trabajas ahora?» y yo les digo: «estoy creando un negocio». Asienten con la cabeza pero sé que no me entienden del todo. Porque, ¿sabemos los adultos realmente lo que es un negocio? Seguro que sí, pero cada uno con nuestra visión propia particular del asunto.

Para mí, cualquier negocio debería funcionar como una buena cafetería. ¿Aunque venda zapatos?¿Aunque venda software? Sí, en todos los casos.

Hace años, veía a mis compañeros del instituto vivir genial poniendo cafeterías y bares de copa. Eran negocios rentables que les permitían vivir a todo trapo en unos meses de actividad. Mientras tanto, yo me centraba en crear otro tipo de negocios, que yo creía más «sofisticados» al estar relacionados con la tecnología y el conocimiento.

Pero mis negocios no iban tan boyantes como los de mis colegas repetidores en la EGB. ¿Por qué?¿Qué no sabía?

Ya tengo la respuesta: no sabía crear un sistema completo, armonioso y con unos resultados predecibles y estables. Que tuviese en cuenta todas los aspectos relevantes sin que yo misma fuese la variable más relevante. Es decir, no sabía crear un sistema que sea capaz de funcionar en cualquier ambiente y operado por cualquier persona.

Mi error consistía en centrarme en crear productos y servicios completos que creía que el mundo querría. Confundía un negocio con su producto, mientras mis compañeros tenían claro que la marca de café no es relevante en una cafetería y que el DYC-con-coca se iba a servir en su bar, al igual que en los otros 10 de alrededor. Ni el café ni el DYC eran relevantes para su negocio. Ellos lo sabían.

Ellos sabían que su negocio dependería de la zona en el que ponía el bar, del horario en el que iba a estar abierto, de los márgenes que les daban los proveedores, de la rapidez con la que servían los productos, de lo ágiles fuesen en contratar personal en horarios punta, de lo limpio que estuviese el local (en especial, los baños de señoras), de los buenos pinchos que tuvieran en la barra, de lo rápido que sirvieran a los clientes…Es decir, el negocio dependía de lugares, tiempo, recursos y procesos.

Las mejores cafeterías son aquellas que están diseñadas para funcionar de una forma armónica, eficiente y con el mismo resultado para cada cliente. Independientemente de si pides un café cortado, uno descafeinado con soja en vaso, o un té, vas a estar a gusto. Tampoco depende de si te toca éste o aquel camarero, pues todos saben exactamente qué procesos tienen que realizar para que la comanda sea rápida, el producto esté en su punto y los pagos no tengan incidencias.

Cuando más veces un cliente tenga la misma experiencia positiva en un establecimiento, más veces acudirá. ¿Cómo te sentaría que en una cafetería unas veces te pusieran un zumo gratis, otras te lo cobrasen, otras veces el camarero tardase 10 minutos en servir y otras todo fuese como la seda? Te parecería mal. Porque todos queremos una experiencia satisfactoria, pero estable. Queremos saber por qué estamos pagando y que se ajusta a lo que queremos.

Clientes, proveedores, empleados e inversores son las personas que operan en un sistema de negocio, pero el sistema está formado por recursos, tiempo, lugares y procesos. El producto no es el centro del sistema, tan sólo es una parte de él, como bien se explica en el caso de una cafetería, ya que es un ejemplo que todos podemos recrear en nuestra mente.

Ahora, ¿este modelo sirve para un negocio que proporciona servicios de geomarketing?¿o que está desarrollando un producto que aún nadie conoce?

Desde luego, sí. Un negocio es un negocio en cualquier sitio, y funciona con los mismos elementos clave. Afortunadamente, el producto no tiene tanto peso como nos creemos y nuestro foco debe estar centrado en desarrollar un sistema que aporte un valor.

Cuando se está creando un negocio innovador, es necesario comenzar con una propuesta mínima de valor, que será objeto de medición para, después, incorporar las conclusiones obtenidas al propio sistema con el objetivo de mejorarlo. Por ello, siempre hay que comenzar por crear un Sistema de Valor Mínimo (MVS) en lugar de un Producto de Valor Mínimo (MVP), como estábamos acostumbrados hasta ahora.

En estos meses creando mi nuevo negocio, estoy poniendo el foco en la creación de un sistema que proporcione valor a los clientes, proveedores, empleados y a mí misma como propietaria del negocio. Por supuesto, el producto con el que el valor llega al cliente es una parte importante, pero no lo es todo, ni muchísimo menos. Al igual que el café no es lo más importante de un sistema llamado cafetería.

Te invito a que mires con estas nuevas gafas todos los negocios que tienes a tu alrededor, para que identifiques el producto y veas cuál es su posición dentro de un sistema. ¿Cuál es la importancia del libro en el sistema Amazon que te permitió leer la recomendación de otros lectores, comparar precios, conocer la fecha de entrega, saber que ya ha sido enviado y recibirlo en tu casa un día después?¿Cuál es la importancia de el plátano en la estantería del súper frente a todo el sistema que ha permitido que haya llegado allí y que tú puedas comprarlo en buen estado, al mejor precio y en unas condiciones de lo más cómodas?

El mundo de los negocios está formado por sistemas. Si estás pensando en ser emprendedor, desarrolla tu propio sistema. Olvida el MVP y céntrate en el MVS.

Como dice un amigo mío: «si dejo de vender cortes de pelo, pues me pasaré a las lentejas, o a lo que haga falta».

 

 

 

 

 

Buy&Hold: compra y no vendas nunca

En la estrategia de inversión a largo plazo conocida como Buy&Hold, la máxima es muy simple: «Cuando encuentres una empresa buena a un buen precio: compra y no vendas nunca. De esta forma no te perderás las grandes subidas que cambian vidas».

¿Cómo sabes si la empresa es buena y si está a buen precio? Pues la estudias bien desde el punto de vista fundamental: evalúas su trayectoria, cómo van sus ratios, cuál es su competencia y haces una previsión de futuro…Si la empresa es buena pero no está a buen precio, entonces esperas. Cuando esté a buen precio, pues compras y no vendes nunca. A partir de ese punto, sigues invirtiendo en ella de forma continua y mientras no haces nada más. Tan simple como eso. La propia evolución de los mercados y de la gestión empresarial hará el resto. Con una buena y selecta cartera, a pesar de atravesar de que es cierto que se pasará por momentos buenos y malos, la rentabilidad es muy atractiva y el riesgo muy bajo.

Simplemente, me encanta.

Y adoro ver cómo Buy&Hold aplica de forma elegante y parsimoniosa cuando se utiliza fuera del ámbito de la gestión financiera. En concreto, en las relaciones humanas.

En esta última temporada muchos de mis amigos han roto sus parejas. Algunos llevaban años juntos. Bastantes. Ya tenemos cierta edad y la tónica general es de desencanto con la vida personal y de pareja. Ahora se preguntan por qué sus relaciones terminan pronto (menos de 5 años) y mal. La verdad es que es algo que también me gustaría saber.

Como es un tema que tengo reciente, salió en la conversación tomando unos vinos con un amigo. Él se ha divorciado hace poco tiempo, así que su teoría al respecto me parece muy valiosa por tener estar basada en su propia experiencia personal. Me contó su explicación y no pude más que quedarme perpleja y gratamente sorprendida cuando hizo referencia a mi admirada estrategia de Buy&Hold. Te cuento cómo aplica en este caso. Fascinante.

Decía al principio que lo que hay que hacer cuando sigues la estrategia Buy&Hold son principalmente tres cosas: estudiar muy bien a la empresa, comprar y no vender (esperar).

Si lo llevamos al tema de las relaciones humanas, la analogía sería: conocer bien a la otra persona, conectar o vincularse con ella y seguir ahí, de forma que la confianza, el cariño y el trabajo en común hacia los objetivos provoquen esas «subidas que te cambian la vida».

Está claro que la dificultad subyace, como en el caso de la inversión en bolsa, en tener la capacidad de conocer bien a la otra persona. A mí me resulta muy útil conocer sus valores y observar cómo los aplica en el día a día. Vamos, el «hace lo que dice» de toda la vida.

Si sus valores encajan con los míos y los actos de esa persona son congruentes con lo que dice, normalmente llega el momento de conexión o de establecimiento de un vínculo. Puede ser de los tipos más variopintos y de diferente intensidad.

Desde el momento de la conexión, luego ya se trata de aportar, de invertir en la relación con la otra persona. Se trata de compartir momentos, ilusiones, tropiezos y metas. El tiempo será el que proporcione los logros que hacen que cambie la vida. La rentabilidad vista desde el punto de vista de apoyo, confianza, comprensión, risas y anécdotas compartidas, sin duda merece la pena.

Estoy muy de acuerdo con mi colega en que muchas personas siguen la estrategia contraria: comprar y vender rápido, intentando conseguir rentabilidades altas en plazos cortos. Lo que ocurre es que, al igual que esa estrategia cortoplacista es más arriesgada en la inversión en bolsa; también lo es en las relaciones entre personas. Además, tenemos la complicación añadida de que no tiene el mismo impacto emocional el perder dinero que el perder a otra persona a la que has querido.

 

 

 

Somos Tecnohumanos

Tecnohumanos

Le he cambiado la descripción al blog. Hace unos meses se llamaba «Secretos de la Transformación Digital» y ahora le he puesto «Cómo me convertí en tecnohumana». Creo que esta descripción pega más con el contenido que publico.

No me convertí en tecnohumana de un día para otro. Ha sido un proceso largo el que me ha llevado hasta aquí. Unas cuantas décadas, de hecho. Pero, ahora mismo, creo que era el tiempo que necesitaba para recorrer el camino y llegar hasta ahora mismo.

Ser ingeniera y psicóloga estoy segura de que ha ayudado, aunque no es necesario pasar por 11 años de estudio para ser un tecnohumano. De hecho, es muchísimo más sencillo y consiste, desde mi punto de vista, en querer utilizar la tecnología para desarrollar la mejor versión de ti mismo.

La tecnología al servicio de las personas.

No hace falta alta tecnología y ponerse a desarrollar en Python como si no hubiese mañana. No lo veo así. La tecnología está tan a nuestro alcance que podemos utilizar incluso un Worpress para el blog en el que volcamos nuestra parte humana, como sigo empecé a hacer hace un par de años en esta web que estás leyendo.

Tampoco es que haga falta un blog, que ahora incluso algunos ya dicen que están pasando de moda. Las redes sociales son mini-blogs de actualización diaria en donde ponemos nuestros pensamientos y sentimientos. ¿Se puede poner más humanidad en una red social? Creo que no, pues ahí tenemos a nuestra familia que vive lejos, a nuestros amigos de siempre, nuestro hogar, nuestros recuerdos…la pura esencia del ser humano.

Y ahí es un suma y sigue. Ni me imagino en qué herramientas podemos estar volcando nuestra humanidad dentro de 10 o 20 años. Lo que sí tengo claro ahora mismo es que voy a empezar a poner mi granito de arena y a construir un lugar tecnológico en el cual podamos ser más libres, tener más oportunidades y demostrar lo que valemos.

Este lugar está ahora mismo en construcción: parte en mi mente y en la de otros que se están sumando al proyecto, y otra parte ya es una realidad (tímida aún) en Internet. En las próximas semanas cada vez habrá más trocito del proyecto ejecutado y será cuando pueda presentártelo para que me digas qué es lo que te parece.

No te imaginas las ganas que tengo de que este sueño se haga realidad. Porque creo que todos queremos mejorar en nuestra vida profesional, disfrutar de nuestro trabajo, encontrar el lugar en el que podemos ser felices siendo productivos y, al final, poder disfrutar plenamente de nuestra vida.

Este lugar donde nos veremos en unas semanas es un lugar en el que te espero con los brazos abiertos, en el que quiero que seas tú mism@ para demostrar tus fortalezas y todo lo que sabes hacer, que es mucho más de lo que te crees.

Disfrutaremos juntos allí, porque somos Tecnohumanos.

¿Qué es la transformación digital de las empresas? (III): Marketing phygital

Te prometo que fue hace poco tiempo cuando oí la palabra «phygital». Tuve que pedir explicaciones sobre ella. Al oírla la primera vez, no me vino nada familiar a la mente.

Es verdad que el marketing se va complicando más y más. Por ejemplo, ¿el marketing digital es aquel que sólo nos impacta cuando estamos frente a la pantalla de un smartphone? Entonces, ¿cómo se llama entonces un folleto? Claro, marketing offline. ¿Y cuando escaneamos un QR de un folleto? Ahí ya nos entran las dudas entre la diferencia entre lo físico (el papel) y lo digital (la url a la que apunta el QR. Bien, justo eso es el marketing phygital. El marketing físico y el digital, el ON y el OFF de hace tiempo.

La realidad es compleja y, los gurús del marketing, no dejan de inventarse conceptos y palabras cada vez más sofisticadas para poder adaptarse a esa realidad que no para de crecer, retorcerse e involucionar. Se me vienen a la mente Customer experience, UX, Inbound marketing, SEO, SEM, Retargeting, Cross-media, Storytelling, Indoor maping, Customer journey…

¿Hay alguna forma de simplificar y no añadir más leña al fuego? Voy a intentarlo. Me gustaría saber tu opinión sobre el resultado.

Mi propuesta de simplificación se basa en entender cómo las personas percibimos nuestro entorno, pensamos, sentimos y actuamos. El orden no es banal y es justo ése: percibir, pensar, sentir y actuar. Además, todas estas acciones ocurren en un entorno social que lo empaña todo.

Imagina que, en lugar de ser una persona que trabaja en una empresa, la empresa se convierte en una persona. Con eso en mente, es cuando interactúas con la persona a la que quieres vender algo. ¿Qué es lo que harías? Es sencillo: harías lo mismo que ya haces cuando eres tú mismo y quieres algo de otra persona (amor, sexo, dinero, alegría, compañía, admiración, etc). Exactamente lo mismo.

Tu objetivo es enamorar a una persona que te guste, que quieras pasar el tiempo con ella y que sea recíproco.

Vas a buscarla a lugares en los que hay otros que también buscan pareja y que son receptivos. Te vistes de la forma adecuada porque quieres dar una buena impresión. Piensas en qué motivaciones podrá tener para estar allí y en qué temas de conversación será los que más le interesan. Vas. Entras. Miras a tu alrededor y descubres a una persona que te gusta. Afinas el tiro y buscas tácticas de acercamiento. No quieres que se lleve una impresión adecuada. Buscas algo en común. Tiene un Samsung Note 8 en la mano. Te gusta dibujar. Puede que ese sea un buen tema para comenzar. Te acercas con cautela. No quieres asustar y que se ponga a la defensiva. A cada paso, practicas el discurso. Una sonrisa es lo mejor para romper el hielo. Preguntas si utiliza mucho el móvil para dibujar. Esperas reacción. Te dice que lo ha comprado justo por eso. Comenzáis a hablar. Pasáis un rato charlando. Te dice que se tiene que ir. Le ofreces conectar por LinkedIn. O que te diga su teléfono y luego le escribes un Whatsapp. Puede que tengáis a alguien en común en Facebook. Si no, el próximo día podemos vernos en este mismo sitio. Está bien. Podemos cenar aquí. El local tiene buena puntuación. ¿El jueves a las 21:00 h? Llegas a casa con una sonrisa en la cara. Le pones 5 estrellas al local en Tripadvisor y comentas lo feliz que eres en Twitter.

¿Qué es la transformación digital de las empresas? (II) Innovación y tecnología

En el anterior post senté cátedra diciendo que la transformación digital pone el foco en las personas. Supongo que esa tajante afirmación habrá generado alguna pregunta del estilo: «vaya, muy bien, pero…¿Cómo se aterriza eso?

Desde mi punto de vista, hay varias áreas en las que se aterrizan los conceptos de la transformación digital:

1. Innovación y Tecnología: Visual Thinking, Design Thinking, Agile, Scrum, Lean, Canvan, IoT, Herramientas (CMS, Apps, geolocalización…), Cloud computing, CRM, ERP, CEM, pago móvil, Producto digital, etc.

2. Talento y liderazgo: Coaching ejecutivo, Talento Digital, Knowmad, Reputación digital, Equipos de alto rendimiento,

3. Marketing Digital: Customer experience, UX, Inbound marketing, Contenidos, SEO, SEM, Retargeting, Cross-media, Storytelling, Indoor maping, Customer journey…

4. Estrategia y Analytics: Big Data, Customer analytics, Business Intelligence, Machine learning, Model Canvas, BSC y Dashboards, Cyberseguridad, e-commerce…

Hoy toca darle un repaso al primer punto: Innovación y Tecnología.

Me encanta el concepto de conceptualizar (¿es un metaconcepto?). Creo firmemente que ningún proyecto para el diseño de un buen producto se puede llevar a buen puerto sin una etapa de conceptualización en la cual la creatividad y las ideas fluyen, eso sí, siempre orientadas a las personas.

Imagina que tienes que diseñar un producto de éxito. Antes de ponerte a escribir un simple índice, necesitas pensar en la persona que quieres que lo va a utilizar para comprender sus motivaciones,  observar su comportamiento para ponerte en su lugar y que tu empatía conecte al 100 % con ese posible cliente. Una vez que estés en sus zapatos, serás capaz de definir las características que más resaltan de ese hipotético cliente al que quieres enamorar. Llegarás a conocer a esa persona como si fuera tu pareja, de forma de las ideas para crear el producto que le haga feliz comenzarán a llegar a tu mente sin problemas. Sabrás si le gusta la playa o la montaña, si quiere pasar las tardes en el sofá o de fiesta con cientos de personas…podrás entregarle el prototipo de regalo perfecto…y observarás sus gestos mientras lo desenvuelve, lo usa y disfruta (o no) con él.

El proceso que acabo de describir no es otro que el famoso Design Thinking, tan de moda en las startups y en el mundo de la innovación. ¿No te parece que es tan lógico y tan emocional que siempre debería ser así cuando se diseña un producto? Yo también creo que esta forma de encarar el diseño de producto aúna emoción y lógica. ¿Tiene algún «pero»? Te cuento: Podemos quedarnos atrapados en la eterna conceptualización hasta que nuestro producto sea tan maravilloso que el usuario se quede pasmado nada más verlo. En ese caso, ¿Hemos salido a tiempo al mercado o puede ser demasiado tarde?

Además de utilizar la innovación para idear productos maravillosos, debemos hacerlos en el plazo adecuado.

Imagina que tienes que construir la casa de los sueños de un cliente. Te encierras en tu estudio y acabas ideando un palacio. Será maravilloso, pero…¿cuántos recursos necesitas para poder llevarlo a cabo? Es importantísimo no perder el foco e irnos por los cerros de Úbeda. Debemos ser ágiles en proporcionar una solución satisfactoria y por ello se han desarrollado metodologías que permiten trabajar así: manteniendo la capacidad de reacción en el mercado, permitiendo que la creatividad fluya y que los equipos de desarrollo de producto sean más productivos. Si te interesa saber más acerca de esta forma de encarar los productos, tienes que conocer las metodologías Agile, como Scrum o Kanvan…

Seguro que ya te has dado cuenta de que han cambiado la forma de pagar en el McDonalds. Han puesto unos tótems en los cuales haces el pedido y pagas. ¿Has pensado alguna vez cuántas bocas abiertas veían los trabajadores de un restaurante McDonalds mientras la gente miraba el panel con los menús? Creo que debieron ser tantas y tantas, que han justificado la colocación de esos postes para que te puedes quedar pasmado sin problemas eligiendo entre patatas y queso mientras que la cola del mostrador fluye generando ingresos, ingresos, ingresos…

Las opciones que ofrecen los pagos móviles, las apps e Internet de las Cosas (IoT) permiten que el usuario pueda interactuar con la marca en cada vez más lugares. Las compras no han quedado reducidas a una tienda física y a seguir una cola delante del TPV. Seguro que has oído de tiendas en las que no tienes que pasar por caja y aquellas en las que estás en todo momento geolocalizado. ¿Es el límite la imaginación? Algunos avances ya superan mi imaginación, eso está claro.

Y, mientras, en las empresas, cada vez las herramientas se vuelven más inteligentes y permiten aumentar el conocimiento del usuario y la productividad del empleado. Me quedo con una frase de la película Sabrina, en la que Julia Ormond (Sabrina) habla con Harrison Ford (Linus). Él le está diciendo que tiene un helicóptero para no emplear tanto tiempo en el trabajo. Ella, cándidamente, le pregunta: «¿Y qué haces con el tiempo que ganas?». Obviamente, la cara de Harrison Ford es la misma que acabas de poner. Seguramente tú, igual que Harry y que yo, empleamos el tiempo que nos ahorran las herramientas tecnológicas que nos permiten ser más productivos en trabajar más.

La transformación digital es poner el foco en las personas. El cliente y el empleado son los protagonistas. Seremos capaces de obtener más dinero de los clientes y productividad de los empleados. Pero…recuerda que tú siempre eres un empleado de alguien y un cliente de otros. ¿Eres consciente de que eres el objetivo? ¿Cómo te hace sentir? Cuando quieras, hablamos de ello.

 

 

 

 

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  • 10 septiembre, 2017

Tú, como persona, eres más que tu rol profesional

Esperamos de un bombero que sea una persona bondadosa, generosa y orientada a la ayuda. De un guardia civil que sea honesto, obediente, dispuesto a luchar contra el mal a cada minuto de su vida y con un fuerte sentido del deber y de la patria. Creemos que una enfermera es protectora, cariñosa, amable, con una fuerte vocación y dispuesta a ayudar al prójimo.

Sin embargo, mi colega Juan, bombero de toda la vida, es un tío normal y corriente, que paga sus rondas los sábados por la noche, pero no especialmente generoso. Manuel es un tío serio y obediente, puede que el mejor guardia civil que haya conocido, y también ve cómo se cometen infracciones delante de sus narices cuando está de paisano y hace lo mismo que todos los demás: nada. Berta es una gran profesional y cura como nadie, muy amiga de sus amigos y con una gran vocación, pero pocas personas resaltaremos como sus puntos fuertes el que sea muy cariñosa y amable.

Son unos pocos ejemplos de cómo encasillamos a las personas por sus roles profesionales casi todos los días y cómo, ese hecho, hace que no nos paremos a pensar en la persona más allá del profesional. Ni siquiera nos importa eso cuando un bombero acude a un accidente a sacar a alguien atrapado en su vehículo (estamos seguros de que es una buena, buena buenísima persona); cuando el guardia civil nos para en nuestro viaje por un control de seguridad («Menudo capullo, ¡es que no tiene otra cosa que hacer!») o cuando miramos con ojos de cordero degollado a la enfermera después de habernos roto un dedo.

Conclusión: vemos lo que queremos ver y confundimos el rol con la persona. Además, por si fuese poco, el rol también está influido por el género.

¿Habrías confiado igual que en Juan, el bombero, si hubiese sido una Sonia la que hubiese acudido al accidente?¿Habrías soltado los mismos improperios (en tu mente) si Ana es la que te para en un control de alcoholemia? ¿Verías a Antonio (con 100 kg y 1,95 m) como alguien cariñoso y amable si es el que te tiene que poner el enema?

En nuestra vida profesional vemos a los demás de forma distorsionada por su rol profesional y, además, ellos nos ven así a nosotros. Este hecho complica las cosas especialmente cuando los roles implican comportamientos muy diferentes a los que realiza la persona fuera de su trabajo. Como cuando un artista, al que se le presupone una persona agradable, simpática, accesible, sensible y llena de amor por sus fans es capaz de dar una mala contestación (incluso un guantazo) a un fan que invade su vida personal. O cuando un jefe, al que cada día se le ve preocupado por las tareas, los presupuestos, la imagen de la empresa y los horarios, te lo encuentras en el bar de la plaza de su pueblo con su familia y amigos, en chancletas y camiseta de los Guns, partiendo el filete a sus hijos pequeños y riéndose a mandíbula batiente.

Ni tú, ni yo, ni nadie, somos realmente tal y como se puede inferir del rol que adoptamos en nuestro trabajo. Lo inteligente sería no dejarnos cegar por ello, ¿verdad?

 

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