¿TE HAN DADO POR PERDIDO? Qué tienes que hacer.

¿Te has dado por perdido o perdida? 

¿Te has resignado porque no tienes ni idea de por dónde seguir?

Es más habitual de lo que parece tener esas ideas. No te preocupes, en este vídeo te voy a contar:

  • Que más personas han tirado la toalla por ellas mismas o, peor aún, porque los adultos de su alrededor los dieron por perdidos desde muy temprano.
  • Argumentos de peso para que elimines esa idea de la cabeza.
  • Cómo abrir los ojos hoy mismo.

¿Te interesa saber cómo eliminar la sensación de estar perdido o perdida?¿Quieres saber qué no debes decir a tus hijos o a otras personas jóvenes de tu alrededor?

Me llamo María Gutiérrez. Soy Ingeniera y Psicóloga y mi pasión es ayudar a las personas a despertar el talento que tienen oculto para que puedan conseguir la carrera profesional que quieren y se merecen, sin tener en cuenta la edad, el género o la procedencia.

Yo misma he tenido que recorrer el camino que va desde el “no sé qué sé hacer” hasta el estar completamente segura de a qué quiero dedicar mi vida y ser feliz con ello. He tenido que hacer ese camino sola, por lo que sé lo difícil que es hacerlo de esa forma. 

Pero, ¿sabes qué? Es mucho más sencillo hacer ese descubrimiento en compañía, con alguien que te vaya proporcionando las claves para avanzar.

Es posible que, como yo, no hayas tenido cerca a esa persona que te ayude a ver tus talentos. También es posible que incluso nunca hayas pensado en ello. O puede que, si has pensado en ello, no tengas dinero para contratar a un psicólogo o a un coach para que te ayude profesionalmente. O incluso puede que tu situación sea totalmente diferente pero, en el fondo, sepas que necesitas algo más.

Te entiendo. Es algo complejo. Pero te voy a dar una buena noticia: realmente parece más difícil de lo que es. Con el acompañamiento adecuado y con ganas por tu parte, los avances son muy, muy rápidos.

¿No te parece una gran noticia?

Sigue escuchándome y me dices qué te parece. 🙂

Voy a contarte tres historias reales de personas que conozco desde hace mucho tiempo.

Lucía, de veintiún años, sabía que era superdotada desde los 10. Ella no tenía gran interés por lo que aprendía en el instituto, pero estudiaba porque “era lo que los demás esperaban de ella”. Su desinterés en las asignaturas hacía que sus notas fueran poco estables, con sobresalientes en algunas materias y con suspensos en otras. Algunos profesores la adoraban, mientras que otros la odiaban a muerte.

Ella se sentía fuera de lugar y presionada por sus padres para que mejorase las notas en las asignaturas en las que peor iba. Nunca se fijaron en las asignaturas en las que destacaba, pues eso “se daba por hecho”. Cuando suspendió mucho el primer año en la universidad, quiso dejar los estudios. Sus padres le animaron a elegir otra carrera más sencilla. Ella aceptó. Se había dado por perdida. Sus padres, también. 

Al terminar la carrera consiguió un trabajo”normal y corriente” en el que fue avanzando según los deseos de otras personas. Ella se abandonó a “lo que estaba bien” y a lo que le habían dicho que tenía que hacer. Dejó de plantearse cambios y se esforzó por encajar al máximo y destacar lo menos posible para evitar conflictos.

Roberto siempre había sido un chico muy estudioso y aplicado. Tenía unas calificaciones espectaculares en el colegio, especialmente en matemáticas. Sus padres le habían dicho que podría estudiar una ingeniería, pues era una profesión muy valorada y bien pagada. 

Él se dejó llevar durante todo el colegio, el instituto y la universidad. Obtuvo el título de ingeniería con la mejor nota de su universidad. Le dieron un diploma por ello. Roberto era un chico simpático, pero siempre tenía la sensación de estar esperando algo. Viajó por todo el mundo para verlo con sus propios ojos y también mejorar su CV como profesional. Vivió en 5 países antes de casarse y formar una preciosa familia. 

Lleva más de 15 años trabajando 14 horas al día al frente de un gran equipo de ingenieros en una gran multinacional. Está como expatriado a 5.000 km de su casa con todos los lujos pagados por su empresa. Es todo un ejemplo de éxito profesional. Sin embargo, se da cuenta de que todo su talento no está siendo aprovechado al 100%. Aunque los demás le valoran muchísimo, él se ha dado por perdido.

Jorge era un niño inquieto. Le gustaba la bici, los patinetes y salir con los amigos. El colegio no se le daba demasiado bien. Era el segundo de cuatro hermanos. El mayor sacaba buenas notas y se “portaba bien”. 

Desde que Jorge tenía uso de razón, siempre le habían comparado con su hermano mayor. Frases como “para ya tranquilo”, “deja de moverte tanto”, “¿es que no eres capaz de estar sentado un rato?”, “ponte ya a estudiar”, “no te enteras de nada” se repetían minuto a minuto, día a día. Incluso más duras. Eran los 80, seguro que me entiendes.

Un día, mientras volvíamos en bici de bañarnos en el río, Jorge me dijo: “no quiero volver a la escuela. Soy un burro. Siempre me han dicho que lo era. ¿Qué hacemos los burros en el colegio? No quiero volver?”. Teníamos 13 años. Él siguió a trompicones hasta los 16 años y luego dejó de ir al colegio y empezó a trabajar de camarero en bares y también como disc-jokey en algunos pubs.

Siguió siempre de bar en bar, de pub en pub y compaginando con trabajos del área comercial. Sigue sin creer que sirva para nada.

Puede que conozcas a personas de tu alrededor que encajan en algunas de estas historias. O puede que te veas en algún reflejo. Estas tres historias tienen en común, como muchísimas más, que sus protagonistas fueron dados por perdidos, ya sea por ellos mismos o por las personas que tenían alrededor.

Aunque se suele decir que “mal de muchos, consuelo de tontos”, el objetivo de contarte estas historias es hacerte ver que no estás en soledad. Que otras personas están o han estado como tú.

También ha sido mi caso. Hasta bien entrados los 30 años me sentí muy perdida. Creé muchos proyectos y los puse en marcha, con desigual éxito. Algunos me fueron realmente mal y perdí mucho dinero. Con tres niños pequeños en casa, hubo épocas en las que la situación fue difícil. Mi problema principal era que no encontraba la forma de encontrar qué me faltaba. No sabía qué era lo que me estaba perdiendo.

¿Te ocurre a tí también?¿Sientes que te estás perdiendo algo y no sabes qué es? ¿O sí lo sabes, pero no sabes cómo conseguirlo?¿O te da miedo?

Te entiendo.

Pero, te cuento: dejar de darte por perdido y encontrar tu camino es la mejor forma de que te sientas bien y te quites ese peso de encima.

Puede que sientas miedo de descubrirlo, de que te den ganas  de “dejar todo atrás” y montar un chiringuito en la playa.

Una buena noticia: eso no va a pasar si no quieres. Porque eres una persona inteligente y no vas a desaprovechar todo el camino que has avanzado hasta ahora, te haya gustado más o no.

Yo me di cuenta de que no me gustaba la ingeniería. Al menos, tal y como yo la conocía. Llevaba casi 10 años trabajando como ingeniera y me aburría mucho. Aunque no te niego que se me pasó por la cabeza dejarlo todo y empezar desde cero, siempre supe que tenía que aprovechar esa experiencia para empezar mi nuevo camino. Tenía que seleccionar qué era lo que había aprendido en esos 10 años y que me serviría para la nueva etapa que quería comenzar. 

¿Cómo empezar el nuevo camino hoy mismo sin abandonar todo lo que has avanzado hasta ahora? Te cuento cuál es la mejor forma de hacerlo: eligiendo cuáles han sido las mejores herramientas que has desarrollado hasta ahora, independientemente de cómo lo has hecho.

Para ello, te planteo un pequeño ejercicio que puedes hacer ahora mismo. Tan sólo te llevará unos minutos:

  • Recuerda alguna situación de tu vida en la que sentiste realmente satisfacción por algo que habías hecho. No importa si es algo personal o profesional. Lo importante es que recuerdes la emoción que te embargó cuando supiste que algo había salido realmente bien por algo que tú habías hecho. Recuerda al máximo los detalles, lo que habías hecho, qué te dijeron otras personas. 🙂
  • Con esa emoción en tu cabeza, analiza el por qué te resultó bien aquel momento. No pienses “fue suerte”. Realmente piensa qué hiciste bien. No temas no ser humilde. 
  • Ahora esfuérzate por recordar otros momentos similares.
  • Por último, anota en un papel, o graba en tu móvil (vídeo o audio) cómo te sientes y qué fortalezas tienes que hicieron que esos momentos tuvieran grandes resultados.

Bien, en este vídeo hemos hecho tres cosas:

  • Te he mostrado las historias de otras personas, y también la mía, para que sepas que no estás en soledad, y que muchas personas hemos pasado por esa situación de “estar perdidas”. 
  • Te argumentado que, aunque pienses que no puedes hacer nada por temor a perder lo que ya has logrado, eso no tiene por qué pasar. Además, realmente no estás en soledad, pues estoy aquí para acompañarte, independientemente de los recursos que tengas.
  • Por último, te he mostrado un ejercicio para empezar a recuperar tu autoestima y enfocarte en las cosas que sabes hacer bien, aunque no seas consciente de ello.

Me encantará seguir acompañándote en los siguientes vídeos. Si te ha resultado interesante y crees que puede resultar útil a otra persona que conoces, no dudes en compartirle este vídeo. No olvides darle a LIKE.

Ah, y suscríbete. 🙂

Nos vemos cuando quieras.

Disfruta del día, 

María

María Gutiérrez

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