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Vender, vender, vender y volver a vender

El fútbol es ganar, ganar, ganar, ganar y volver a ganar. Eso dijo Luis Aragonés.

La empresa es vender, vender, vender y volver a vender.

No sé si alguien lo dijo antes de esta forma, pero no es nada nuevo bajo el sol.

Vender pone los pelos de punta a muchas personas. Sin embargo, comprar los hace enormemente felices. ¿Tiene sentido eso? ¿Es habitual preferir pagar que cobrar?¿Es esa una de las grandes diferencias entre los emprendedores y empresarios y las personas que prefieren trabajar por cuenta ajena?

En los últimos días muchas personas me han llamado «valiente» por montar empresas. También me han preguntado mi opinión sobre qué es lo que hace falta para montar un negocio. He estado pensando en ello y la única respuesta que se me ocurre que lo resume todo es: APRENDE A VENDER.

Vendemos todo el tiempo. Todos. Los emprendedores vendemos de forma intencionada y consciente. Todo el rato. A todas horas. Vendemos a nuestros clientes. A nuestros inversores. A nuestros colaboradores. A nuestros proveedores. Vendemos a todo el que se nos pone por delante porque hay que vender, vender y vender. Es cierto que no todo el mundo compra. Unos sí y unos no. Pero eso no tiene nada que ver con que estemos todo el día vendiendo.

De verdad, si quieres montar una empresa, no hay muchos trucos: aprende a vender. Si no sabes por dónde empezar, comienza por observar a otros que ya llevan la venta en la sangre. Estudia cómo y de qué hablan. Cómo se mueven. Con quién se juntan.

Si quieres aprender a vender más rápido, te sugiero algunas lecturas muy chulas, como «El vendedor desafiante», de M. Dixon, «Rompe la barrera del No» de C. Voss y «Blueprints for a SaaS sales Organization» de J. Van Der Kooij.

Lo difícil que es darte cuenta de lo que no sabes

Me registré en un evento de speed-mentoring que se va a celebrar en unos días. Son 10 minutos cara a cara con una persona que sabe mucho más que yo del tema que yo quiero saber. 10 minutos pueden ser eternos o pueden pasar en un suspiro. Todo depende de la situación.

Le doy vueltas a la cabeza sobre qué preguntar a esa persona que ya ha llegado exactamente a donde yo quiero llegar en el plano profesional. ¿Cómo puedo hacer para que su conocimiento pase a mi cerebro lo más rápido posible? Supongo que haciendo las preguntas adecuadas…¿cuántas? En 10 minutos…pocas. Más bien se me ocurre que el objetivo sería hacer LA PREGUNTA adecuada.

Sigo dándole vueltas a cuál sería. La que se me ocurre es: ¿Qué debería saber que no sé? Esa preguntaría conllevaría que esa persona supiera lo que sé, lo que no pasa, pues no me conoce de nada. Una versión más larga de lo mismo: ¿Qué sabes ahora que fue importante para tu éxito y que piensas que yo no sé? Me arriesgo a que me diga algo que sí sé y que no me arroje luz sobre las sombras que desconozco, pero como sé que hay más cosas que desconozco de las que sé, pues la probabilidad juega a favor de que me entere de algo nuevo.

Saber lo que no sabes. ¿Cómo te das cuenta? ¿A tortazos?¿Alguien te lo cuenta?¿Por iluminación divina? Creo que he conocido todos esos métodos para darme cuenta de lo que no sabía, pero aún sigo sin saber lo que no sé. Es un bucle infinito.

Me imagino el conocimiento como una jarra infinita y mi cerebro como un vaso pequeñito. Va cayendo un chorro de la jarra al vaso. A veces va más rápido y otras más lento, pero la jarra sigue siendo infinita y mi vaso sigue siendo diminuto. ¿Puedo hacerlo más grande? Lo intento cada día, pero lo único que consigo es ser más consciente de la infinitud de la jarra.

¿Se te ocurre otro enfoque para este tema del que ahora no me doy cuenta? Me encantaría saber tu opinión. 🙂