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No hay confianza sin asertividad

Hace más o menos un año me quedé de palo al escuchar a una Directora de RRHH sentenciar, sin ningún tipo de rubor,  que «la asertividad es mala».

En su día no le dije nada. Mal hecho por mi parte. Ayer volví a oír esa misma frase de nuevo. Con las mismas cuatro palabras. Y tampoco dije nada. Me fallé a mí misma y a mi asertividad. Adoro mi asertividad y también la de los demás. No es que crea que no es mala. Es que creo que es absolutamente maravillosa. Y estas líneas van sobre eso. Sobre cómo la asertividad es increíble porque permite que exista la confianza, esa señal inequívoca de que el vínculo entre dos personas es fuerte, íntimo y capaz de conseguir maravillas.

Sí, así como suena te lo digo: no hay confianza sin asertividad.

¿Tú piensas que hay algo malo en tener una habilidad social que consiste en conocer y defender los propios derechos respetando a los demás? Yo, no.

Piensa un poco. ¿Con que personas te comportas de forma asertiva? Por ejemplo, será tu pareja, como cuando hacéis juntos la compra y decidís si hay lentejas o hamburguesa para comer. También muestras asertividad a tu madre cuando le pides el coche y le dices que se lo devolverás la semana que viene, y con tu hermano cuando le decías que te cubriese las espaldas por llegar tarde (otra vez). También solemos ser asertivos con nuestros mejores amigos cuando decimos abiertamente que no nos ha gustado nada de nada el japonés al que fuimos en el cumple de Marta y que, para la próxima, a ver si probamos con un tailandés, a ver si hay más suerte. Nos comportamos de forma asertiva con las personas a las que queremos, con las que la confianza es máxima y que sabemos que podemos mostrarnos tal y como somos, sin tapujos.

Eso mismo pasa en los buenos equipos en los que la confianza campa a sus anchas. Por supuesto, campa a sus anchas de la mano de la asertividad. Nos sentimos libres de compartir lo que pensamos y de disentir abiertamente con otros para defender nuestras ideas, que tan sólo buscan el bien de la compañía. Y somos capaces de escuchar a nuestros compañeros, de los que sabemos que nos respetan profundamente y, por ello, son capaces de decirnos las cosas tal y como son.

La confianza es la base de un buen equipo. Sin ella no hay nada más, ni compromiso, ni responsabilidad, ni resultados. Lo explica fenomenal Patrick Lencioni en su libro «Las 5 disfunciones de un equipo». Si te interesa la gestión de equipos en el ámbito empresarial, no deberías perdértelo. 🙂

Te reconozco que alguna vez me dejé acobardar y me sometí al criterio de aquellos que decían que la asertividad es mala. Fue un gran error que me costó mucho en términos de bienestar. Es muy cansado y tóxico estar rodeado de personas que sacrifican resultados, responsabilidad y compromiso por un falso consenso en el que todo es «very polite».

Eso no va conmigo. Soy 100 % asertividad. Y como siempre buscamos aquellas lecturas que apoyan nuestra forma de pensar, pues también te voy a recomendar la lectura de «Principles» de Ray Dalio, el fundador de Bridgewater. Este empresario que ha levantado un imperio tiene Principios muy parecidos a los míos, que se pueden resumir como «radical truth y radical transparency». Considero que la asertividad es el comportamiento derivado de la sinceridad radical y la transparencia absoluta. Lo que ves, es lo que hay. Te lo diré abiertamente. Siempre. Y también siempre tendré te respetaré y te tendré en cuenta. Porque soy asertiva.

 

No confundas la pasión y perseverancia con tozudez

De Michael Jordan nadie duda que es un tío que pone toda su pasión en lo que hace y que no se rinde ni a la de tres. Seguro que sabes de aquel partido en el que jugó incluso con 40 grados de fiebre. Yo no soy nada de ver partidos de NBA y me conozco la anécdota al dedillo. Era (es) un tío pasional a tope y, sobre todo, perseverante. Sabía que era el mejor y, pese a ello o incluso por ello, no paraba de hacer todo lo humanamente posible para mejorar y ser aún mejor y mejor.

¿Es Jordan una persona tozuda? Estoy segurísima de que sí. Absolutamente. Terco como una mula, como se suele decir. Aunque preferiría decir «determinado», es decir, una persona con una meta clara en su mente y que trabaja minuto a minuto para llegar a ella.

No se lleva muy bien el ser una persona terca, obstinada o determinada. Sin embargo, todos celebramos cuando alguien triunfa «casi sin esfuerzo». ¿Realmente existe eso?¿Se puede conseguir el éxito como si nada?¿Es el éxito fácil de llegar y el que se esfuerza es que es un panoli?¿O es el éxito una idea relacionada con una meta difícil a la que se llega con pasión y con perseverancia?

Seguro que, si has llegado a leer hasta aquí, tienes clara cuál es mi postura: Un rotundo SÍ a la última pregunta. Un SÍ a que el éxito es una idea relacionada con una meta difícil, a veces imposible, a la que se llega con pasión y con perseverancia.

Y hace unas semanas me enteré que esa tozudez pasional o esa pasión perseverante se llama GRIT. Te dejo la charla TED de Ángela Lee Duckworth en el que habla sobre este tema, aunque yo preferí leerme el libro de cabo a rabo. (Gracias Luis por recomendármelo). Me gustaría no contarte mucho del libro para que te lo leas a gusto, pero sí lo suficiente para que te pique el gusanillo y te lo leas, que seguro que te va a interesar.

El fondo del asunto es que la pasión y la perseverancia con la que se afronta una actividad es más garantía de éxito que el talento que se tiene para llevarla a cabo. Vamos, el «más hace el que quiere que el que puede» de toda la vida. La novedad para mí fue la rotundidad de los fundamentos psicológicos con los que apuntala este ¿nuevo? constructo psicológico. ¿Realmente es la primera vez que alguien habla sobre ello?¿O es la primera vez que se le pone una palabra concreta a algo que se suele describir con más de una?¿O es que alguien necesitaba darle rigurosidad a una idea que estaba en el aire?

Sea como fuera es que este libro me gustó y, sobre todo, me pareció muy útil para cientos y cientos de cuestiones de mi vida: como explicar el por qué de muchos de mis éxitos y mis fracasos, como entender más sobre cómo educar a mis hijos o tratar a mis amigos, como conocerme más y estar más segura de mí misma.

Merece la pena tener grit. Merece la pena desarrollar el grit de cada uno, tanto si ya tienes mucho como si tienes poco. He llegado a la conclusión de que, de grit, nunca se anda sobrado. Puedes tener tanta pasión y perseverancia como quieras. De hecho, deberías querer tener un montón. Por eso no las confundas con la tozudez, que suele estar llena de orgullo y cerrazón mental. La tozudez tiene el vicio de llevarte por mal camino, sobre todo aquel que te aleja de otros y de las buenas ideas. Sin embargo, la pasión y la perseverancia llevan implícitas las ganas de mejorar, escuchar, aprender, superarte, ver más allá, crecer y acompañarte de otros.

De nuevo te recomiendo que no confundas la pasión y la perseverancia con la tozudez. A veces, desde fuera, parecen lo mismo. Pero el camino al que llevan es diferente y, desde luego, la vivencia no tiene nada que ver.

 

Somos Tecnohumanos

Tecnohumanos

Le he cambiado la descripción al blog. Hace unos meses se llamaba «Secretos de la Transformación Digital» y ahora le he puesto «Cómo me convertí en tecnohumana». Creo que esta descripción pega más con el contenido que publico.

No me convertí en tecnohumana de un día para otro. Ha sido un proceso largo el que me ha llevado hasta aquí. Unas cuantas décadas, de hecho. Pero, ahora mismo, creo que era el tiempo que necesitaba para recorrer el camino y llegar hasta ahora mismo.

Ser ingeniera y psicóloga estoy segura de que ha ayudado, aunque no es necesario pasar por 11 años de estudio para ser un tecnohumano. De hecho, es muchísimo más sencillo y consiste, desde mi punto de vista, en querer utilizar la tecnología para desarrollar la mejor versión de ti mismo.

La tecnología al servicio de las personas.

No hace falta alta tecnología y ponerse a desarrollar en Python como si no hubiese mañana. No lo veo así. La tecnología está tan a nuestro alcance que podemos utilizar incluso un Worpress para el blog en el que volcamos nuestra parte humana, como sigo empecé a hacer hace un par de años en esta web que estás leyendo.

Tampoco es que haga falta un blog, que ahora incluso algunos ya dicen que están pasando de moda. Las redes sociales son mini-blogs de actualización diaria en donde ponemos nuestros pensamientos y sentimientos. ¿Se puede poner más humanidad en una red social? Creo que no, pues ahí tenemos a nuestra familia que vive lejos, a nuestros amigos de siempre, nuestro hogar, nuestros recuerdos…la pura esencia del ser humano.

Y ahí es un suma y sigue. Ni me imagino en qué herramientas podemos estar volcando nuestra humanidad dentro de 10 o 20 años. Lo que sí tengo claro ahora mismo es que voy a empezar a poner mi granito de arena y a construir un lugar tecnológico en el cual podamos ser más libres, tener más oportunidades y demostrar lo que valemos.

Este lugar está ahora mismo en construcción: parte en mi mente y en la de otros que se están sumando al proyecto, y otra parte ya es una realidad (tímida aún) en Internet. En las próximas semanas cada vez habrá más trocito del proyecto ejecutado y será cuando pueda presentártelo para que me digas qué es lo que te parece.

No te imaginas las ganas que tengo de que este sueño se haga realidad. Porque creo que todos queremos mejorar en nuestra vida profesional, disfrutar de nuestro trabajo, encontrar el lugar en el que podemos ser felices siendo productivos y, al final, poder disfrutar plenamente de nuestra vida.

Este lugar donde nos veremos en unas semanas es un lugar en el que te espero con los brazos abiertos, en el que quiero que seas tú mism@ para demostrar tus fortalezas y todo lo que sabes hacer, que es mucho más de lo que te crees.

Disfrutaremos juntos allí, porque somos Tecnohumanos.

¿Qué es la transformación digital de las empresas? (III): Marketing phygital

Te prometo que fue hace poco tiempo cuando oí la palabra «phygital». Tuve que pedir explicaciones sobre ella. Al oírla la primera vez, no me vino nada familiar a la mente.

Es verdad que el marketing se va complicando más y más. Por ejemplo, ¿el marketing digital es aquel que sólo nos impacta cuando estamos frente a la pantalla de un smartphone? Entonces, ¿cómo se llama entonces un folleto? Claro, marketing offline. ¿Y cuando escaneamos un QR de un folleto? Ahí ya nos entran las dudas entre la diferencia entre lo físico (el papel) y lo digital (la url a la que apunta el QR. Bien, justo eso es el marketing phygital. El marketing físico y el digital, el ON y el OFF de hace tiempo.

La realidad es compleja y, los gurús del marketing, no dejan de inventarse conceptos y palabras cada vez más sofisticadas para poder adaptarse a esa realidad que no para de crecer, retorcerse e involucionar. Se me vienen a la mente Customer experience, UX, Inbound marketing, SEO, SEM, Retargeting, Cross-media, Storytelling, Indoor maping, Customer journey…

¿Hay alguna forma de simplificar y no añadir más leña al fuego? Voy a intentarlo. Me gustaría saber tu opinión sobre el resultado.

Mi propuesta de simplificación se basa en entender cómo las personas percibimos nuestro entorno, pensamos, sentimos y actuamos. El orden no es banal y es justo ése: percibir, pensar, sentir y actuar. Además, todas estas acciones ocurren en un entorno social que lo empaña todo.

Imagina que, en lugar de ser una persona que trabaja en una empresa, la empresa se convierte en una persona. Con eso en mente, es cuando interactúas con la persona a la que quieres vender algo. ¿Qué es lo que harías? Es sencillo: harías lo mismo que ya haces cuando eres tú mismo y quieres algo de otra persona (amor, sexo, dinero, alegría, compañía, admiración, etc). Exactamente lo mismo.

Tu objetivo es enamorar a una persona que te guste, que quieras pasar el tiempo con ella y que sea recíproco.

Vas a buscarla a lugares en los que hay otros que también buscan pareja y que son receptivos. Te vistes de la forma adecuada porque quieres dar una buena impresión. Piensas en qué motivaciones podrá tener para estar allí y en qué temas de conversación será los que más le interesan. Vas. Entras. Miras a tu alrededor y descubres a una persona que te gusta. Afinas el tiro y buscas tácticas de acercamiento. No quieres que se lleve una impresión adecuada. Buscas algo en común. Tiene un Samsung Note 8 en la mano. Te gusta dibujar. Puede que ese sea un buen tema para comenzar. Te acercas con cautela. No quieres asustar y que se ponga a la defensiva. A cada paso, practicas el discurso. Una sonrisa es lo mejor para romper el hielo. Preguntas si utiliza mucho el móvil para dibujar. Esperas reacción. Te dice que lo ha comprado justo por eso. Comenzáis a hablar. Pasáis un rato charlando. Te dice que se tiene que ir. Le ofreces conectar por LinkedIn. O que te diga su teléfono y luego le escribes un Whatsapp. Puede que tengáis a alguien en común en Facebook. Si no, el próximo día podemos vernos en este mismo sitio. Está bien. Podemos cenar aquí. El local tiene buena puntuación. ¿El jueves a las 21:00 h? Llegas a casa con una sonrisa en la cara. Le pones 5 estrellas al local en Tripadvisor y comentas lo feliz que eres en Twitter.

¿Qué es la transformación digital de las empresas? (I) Poner el foco en las personas

Todo el día colgada del móvil (como tú) y frente al PC (como tú). ¿Ya somos digitales? Puede que sí, pese a haber nacido antes de los 80, pienso que soy (como tú) tan digital como cualquiera.

Todos somos cada vez más digitales, y a unos les cuesta más que a otros. Pero parece que otro gallo canta cuando hablamos de empresas, esos entes en los que dejamos nuestros esfuerzos diarios. ¿Las empresas son digitales? Si fuera así, ya habríamos pasado la época en la que causa furor la transformación digital de la empresa. La realidad es que aún seguimos en ella e incluso algunos piensan que acabamos de entrar en ella.

Voy a ir analizando un poquito qué es eso de la transformación digital, a ver si logro aportar un poco de luz a este concepto complejo, multidimensional del que todos hablan tanto últimamente.

Comienzo por la primera palabra: TRANSFORMACIÓN. Cambio. Algo modifica sus características y se convierte en otra cosa. Los humanos somos paradójicos respecto a los cambios, pues individualmente somos curiosos de forma innata pero, a la vez, nos gusta tener cierta estabilidad a nuestro alrededor. Podría decirse que nos gustan las «transformaciones estables», o también podríamos decir que somos más bien de cambios «fácilmente asumibles».

Como personas podemos abrazar rápidamente los cambios o las transformaciones. Seguro que tú también puedes hablar de la transformación que efectuaste cuando te casaste, o cuando te mudaste de casa, o cuando nacieron tus hijos, o cuando cambiaron de trabajo. Pero, ¿somos tan flexibles cuando estamos dentro de un grupo?¿Nuestra familia ha cambiado mucho o sigues celebrando la Navidad de la misma forma?¿Sigues contando las mismas anécdotas con los amigos del instituto más de 20 años después?

Las empresas son grupos de personas con un objetivo en común. Es fácil de verlas desde ese punto de vista imaginando que, durante el próximo mes, nadie va a trabajar. ¿Aún así existiría la empresa? Imposible. La actividad empresarial es la suma de voluntades personales, cada una con diferentes motivaciones, pero todas con una meta común que consiste en la persistencia del grupo y de la actividad conjunta.

Entonces, mirando la empresa como un grupo de personas, ¿cómo aceptan la transformación?¿Suelen ser las empresas ambientes en los que florezca y se abrace el cambio?O, más bien, los esfuerzos se centran en mantener las cosas como están.

Sigo ahora por la segunda palabra: DIGITAL. Relacionado con números, con teclas, con tecnología. Lo contrario de analógico. Casi opuesto al papel y a la tiza. Lo digital está en todos lados, nos invade, nos ha calado hasta los huesos en unas pocas décadas. Omnipresente.

¿Por qué estamos en la época de la transformación digital de las empresas?

Porque la transformación digital es más que comprar PC para todos de última generación, o poner una web molona y contratar a un community manager, o que todos tengamos un smartphone.

La transformación digital es, aunque no lo parezca, poner el foco en las personas.

¿Otra paradoja? Realmente no me lo parece. Te invito ahora a echarle un ojo al comportamiento de la generación Millennials. ¿Cómo suelen ser vistos por las generaciones de más edad? Te lo resumo en un pis-pas: egocéntricos, individualistas, volubles, incapaces de comprometerse…¿A qué achacamos ese comportamiento? A que son nativos digitales.

Bien, mi visión es que los millennials, al igual que otros muchos de otras edades que tienen comportamientos parecidos, se centran en las personas y en compartir. Por eso, dejan a un lado el «tener» (coche, casa, títulos) para centrarse en el «hacer» (contigo, conmigo, con la familia, con los amigos). En la comida en una oficina con unos cuantos treintañeros, la conversación gira en torno a lo que han hecho y con quién han estado haciéndolo, no sobre qué han comprado y qué harán con ello. Es irrelevante para ellos. Son 100 % digitales y todas sus conversaciones giran en torno a personas.

Lo repito de nuevo: lo digital pone el foco en las personas. Por ello, una trasformación digital debe cambiar la mentalidad de la empresa hacia las personas, dejando a un lado lo que la empresa tiene.

Y por esto es tan complejo iniciar una transformación digital. Porque las empresas llevan mucho tiempo centradas en productos, en activos, en procesos, en tareas y en objetivos. Ahora, es obligado mirar a las personas.

La visión de la empresa debe estar centrada en los clientes, en los empleados y en la sociedad. La tecnología y lo digital es un medio para conseguir facilitar la vida a las personas.

La estrategia de la empresa debe contemplar conocer en profundidad los conocimientos de los clientes (marketing y ventas), en desarrollar productos y servicios que les satisfagan (producto) y les lleguen en tiempo y forma (operaciones), atendiendo a sus consultas (atención al cliente). Además, la empresa debe estar también dirigida hacia sus empleados y retener el talento necesario para que todos los procesos anteriores también estén centrados en las personas.

Por tanto, el foco de la transformación es orientarse a las personas y la herramienta es la tecnología, lo digital.

Ahora creo que ya está claro lo que es la transformación digital, ¿verdad? En el próximo post desgranaré cuáles son los principales conceptos y herramientas necesarios para poder aterrizar la transformación y conseguir el objetivo.

Hablaré de:

1. Innovación y Tecnología: Visual Thinking, Design Thinking, Agile, Scrum, Lean, Canvan, IoT, Blockchain, Herramientas (CMS, Apps, geolocalización…), Cloud computing, CRM, ERP, CEM, pago móvil, Producto digital, etc.

2. Talento y liderazgo: Coaching ejecutivo, Talento Digital, Knowmad, Reputación digital, Equipos de alto rendimiento,

3. Marketing Digital: Customer experience, UX, Inbound marketing, Contenidos, SEO, SEM, Retargeting, Cross-media, Storytelling, Indoor maping, Customer journey…

4. Estrategia y Analytics: Big Data, Customer analytics, Business Intelligence, Machine learning, Model Canvas, BSC y Dashboards, Cyberseguridad, e-commerce…

Espero que os parezca interesante. 🙂

 

Que no se me olvide dar las gracias

Hace 24 años que comencé a ganar dinero por mi cuenta y casi no me queda nada para los 40.

Recuerdo bien cuando aún me decían «Necesitas coger experiencia, aún eres una nena» y he llegado volando a mil por hora al «esta startup tiene gente bastante mayor, ¿verdad? no es lo normal que la mitad de la plantilla pase mucho de los 35».

¿Cuándo ha ocurrido esto?¿Que momento (breve, a mi parecer) es ese en la que tienes experiencia pero aún no eres «mayor»?¿Cuándo dura?¿5 segundos?

En fin, como la vida es como es y tampoco me parece muy productivo ponerme a romper lanzas sobre dónde se encuentra la juventud y lo bueno que es contar con experiencia, pues voy a aprovechar este artículo para dar las gracias a todas aquellas personas con las que he compartido viaje en mi vida profesional. Que no se me olvide dar las gracias también a los que me ayudaron en algún tiempo, aunque después también me hayan hecho daño, pues de los malos momentos también se aprende (y mucho). Soy una gran fan del aprendizaje, aunque a veces duele que te mueres.

Con 15 años me sentía rica cada fin de mes cuando pasaba los recibos por las clases de baile regional a los niños del concejo asturiano. Los sábados por la mañana pasaba 4 horas en Degaña bailando y cantando con otros 25 niños de entre 4 y 18 años. Para llegar hasta allí tenía 55 km de carretera de alta montaña desde mi casa. Habría sido imposible sin la ayuda de Francisco, el profesor de kárate con el que iba en el coche. Gracias, Fran.

Seguí dando clases a niños mientras estudiaba la ingeniería en Madrid. Gracias a la hermana de Ángel el de Ardaliz por ponerme como profe de su sobrino, y a muchos otros padres que confiaron en mí.

Mi primer trabajo con nómina llegó a través de Ana, también mientras estudiaba. Un currele de 24 horas de fin de semana en el Blockbuster de Usera. Soñaba con los VHS que alquilaba y ahí vi cómo llegaban los DVD y la PS2. No me acuerdo cómo se llamaba aquella jefa que teníamos. Aquello fueron los primeros euros que pude ahorrar para irme a vivir con Pepe. No puedo estar más agradecida, Ana.

Terminé la carrera y volvimos a Asturias. Mi título de Ingeniera de Montes tenía 3 semanas cuando me llamaron del Ayuntamiento para un puesto en la Agencia de Desarrollo Local. Ese ya era un «trabajo de verdad». Mi amigo Carlos ya trabajaba allí y además conocí a muchos más. José Ramón, David, Belén, Rubén, Ángel, Carmen, Nieves…Gracias a todos por lo bueno y por lo malo. Fue una época intensa en la que viví por primera vez lo que era estar en una oficina.  Gracias también a los Josés Manueles, a Samuel, a María José, a Mónica, a José María… A Joaquín «el de Cuervo» por enseñarme cómo funcionaba la Administración.

Trabajar en un Ayuntamiento no es lo mío. No por las personas, si no por el sistema burocrático. Lo dejé porque pensaba que me iba a quedar disecada allí. Me sirvió para darle alas al despacho de ingeniería. Un reto en el que tuvo un papel central mi querido Alberto G. Mangas. ¡Aprendí tanto contigo! Gracias 1000.

Dictinio me dijo «cómo se hacía un EPIA a la asturiana». Gracias, no tenía ni idea en aquel momento. El cliente era Roberto, al que doy las gracias por la confianza en mí en aquellos tiempos en los que era una ingeniera muy muy junior. En mi carrera en el sector forestal no puedo dejar de agradecer a Alberto Fidalgo su compañerismo, ¿te acuerdas cuando coincidimos dando clase en Tineo?Hace un millón de años de aquello.

Yolanda, Manolo, Toni, Ana, Lucía, Alberto y resto de equipo de la consultora forestal con la que colaboré durante años: gracias. Celestino, por mostrarme el Colegio de Ingenieros en Asturias. Salvador…gracias por haber sido un referente profesional con el que sigo vinculado mucho más allá de la profesión que compatimos.

A Álvaro le doy gracias por los 8 años que pasamos codo con codo. Fue estupendísimo y nadie sabe la de kilómetros que nos metimos en el cuerpo por las carreteras asturianas. Para mí eres un pilar profesional. ¿A cuántos propietarios llegamos a conocer? Miles, y no es ninguna broma. Gracias a ellos también por su hospitalidad y por su franqueza. Fran, a tí, gracias por tu apoyo.

Con Alejandro, Ramón, Ángel, Carmen, Carmita, Antón, Miguel Ángel compartí tiempo alrededor del vino embarcados en un titanic. Gracias a esa experiencia me sumergí de lleno en el mundo de la empresa. Formación acelerada.

Ana, Mario, Félix, Miguel Ángel, Javier, Juan Carlos, Fran, Fito, Mario, Luismi, Jorge…Momentos buenos al principio y de las mayores dificultades a las que me he enfrentado profesionalmente al final. Aprendí mucho de, con y por vosotros. Fue duro de narices, pero me quedo con la idea de que mereció la pena. De e-TECMA LEARNING ya no queda nada, pero marcó un antes y un después en mi carrera. Fue mi última iniciativa alrededor de la ingeniería. El final del final.

Necesitaba nuevos aires. Andrés, gracias por hacerme ver el mundo de la empresa desde otro punto de vista nuevo para mí. Me gustó tanto que comencé a andar ese camino. En Asturias me fue imposible, lo que me volvió a orientar a Madrid.

Clemente, gracias por acompañarme en esos tiempos de cambio en los cuales sabía adónde quería llegar, pero no cómo buscar el camino más rápido. Tiempos intensos con Joaquín, Ramón, Elena, Javier, Sergio, El Beli, Javier y más. Necesitaba saber más e ir más rápido y tú estuviste allí.

Con  José Antonio, Manu, Antonio, Roberto, Ernesto, Alfonso, Daniel descubrí a profesionalizar mi pasión por el análisis. Gracias por por seguir a mi lado y por abrirme puertas que sólo me dan alegrías. Aurora, no tendría tiempo suficiente en toda la vida para agradecerte todo lo que haces por mí.

Gracias a mi red de networking favorita: Dani, Manuel, Antonio, Isaac, Toñi, Julia, María Rosa, Javier, Josechu, Paloma, Alicia, Miguel Ángel, Jesús, Alfonso, Santi…por todos los madrugones que hemos compartido durante mogollón de tiempo.

Hace más de un año que tengo que dar las gracias a David por darme la oportunidad de llegar a dónde quería, a dónde veía desde Asturias que era donde quería estar. No tengo palabras para agradecerte este tiempo en el que nos estamos exprimiendo para cumplir el sueño que perseguimos.

Iván, tío, gracias por el día a día. Al resto del equipo…gracias por la paciencia, el esfuerzo, las ganas, la pasión. Nos vemos mañana!

 

Lo que haces habla tan alto que no me deja escuchar lo que dices

lo que haces

Mi tío adora los rallyes. Lo lleva en su sangre, lo que le hace (junto con un toque de inconsciencia), conducir a toda velocidad en los circuitos y también un domingo por la mañana mientras sube al pueblo a ver a su madre. Eso no quita que encuentre cualquier ocasión para recomendarte una conducción prudente.

Por supuesto, nadie hace caso de sus consejos sobre responsabilidad al volante. Da igual que los diga en las comidas de la fiesta del pueblo, mientras comemos un pincho de tortilla en un bar o cuando juega con los niños. Independientemente de sus buenas intenciones (que las tiene), su credibilidad es nula porque todos sabemos cómo se comporta él mismo cuando toma el asiento del piloto de cualquier utilitario.

Aunque en ocasiones parece que la coherencia brilla por su ausencia en las relaciones, la verdad es que nuestros actos hablan tan alto que no dejan al otro escuchar lo que estamos diciendo, por muy fino e hilado que sea nuestro discurso.

Nuestro cuerpo habla continuamente, y aún más los actos que llevamos a cabo con él. Hechos y boca tienen que decir lo mismo para generar confianza y ser creíbles. Justo lo contrario del médico con 30 kilos de soprepeso que te dice que debes comer bien y hacer ejercicio varias veces a la semana. O la peluquera que te atiende con las raíces sin teñir y un moño despeluchado. O como el político que dice que trabaja por el bien de todos dos días después de ser condenado por corrupción.

Las incongruencias entre actos y palabras salen a la luz cada dos por tres.

[bctt tweet=»En un momento de la historia donde la titulitis es religión, es más fácil decir que hacer.»]

De hecho, es muy fácil decir mucho y hacer sólo lo justo. O incluso menos de lo mínimo exigido.

Algunas personas tienen una gran habilidad deslumbrando con su discurso. Resulta hasta admirable cómo tan sólo palabras pueden disfrazar hechos, al menos temporalmente. Pero, como un mal disfraz de Halloween en el que las costuras no aguantan íntegras al final de la noche y cuando llegas a casa todo se ha convertido en jirones, la berborrea hábil sólo enmascara los hechos durante un tiempo.

Es más viejo que los caminos el «saber es hacer». Si de verdad sabes algo, entonces sabrás ejecutarlo y convertirlo en una realidad. Nos vamos a la base del concepto de «competencia«, en la que se combinan lo que una persona es, lo que sabe hacer y cómo aplica estas habilidades a su entorno.

Conclusión: alguien es competente cuando, además de saber, es capaz de hacer y conseguir resultados visibles, que no tienen por qué ser económicos. Pueden ser resultados de cualquier otro tipo.

Tengo la suerte de tener a mi lado personas realmente competentes, de las que puedo aprender (y mucho) día a día. No porque suelten rollos tremendos sobre sus habilidades, o porque diserten a todas horas sobre teorías que han aprendido no sé dónde; si no porque sus actos gritan que saben lo que hacen, porque los procesos fluyen cuando ellos los dirigen y porque las personas que estamos cerca disfrutamos de la tranquilidad que se desprende de una ejecución serena y eficiente. La esencia de la coherencia.

 

La cultura de tu empresa puede matarte en vida

cultura adhocrática

Llegas un día a la oficina y tu jefe te dice que, a partir de ahora, eres completamente autónomo para decidir hacer lo que quieras. También te dice que estarás en contacto con otras personas que realizan la misma actividad que tú u otra totalmente diferente, pero la cuestión es que tienes que estar dependiendo de ellas para realizar tu trabajo y que la comunicación es vital para que se vean los progresos.

Ante esta situación puedes comportarte de varias formas:

a) Dedicarte a hacer lo que realmente quieres hacer todo el día, que se parece mucho a NADA. Tienes claro que, si nadie te dice lo que tienes que hacer, es que realmente no hay nada que hacer. Respecto a eso de estar comunicado con otros…¿Qué se pensarán?¿Que voy a contarle mis trucos a mis compañeros para que hagan su trabajo mejor?¿Alguien me ha tomado por tont@?¿Y que piensan que voy a hablar con los de otro departamento?¿Del tiempo?

b) Te alegras de poder tomar tus propias decisiones y aprovechas para mejorar tu forma de hacer tu trabajo, porque algunos procedimientos lo único que hacían era entorpecer. Además, aprovecharás al máximo la comunicación con tus compañeros para preguntarles cómo poder mejorar. Desde luego, la opción de estar comunicado directamente con colegas que desarrollan otros tipos de trabajo tiene que resultar enriquecedor, pues vas a poder aprender muchísimo.

Seguramente tienes claro lo que harías. ¿Cómo vas a comportarte de la forma descrita en a)? Está claro que no eres un mal profesional.

Sin embargo, no todo es blanco y negro.

Imagínate ahora que trabajas en una empresa en la que tienes que fichar con un margen de 5 minutos cada día. Entras en un gran espacio con muchas personas haciendo «cosas», porque realmente no tienes ni idea de a qué dedican su tiempo. Te quedó claro el primer día que mejor ni preguntar. Tu responsable te dijo dónde estaba tu sitio y cuál era tu tarea concreta, dando por supuesto todo. Después de una formación express te dejó en tu puesto aislado, solitario. Las personas que tenías alrededor no levantaron la cabeza de lo que estaban haciendo. Tú mirabas hacia todos lados buscando una sonrisa amiga a quién preguntarle dónde estaba la impresora y a qué hora se comía allí. Nadie parecía percatarse de tu presencia. Volviste a revisar el puesto de trabajo y a leer el Manual de Bienvenida, que consistía en un montón de «buenas prácticas» a llevar a cabo. Demasiado largo, demasiado aburrido. Te volcaste hacia tu herramienta de trabajo, tal y como te dijo el jefe al que habías visto durante un ratito. Todo dirigido y «capado». Desde ese momento te quedó claro que esto era un «sálvese quien pueda», y así llevas los últimos cinco años.

¿Quién no se comportaría de forma «poco profesional» cuando se encuentra en una cultura de empresa con una estructura rígida, que no provee de apoyo a sus trabajadores y donde lo importante es «no salirse de lo encomendado»?

Mi primer trabajo como ingeniera fue en la Administración. Mi primer día de trabajo, un compañero (que era además amigo de la infancia) me dio un consejo: «No trabajes tanto, que vas a terminar hoy mismo toda la tarea». Recuerdo aquellas palabras porque tuvieron en mí un efecto demoledor: darle una paliza a mi enorme pero frágil motivación de novata.

La cultura de la empresa es poderosa y capaz de aplastar la mayor de las ilusiones y de las motivaciones. Pero también puede fomentar la creatividad y la innovación, haciendo que los empleados aporten lo mejor de sí mismos y entrando en una espiral virtuosa ascendente de bienestar y eficiencia.

Mucho se ha investigado sobre la influencia de la cultura organizacional sobre la innovación y la capacidad de adaptarse a este entorno rápidamente cambiante que es el mundo actual. Menos es lo que se ha investigado sobre el impacto del liderazgo auténtico sobre la cultura de la empresa.

Cuando una empresa nace, la persona que la funda influye de una forma determinante en la cultura organizacional. De hecho, es realmente su forma de liderazgo lo que marca cómo es y cómo será esa cultura. Si es una persona hábil en entender la importancia de la adaptación y la innovación como factores fundamentales para la supervivencia y crecimiento de la empresa, intentará rodearse de personas que tengan la misma forma de ver la empresa. De esta manera, esta cultura orientada a la flexibilidad, a la innovación, a la autenticidad y al apoyo entre personas se refuerza.

El liderazgo auténtico busca y atrae al liderazgo auténtico. Está tan seguro de sí mismo que no se ve afectado porque otras personas tengan esas mismas habilidades. ¿Cuáles son? Autoconsciencia al conocer las propias capacidades y limitaciones y cómo éstas afectan a los demás; toma de decisiones equilibrada, siendo capaz de separar la información relevante de la no relevante y  analizándola para tomar las decisiones óptimas en el momento oportuno; transparencia en las relaciones con los demás, mostrando sus verdaderos pensamiento y emociones y permitiendo que los demás también los muestren; y una forma de ver el mundo honesta y ajustada a sus valores morales.

Un auténtico líder muestra esperanza, honestidad, emociones positivas, transparencia y relación entre sus pensamientos y actos, orientándose hacia el futuro de una forma ética e íntegra. Es capaz de motivar y guiar a los colaboradores proporcionando apoyo, lo que aumenta la satisfacción e implicación de todas las personas del proyecto.

Cuando trabajas bajo una cultura organizacional en la que líderes auténticos pueden expresarse, seguro que te comportarás de la forma descrita en la opción b) del principio de este texto. Sin dudas, sin reparos, sin rencores. Porque será lo que estés deseando hacer.

 

Ganar al ayudar a ganar

ayudar a ganar

Siempre nos quedamos con la idea de que, para que alguien gane, necesariamente alguien tiene que perder. ¡Qué error!

Esta semana estuve reunida, por separado, con dos profesionales del sector comercial. Uno es una persona de cincuenta y tantos que ha conseguido un gran patrimonio a lo largo de su carrera, seguro de sí mismo y de sus capacidades para sobrevivir bajo cualquier circunstancia laboral. Sabe que, pase lo que pase, saldrá adelante. El otro es un chaval de casi treinta intentando abrirse paso en un sector muy competitivo. Como principales herramientas utiliza sus férreas ganas por vivir mejor (entiéndase como mejora económica) y su orientación hacia los objetivos. Está convencido de que podrá superar cualquier circunstancia adversa a la que se enfrente.

Así descritas estas dos personas y sus capacidades, parece que la segunda llegará a dónde está la primera, tan sólo los separan un par de décadas de devenir profesional. Sin embargo, mirando un poco más allá, lo que realmente ocurre es muy muy diferente.

Antonio, la primera persona descrita, es un comercial con 30 años de experiencia. En ese tiempo su esfuerzo ha sido construir y, sobre todo, mantener, una amplísima red de contactos, su capital social. Cuando habla de su trabajo dice que el dinero es secundario, que lo que hace es divertirse. Disfruta conociendo gente y ofrece su ayuda enseguida a quien se le pone delante. Se esfuerza por conocer a todo el mundo. Relata con una mezcla de sorpresa y a la vez de orgullo cómo ha creado un par de empresas «casi sin querer», porque comenzó a hacer algo que le gustaba y luego, «la gente» comenzó a pedirle que lo siguiese haciendo de forma profesional. Ahora tiene decenas de empleados y sus empresas son punteras en un sector. Su crecimiento es exponencial y su clientela fiel recomienda a sus contactos, convirtiéndose en casi su única estrategia de marketing.

A los casi 30 años Borja ha trabajado ya en unas cuantas empresas. Ahora está en un sector que «no es lo suyo», pero cree que, «si aguanta lo suficiente», pues llegará a hacer bastante dinero. Está absolutamente orientado a objetivos y se esfuerza por alcanzarlos y demostrar que es el mejor comercial que se ha visto. Cuando habla, menciona contratos, recursos y, por supuesto, dinero. Trabaja solo y es muy competitivo. Incluso relata cómo se enfada cuando cree que los demás no tienen el nivel de excelencia que él cree tener. Está convencido de estar en la senda adecuada para contar con un buen patrimonio antes de los 40. Se va a comer el mercado. No, lo va a devorar.

Antonio y Borja no tienen nada que ver y, esto lo tengo claro, Borja no va a llegar a tener lo que quiere, que es lo que atesora Antonio. ¿El motivo? Su estrategia no es la adecuada porque no está orientada a las personas.

Podrás tener lo que quieras en la vida si consigues ayudar a las suficientes personas a conseguir sus propios objetivos.

Esta frase, que leí también esta semana por primera vez, es el mantra de Antonio, aunque puede que no lo haya verbalizado en su vida. Tiene claro, clarísimo, que su plan de pensiones es su red de contactos. Y la cuida, la mima, trabaja cada minuto de su vida para ella. Y eso le devuelve resultados. Además de vivir feliz (es un tío alegre, de sonrisa fácil, que disfruta con lo que hace), se siente seguro. Su modo de ver la vida es Win-Win. Tiene claro que para ganar tiene que ayudar a ganar.

[bctt tweet=»Si tú ganas, entonces yo gano.»]

Sin embargo, Borja aún no se ha dado cuenta de eso (y puede que nunca llegue a saberlo, incluso), así que va por la vida compitiendo con todo el que se cruza. No crea relaciones, sino que las destruye, pensando en una ecuación de suma cero donde uno gana y otro pierde. Win-lose.

Conozco a Antonio y a Borja porque tenía que decidir con quién quiero trabajar. Seguro que adivinas cuál fue mi preferencia.

Lo auténtico es absolutamente irresistible

auténtico

Da igual que hablemos de un local, de un plato de comida, de un estilo de vestir o de una persona. Lo auténtico es absolutamente irresistible.

Esta semana comí en un restaurante ubicado en la Cava Baja de Madrid,  que era auténticamente antiguo. ¿300 años? No tengo ni idea de su datación, pero lo que no me cabe duda es de que aquellas vigas vistas de madera eran auténticas, igual que el portón de madera de la puerta de entrada, o el lechazo al horno que pusieron. Irresistiblemente auténtico.

Las albóndigas que hago con mi marido los domingos. Con mimo compramos la carne de vacuno, las verduras, cocinamos a fuego lento. Ummmmmmm. Auténticas 100 %.

También algunas de las personas que tengo alrededor tienen el gran atractivo de lo auténtico. Da igual más bajas o más altas, más gordas o más flacas…todas tienen «eso» en la mirada y en su lenguaje corporal que hacen que los demás quieran seguirlas a donde vayan. Demoledoramente auténtico.

El aura que desprenden las personas «auténticas» se extiende más allá de los tres grados de influencia básicos de cualquier humano. Sus tentáculos llegan más lejos y ello hace que consigan más cosas, o mejores o, al menos, las que ellos quieren.

Ser auténticamente auténtico es difícil de entrenar, pues si se trabaja …se nota y pierde todo su atractivo. Precisamente porque lo artificial es lo opuesto. Lo auténtico tiene ese carácter indómito, racial, indomable que resulta atractivo y penetra en el seguidor hasta el tuétano.

Y realmente no es tan difícil vivir auténticamente. Por lo que sé, lo que conozco, lo que tienen en común estas personas es que viven acorde a sus valores. No saben lo que es la famosa disonancia cognitiva (ese regustillo de malestar que sentimos cuando estamos haciendo algo con lo que no estamos de acuerdo).

Los líderes necesitan tener unos valores que dirijan el rumbo de su vida, de su trabajo, de sus proyectos, de su minuto a minuto. No pueden salirse de ellos. Es el precio de la autencididad auténtica.