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5 trucos infalibles para tener buena suerte

Todos queremos que nos vaya mejor o tener buena suerte. Es así desde el principio de los tiempos. Si te fijas, la palabra «suerte» se utiliza de forma habitual. Mucho más que otras que están relacionadas como, por ejemplo, determinación o perseverancia.

Quiero dejar en este post mis cinco trucos infalibles para tener buena suerte.

  1. Madruga. Puedes ponerte la excusa de que eres un «tipo búho» en lugar de «tipo alondra» y por eso eres más efectivo por la noche. Incluso puedes decirte a ti misma que estudiabas mejor por la noche cuando ibas a la universidad. Independientemente de ello, si quieres mejorar tu suerte, es mejor que madrugues bastante y que seas de las primeras personas en empezar la actividad diaria. De esa forma, te aseguras que no te pierdes nada de lo que ocurre y serás capaz de estar más al ojo de las oportunidades que surjan.
  2. Métete en la cabeza que las oportunidades no surgen, se crean. Por ello, cuanto más madruges, más tiempo tendrás para CREAR oportunidades. Esto se hace de forma consciente, por lo que no te servirán de ninguna ayuda todas aquellos métodos de evasión que has acumulado durante años. Sé consciente, no te evadas.
  3. Necesitas a otras personas. Sí, es más probable que crees buenas oportunidades si compartes tiempo y actividades con otras personas. Por ello, es mejor que madrugues para pasar tiempo con otras personas y así crear más.
  4. Casi todo lo que has pensado te saldrá de forma diferente. Es poco probable que, cuando definas una meta, seas capaz de preveer todas las variables que influyen en que la consigas o no. El mundo es demasiado complejo y tu cerebro no es capaz de contemplar todos los escenarios (no te sientas especial, nos pasa a todos). Por ello, es necesario que interiorices que la mayor parte de las oportunidades que te has esforzado en crear a base de madrugones e interacciones con otras personas, no logren los frutos que deseabas o que preveíste.
  5. Cada noche, por mucho cansancio que tengas, vuelve al punto uno con más fuerzas que la vez anterior. Cada día, independientemente de cuáles sean tus emociones en ese momento.

Te dejo más info por si te interesa saber más sobre cómo la pasión y la perseverancia (también llamado grit) son el mejor indicador del éxito Si lo dudas, piensa en Rafa Nadal o Pedro Sánchez, claros ejemplos de cómo la pasión y la perseverancia son capaces de llevarte a donde quieras y potenciar tu talento por 1000, por mucho que los demás ni se lo imaginen.

Cogí 5.000 euros y los puse en una cuenta aparte para crear el MVP de Hiwook

Cogí 5.000 euros y los puse en una cuenta aparte. Objetivo: validar un modelo de negocio en 6 meses. Julio de 2018 era mi fecha límite.

Estos días hace un año que puse en marcha el proyecto en el que estoy volcando mi dinero, mi tiempo, mi ilusión, mi pasión y mi perseverancia. Se trata de Hiwook, el Portal de Empleo sin CV. Aunque Hiwook es más que un portal de empleo, es un sistema que se utilizar en el reclutamiento y que ofrece igualdad de oportunidades de acceso al empleo independientemente de género, edad o procedencia.

Cogí mis 5.000 euros y creé una plataforma tecnológica para validar el modelo de negocio de Hiwook. Fue emocionante meterse en las tripas tecnológicas más que nunca antes en mi vida. Conseguí ayuda de otros para construir el famoso MVP que enseñar a clientes y usuarios. Conseguimos tenerlo listo a finales de marzo. Tres meses intensos creando en la sombra.

En abril presenté Hiwook en un evento frente a 200 profesionales de Recursos Humanos. Fue una acogida increíble la de aquel día. Fue un subidón increíble.

Mayo estuvo dedicado a la búsqueda de empresas que publicasen en el Portal. En Junio organicé Meetup «Foro de Empleo antes del Veranito» que tuvo un llenazo total incluso celebrándose el 20 de junio, con España jugando el mundial.

Se acercaba mi plazo. Julio llegaba, pero yo estaba tranquila con empresas de primera línea publicando en Hiwook (Cognodata, Mediapost, AtSistemas, Paradigma Digital, Nommon, Conento y Tecnología y Personas) y con más de 100 usuarios registrados.

Y llegó Julio, con casi ningún euro de aquellos 5.000 en la cuenta del banco, pero ilusionada porque la primera persona había superado las pruebas de evaluación de competencias y ya tenía una entrevista en sus manos. Había comprobado que el modelo funcionaba y sabía que atraía a empresas y a usuarios.

Por eso dí el siguiente paso y llamé a 9 personas que me habían mostrado su interés por ser parte del proyecto. Con esas 9 personas dimos forma a Hiwook y nos lanzamos de verdad a la piscina con todo el equipo.

Terminamos este año con muchos retos superados y muchos por delante. Y también con alegría por el reconocimiento como una de las 10 Mejores Startups de 2018 por Innova Spain. Todo un lujo.

Hoy se cumple un año del comienzo de esta etapa de la vida en la que estoy inmersa ahora mismo. Mi sueño es tan grande que sé que ahora sólo he avanzado unos milímetros. Sé que aún me quedan miles de kilómetros por recorrer para llegar a donde quiero llevar Hiwook. Tengo el propósito muy, muy clarito.

 

Hiwook es una plataforma tecnológica que se basa en la evaluación de competencias digitales e IT. Suena a mucho rollo de palabro teckie, pero es muy sencillo. Te lo cuento ahora mismo.

Una persona que quiera un empleo no necesita poner su CV, ni sus datos, ni cumplimentar un perfil, ni nada de ello. Tan sólo superar unas evaluaciones de competencias digitales o IT y aplicar a la Oferta de Trabajo que quiere. Si supera las pruebas, va a fase de entrevista. Así de sencillo.

Si una empresa está buscando perfiles digitales e IT y no le importa si los candidatos son jóvenes o mayores, hombres o mujeres, de aquí o allá, puede publicar gratis en el Portal o también puede utilizar Hiwook en otros canales de reclutamiento para cribar a los candidatos sin tener que revisar CV que dicen, o no, el potencial de la persona.

Te cuento este rollo sobre lo que hacemos porque es importante para mí el que entiendas que estoy loca por ver que las personas no son discriminadas en el acceso al empleo, y también quiero que los métodos de selección sean lo más objetivos posible. Puede que creas que mi audacia llega a lo ridículo, pero realmente creo que la evaluación por competencias es una fórmula adecuada.

 

 

No hay confianza sin asertividad

Hace más o menos un año me quedé de palo al escuchar a una Directora de RRHH sentenciar, sin ningún tipo de rubor,  que «la asertividad es mala».

En su día no le dije nada. Mal hecho por mi parte. Ayer volví a oír esa misma frase de nuevo. Con las mismas cuatro palabras. Y tampoco dije nada. Me fallé a mí misma y a mi asertividad. Adoro mi asertividad y también la de los demás. No es que crea que no es mala. Es que creo que es absolutamente maravillosa. Y estas líneas van sobre eso. Sobre cómo la asertividad es increíble porque permite que exista la confianza, esa señal inequívoca de que el vínculo entre dos personas es fuerte, íntimo y capaz de conseguir maravillas.

Sí, así como suena te lo digo: no hay confianza sin asertividad.

¿Tú piensas que hay algo malo en tener una habilidad social que consiste en conocer y defender los propios derechos respetando a los demás? Yo, no.

Piensa un poco. ¿Con que personas te comportas de forma asertiva? Por ejemplo, será tu pareja, como cuando hacéis juntos la compra y decidís si hay lentejas o hamburguesa para comer. También muestras asertividad a tu madre cuando le pides el coche y le dices que se lo devolverás la semana que viene, y con tu hermano cuando le decías que te cubriese las espaldas por llegar tarde (otra vez). También solemos ser asertivos con nuestros mejores amigos cuando decimos abiertamente que no nos ha gustado nada de nada el japonés al que fuimos en el cumple de Marta y que, para la próxima, a ver si probamos con un tailandés, a ver si hay más suerte. Nos comportamos de forma asertiva con las personas a las que queremos, con las que la confianza es máxima y que sabemos que podemos mostrarnos tal y como somos, sin tapujos.

Eso mismo pasa en los buenos equipos en los que la confianza campa a sus anchas. Por supuesto, campa a sus anchas de la mano de la asertividad. Nos sentimos libres de compartir lo que pensamos y de disentir abiertamente con otros para defender nuestras ideas, que tan sólo buscan el bien de la compañía. Y somos capaces de escuchar a nuestros compañeros, de los que sabemos que nos respetan profundamente y, por ello, son capaces de decirnos las cosas tal y como son.

La confianza es la base de un buen equipo. Sin ella no hay nada más, ni compromiso, ni responsabilidad, ni resultados. Lo explica fenomenal Patrick Lencioni en su libro «Las 5 disfunciones de un equipo». Si te interesa la gestión de equipos en el ámbito empresarial, no deberías perdértelo. 🙂

Te reconozco que alguna vez me dejé acobardar y me sometí al criterio de aquellos que decían que la asertividad es mala. Fue un gran error que me costó mucho en términos de bienestar. Es muy cansado y tóxico estar rodeado de personas que sacrifican resultados, responsabilidad y compromiso por un falso consenso en el que todo es «very polite».

Eso no va conmigo. Soy 100 % asertividad. Y como siempre buscamos aquellas lecturas que apoyan nuestra forma de pensar, pues también te voy a recomendar la lectura de «Principles» de Ray Dalio, el fundador de Bridgewater. Este empresario que ha levantado un imperio tiene Principios muy parecidos a los míos, que se pueden resumir como «radical truth y radical transparency». Considero que la asertividad es el comportamiento derivado de la sinceridad radical y la transparencia absoluta. Lo que ves, es lo que hay. Te lo diré abiertamente. Siempre. Y también siempre tendré te respetaré y te tendré en cuenta. Porque soy asertiva.

 

Día de la Felicidad

Lo que importa se nos olvida rápido, por eso se celebran los «días de». Acabamos de festejar hace menos de un par de semanas el Día de la Mujer y ya estamos en el Día Internacional de la Felicidad. Me parece muy bien. El cerebro humano olvida rápidamente cuando está inmerso en las pequeñas cosas del día a día, así que no está mal que el calendario nos recuerde lo importante.

Supe del Día de la Felicidad hace tan sólo unos seis años. Lo leí en prensa, seguramente como tú. Salvo en momentos aislados, no pensaba mucho en la felicidad, así que ni se me pasaba por la cabeza que alguien hubiera hecho el esfuerzo de dedicarle el 20 de marzo. ¿Tú piensas a menudo en la felicidad?

Creo que sólo pensamos en la felicidad cuando estamos pasando por momentos realmente apurados y tristes. Cuando una situación nos agobia muchísimo, somos conscientes de que eso no es felicidad. El resto del tiempo, no nos preocupamos mucho de ella y sí de una de sus parientes: la emoción positiva. Buscamos a menudo la risa, la alegría, el desenfado… ¿Es eso la felicidad?¿Estar todo el día entre risas?

Me gusta la forma que tiene Martin Seligman de entender la felicidad. Su enfoque es eudemónico (menuda palabrita) frente al enfoque hedonista que sí que conocemos muy bien.

El eudemonismo es la felicidad auténtica y se consigue entrando en estado de flujo, que te sonará si has leído a Mihály Csíkszentmihályi y teniendo un propósito en la vida. Es decir, haciendo lo que realmente te gusta y contribuyendo de alguna forma positiva a tu entorno. ¿Tiene eso que ver con las risas? Muchas veces no tiene nada que ver. Conozco a personas que son felices sufriendo horas encima de una bicicleta. No sonríen mientras lo hacen. Conozco a otras que son felices ayudando a niños enfermos. Sufren mucho mientras lo hacen.

Celebremos todos los días nuestra felicidad. Recordemos que depende de nosotros mismos el realizar actividades que tengan un propósito, nuestro propósito. Será la única forma de que seamos felices aunque no seamos conscientes de serlo.

Tú, como persona, eres más que tu rol profesional

Esperamos de un bombero que sea una persona bondadosa, generosa y orientada a la ayuda. De un guardia civil que sea honesto, obediente, dispuesto a luchar contra el mal a cada minuto de su vida y con un fuerte sentido del deber y de la patria. Creemos que una enfermera es protectora, cariñosa, amable, con una fuerte vocación y dispuesta a ayudar al prójimo.

Sin embargo, mi colega Juan, bombero de toda la vida, es un tío normal y corriente, que paga sus rondas los sábados por la noche, pero no especialmente generoso. Manuel es un tío serio y obediente, puede que el mejor guardia civil que haya conocido, y también ve cómo se cometen infracciones delante de sus narices cuando está de paisano y hace lo mismo que todos los demás: nada. Berta es una gran profesional y cura como nadie, muy amiga de sus amigos y con una gran vocación, pero pocas personas resaltaremos como sus puntos fuertes el que sea muy cariñosa y amable.

Son unos pocos ejemplos de cómo encasillamos a las personas por sus roles profesionales casi todos los días y cómo, ese hecho, hace que no nos paremos a pensar en la persona más allá del profesional. Ni siquiera nos importa eso cuando un bombero acude a un accidente a sacar a alguien atrapado en su vehículo (estamos seguros de que es una buena, buena buenísima persona); cuando el guardia civil nos para en nuestro viaje por un control de seguridad («Menudo capullo, ¡es que no tiene otra cosa que hacer!») o cuando miramos con ojos de cordero degollado a la enfermera después de habernos roto un dedo.

Conclusión: vemos lo que queremos ver y confundimos el rol con la persona. Además, por si fuese poco, el rol también está influido por el género.

¿Habrías confiado igual que en Juan, el bombero, si hubiese sido una Sonia la que hubiese acudido al accidente?¿Habrías soltado los mismos improperios (en tu mente) si Ana es la que te para en un control de alcoholemia? ¿Verías a Antonio (con 100 kg y 1,95 m) como alguien cariñoso y amable si es el que te tiene que poner el enema?

En nuestra vida profesional vemos a los demás de forma distorsionada por su rol profesional y, además, ellos nos ven así a nosotros. Este hecho complica las cosas especialmente cuando los roles implican comportamientos muy diferentes a los que realiza la persona fuera de su trabajo. Como cuando un artista, al que se le presupone una persona agradable, simpática, accesible, sensible y llena de amor por sus fans es capaz de dar una mala contestación (incluso un guantazo) a un fan que invade su vida personal. O cuando un jefe, al que cada día se le ve preocupado por las tareas, los presupuestos, la imagen de la empresa y los horarios, te lo encuentras en el bar de la plaza de su pueblo con su familia y amigos, en chancletas y camiseta de los Guns, partiendo el filete a sus hijos pequeños y riéndose a mandíbula batiente.

Ni tú, ni yo, ni nadie, somos realmente tal y como se puede inferir del rol que adoptamos en nuestro trabajo. Lo inteligente sería no dejarnos cegar por ello, ¿verdad?

 

Lo que haces habla tan alto que no me deja escuchar lo que dices

lo que haces

Mi tío adora los rallyes. Lo lleva en su sangre, lo que le hace (junto con un toque de inconsciencia), conducir a toda velocidad en los circuitos y también un domingo por la mañana mientras sube al pueblo a ver a su madre. Eso no quita que encuentre cualquier ocasión para recomendarte una conducción prudente.

Por supuesto, nadie hace caso de sus consejos sobre responsabilidad al volante. Da igual que los diga en las comidas de la fiesta del pueblo, mientras comemos un pincho de tortilla en un bar o cuando juega con los niños. Independientemente de sus buenas intenciones (que las tiene), su credibilidad es nula porque todos sabemos cómo se comporta él mismo cuando toma el asiento del piloto de cualquier utilitario.

Aunque en ocasiones parece que la coherencia brilla por su ausencia en las relaciones, la verdad es que nuestros actos hablan tan alto que no dejan al otro escuchar lo que estamos diciendo, por muy fino e hilado que sea nuestro discurso.

Nuestro cuerpo habla continuamente, y aún más los actos que llevamos a cabo con él. Hechos y boca tienen que decir lo mismo para generar confianza y ser creíbles. Justo lo contrario del médico con 30 kilos de soprepeso que te dice que debes comer bien y hacer ejercicio varias veces a la semana. O la peluquera que te atiende con las raíces sin teñir y un moño despeluchado. O como el político que dice que trabaja por el bien de todos dos días después de ser condenado por corrupción.

Las incongruencias entre actos y palabras salen a la luz cada dos por tres.

[bctt tweet=»En un momento de la historia donde la titulitis es religión, es más fácil decir que hacer.»]

De hecho, es muy fácil decir mucho y hacer sólo lo justo. O incluso menos de lo mínimo exigido.

Algunas personas tienen una gran habilidad deslumbrando con su discurso. Resulta hasta admirable cómo tan sólo palabras pueden disfrazar hechos, al menos temporalmente. Pero, como un mal disfraz de Halloween en el que las costuras no aguantan íntegras al final de la noche y cuando llegas a casa todo se ha convertido en jirones, la berborrea hábil sólo enmascara los hechos durante un tiempo.

Es más viejo que los caminos el «saber es hacer». Si de verdad sabes algo, entonces sabrás ejecutarlo y convertirlo en una realidad. Nos vamos a la base del concepto de «competencia«, en la que se combinan lo que una persona es, lo que sabe hacer y cómo aplica estas habilidades a su entorno.

Conclusión: alguien es competente cuando, además de saber, es capaz de hacer y conseguir resultados visibles, que no tienen por qué ser económicos. Pueden ser resultados de cualquier otro tipo.

Tengo la suerte de tener a mi lado personas realmente competentes, de las que puedo aprender (y mucho) día a día. No porque suelten rollos tremendos sobre sus habilidades, o porque diserten a todas horas sobre teorías que han aprendido no sé dónde; si no porque sus actos gritan que saben lo que hacen, porque los procesos fluyen cuando ellos los dirigen y porque las personas que estamos cerca disfrutamos de la tranquilidad que se desprende de una ejecución serena y eficiente. La esencia de la coherencia.