Hace más o menos un año me quedé de palo al escuchar a una Directora de RRHH sentenciar, sin ningún tipo de rubor,  que “la asertividad es mala”.

En su día no le dije nada. Mal hecho por mi parte. Ayer volví a oír esa misma frase de nuevo. Con las mismas cuatro palabras. Y tampoco dije nada. Me fallé a mí misma y a mi asertividad. Adoro mi asertividad y también la de los demás. No es que crea que no es mala. Es que creo que es absolutamente maravillosa. Y estas líneas van sobre eso. Sobre cómo la asertividad es increíble porque permite que exista la confianza, esa señal inequívoca de que el vínculo entre dos personas es fuerte, íntimo y capaz de conseguir maravillas.

Sí, así como suena te lo digo: no hay confianza sin asertividad.

¿Tú piensas que hay algo malo en tener una habilidad social que consiste en conocer y defender los propios derechos respetando a los demás? Yo, no.

Piensa un poco. ¿Con que personas te comportas de forma asertiva? Por ejemplo, será tu pareja, como cuando hacéis juntos la compra y decidís si hay lentejas o hamburguesa para comer. También muestras asertividad a tu madre cuando le pides el coche y le dices que se lo devolverás la semana que viene, y con tu hermano cuando le decías que te cubriese las espaldas por llegar tarde (otra vez). También solemos ser asertivos con nuestros mejores amigos cuando decimos abiertamente que no nos ha gustado nada de nada el japonés al que fuimos en el cumple de Marta y que, para la próxima, a ver si probamos con un tailandés, a ver si hay más suerte. Nos comportamos de forma asertiva con las personas a las que queremos, con las que la confianza es máxima y que sabemos que podemos mostrarnos tal y como somos, sin tapujos.

Eso mismo pasa en los buenos equipos en los que la confianza campa a sus anchas. Por supuesto, campa a sus anchas de la mano de la asertividad. Nos sentimos libres de compartir lo que pensamos y de disentir abiertamente con otros para defender nuestras ideas, que tan sólo buscan el bien de la compañía. Y somos capaces de escuchar a nuestros compañeros, de los que sabemos que nos respetan profundamente y, por ello, son capaces de decirnos las cosas tal y como son.

La confianza es la base de un buen equipo. Sin ella no hay nada más, ni compromiso, ni responsabilidad, ni resultados. Lo explica fenomenal Patrick Lencioni en su libro “Las 5 disfunciones de un equipo”. Si te interesa la gestión de equipos en el ámbito empresarial, no deberías perdértelo. 🙂

Te reconozco que alguna vez me dejé acobardar y me sometí al criterio de aquellos que decían que la asertividad es mala. Fue un gran error que me costó mucho en términos de bienestar. Es muy cansado y tóxico estar rodeado de personas que sacrifican resultados, responsabilidad y compromiso por un falso consenso en el que todo es “very polite”.

Eso no va conmigo. Soy 100 % asertividad. Y como siempre buscamos aquellas lecturas que apoyan nuestra forma de pensar, pues también te voy a recomendar la lectura de “Principles” de Ray Dalio, el fundador de Bridgewater. Este empresario que ha levantado un imperio tiene Principios muy parecidos a los míos, que se pueden resumir como “radical truth y radical transparency”. Considero que la asertividad es el comportamiento derivado de la sinceridad radical y la transparencia absoluta. Lo que ves, es lo que hay. Te lo diré abiertamente. Siempre. Y también siempre tendré te respetaré y te tendré en cuenta. Porque soy asertiva.