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Tener dinero sube la autoestima

«Tener dinero sube la autoestima». Eso me dijo un colega hace tres semanas y otro hace dos. No se conocen de nada, pero ambos lo tienen clarísimo. Y, cuanto más dinero, más autoestima tienes. Parece que es algo exponencial. ¿Puede ser?

A veces soy descreída respecto al poder del dinero. Otras soy plenamente consciente de la libertad de movimientos que otorga. Si lo miras desde un punto de vista analítico, desprovisto de cualquier punto de vista emocional sobre lo que implica el dinero, se trata tan sólo de disponibilidad de recursos. Y sí, la abundancia de recursos, bien gestionados, proporciona una mayor capacidad de generar riqueza, en el amplio sentido de la palabra.

Para mí, dinero significa posibilidad de gestionar recursos para conseguir más de algo: más riqueza, más tiempo, más poder, más libertad, más comodidad, más estatus, más… de lo que se te ocurra, incluso autoestima.

Porque la autoestima está hecha de muchos ingredientes, entre ellos está el estatus, el reconocimiento, la autoconsciencia, la competencia, la libertad, el poder. Tú puedes hacer crecer tu autoestima, pero también dependes de los demás para que ésta tenga buen estado de salud. Y es bien sabido por todos que, si cuentas con los recursos suficientes, tienes la atención de los demás casi asegurada.

Hay personas que son unos cracks a la hora de conseguir recursos, pero son un desastre a la hora de gestionarlos. Como dicen en mi pueblo, el dinero en sus manos es como agua en un cesto: se escurre por mucho que entre. Otras personas son increíblemente eficientes gestionando recursos, aunque consigan muy pocos. Ahí tengo de ejemplo a la abuela de mi marido, que tenía pensión para 12 personas en su apartamento de 36 metros cuadrados en Tetuán.

Mi foco está en ser una buena conseguidora de recursos a la par que una buena gestora de éstos. Hacer más con lo que hay, y hacerlo crecer de forma exponencial. Creo que ahí está la magia de los negocios. Y el secreto del dinero.

«Dinero llama a dinero» y «No me des, ponme donde haiga» dice la sabiduría popular. ¿Hay algún refrán que vincula el dinero con la autoestima? Seguro que sí. Eso lo saben bien mis colegas, que tienen la autoestima por las nubes.

 

 

Avanzar en favor de la diversidad

Todo lo que ves a tu alrededor es fruto de que alguien ha puesto algo de esfuerzo en ello. Casi nada de lo que ocurre ha sido «por que sí». Los avances ocurren porque una persona o un grupo de personas quieren avanzar y tienen las ganas de hacerlo posible.

Saber eso me parece motivador, pues el pensamiento que se me viene a la mente es…¿y qué puedo hacer yo para avanzar? Entiéndeme: avanzar no significa necesariamente tener más dinero, y más «éxito». Avanzar significa aportar a causas en las que es necesario que algo cambie.

Desde hace mucho tiempo el tema de la diversidad es algo que tengo en mente. En un principio lo llamaba, como casi todo el mundo: «igualdad». Ahora pienso que realmente la igualdad es imposible y que el término que más encaja con la idea que está debajo de «igualdad para todos» es «aceptación de la diversidad». Parece una tontería, pero no lo es tanto.

Aceptar la diversidad realmente significa dejar de presionar para encontrar similitudes. Por ejemplo: todos los humanos tenemos corazón, hígado, cerebro, tripas…¿Somos iguales? En absoluto. Incluso unas tripas pueden ser diferentes entre sí, diversas. Y, de hecho, lo son. Al igual que nuestros cerebros o nuestro género. Asumir esa diversidad como algo positivo me hace querer expandir esa idea y avanzar hacia la comprensión de esa diversidad para abrazarla.

Seguro que conoces muchos movimientos a favor de la diversidad de género. Estoy completamente a favor de ellos, como otros que rompen estereotipos negativos sobre la madurez o sobre la procedencia sociocultural. Creo que siempre formé parte de este tipo de movimientos, ya sea de una forma más formal o, en ciertas etapas, desde la distancia.

Pero desde hace un tiempo, los avances para que la diversidad sea vista como una oportunidad, ocupan gran parte de mi tiempo profesional y personal. Esta motivación la he concretado a nivel profesional a través de HIWOOK, el Portal de Empleo sin CV que proporciona igualdad de oportunidades de acceso al empleo independientemente de género, edad o procedencia. En Hiwook he volcado todo este propósito y significa un gran motor para mí.

En el plano más personal, que también se mezcla con el profesional, ya que somos personas todo el rato, hay un movimiento que me llama especialmente la atención, y que tiene que ver con el empoderamiento de la mujer en el ámbito profesional. Como ves, me paso todo el día mezclando el aspecto profesional y personal. Creo que ya no noto la línea entre ellos, si es que existe.

El año pasado me lancé de lleno a la tarea de mejorar la posición de mujeres en puestos profesionales claves a través de EJE&CON. Beatriz García-Quismondo, compañera a la que admiro realmente, fue la que me dio la oportunidad de poder formar parte de ese movimiento para promover el #TalentoSinGénero. De forma paralela, quise saber más y más sobre mujeres en puestos directivos, por lo que me topé también con Mujeres&Cia, con Mercedes Wullich a la cabeza liderando, entre otras acciones, las Gala Mujeres Top 100 en España. Cuando conocí esa iniciativa, no pude mejor que querer saber más y acudir a la edición de 2017. La Gala Top 100 es un escaparate para mostrar a la sociedad que las mujeres hacen aportaciones relevantes desde diversos campos: Empresa, Administración, Investigación, Política… En fin, trata de sacar a la luz un trabajo que, en muchas ocasiones, pasa totalmente desapercibido.

Como te contaba, el año pasado insistí para ir a la Gala Top 100 de espectadora. Este año tengo la suerte de ir como candidata de la categoría Revelación y Emprendedoras. ¿Podré ganar? Realmente no lo creo, pues el nivel es muy alto y realmente hay compañeras que han hecho trabajos formidables.

Por mi parte, me parece que voy dando pasitos hacia adelante para aportar al progreso de la aceptación de la diversidad. Queda muchísimo por hacer, pero esto va de seguir, seguir, seguir y seguir avanzando. Sin mirar atrás.

No confundas la pasión y perseverancia con tozudez

De Michael Jordan nadie duda que es un tío que pone toda su pasión en lo que hace y que no se rinde ni a la de tres. Seguro que sabes de aquel partido en el que jugó incluso con 40 grados de fiebre. Yo no soy nada de ver partidos de NBA y me conozco la anécdota al dedillo. Era (es) un tío pasional a tope y, sobre todo, perseverante. Sabía que era el mejor y, pese a ello o incluso por ello, no paraba de hacer todo lo humanamente posible para mejorar y ser aún mejor y mejor.

¿Es Jordan una persona tozuda? Estoy segurísima de que sí. Absolutamente. Terco como una mula, como se suele decir. Aunque preferiría decir «determinado», es decir, una persona con una meta clara en su mente y que trabaja minuto a minuto para llegar a ella.

No se lleva muy bien el ser una persona terca, obstinada o determinada. Sin embargo, todos celebramos cuando alguien triunfa «casi sin esfuerzo». ¿Realmente existe eso?¿Se puede conseguir el éxito como si nada?¿Es el éxito fácil de llegar y el que se esfuerza es que es un panoli?¿O es el éxito una idea relacionada con una meta difícil a la que se llega con pasión y con perseverancia?

Seguro que, si has llegado a leer hasta aquí, tienes clara cuál es mi postura: Un rotundo SÍ a la última pregunta. Un SÍ a que el éxito es una idea relacionada con una meta difícil, a veces imposible, a la que se llega con pasión y con perseverancia.

Y hace unas semanas me enteré que esa tozudez pasional o esa pasión perseverante se llama GRIT. Te dejo la charla TED de Ángela Lee Duckworth en el que habla sobre este tema, aunque yo preferí leerme el libro de cabo a rabo. (Gracias Luis por recomendármelo). Me gustaría no contarte mucho del libro para que te lo leas a gusto, pero sí lo suficiente para que te pique el gusanillo y te lo leas, que seguro que te va a interesar.

El fondo del asunto es que la pasión y la perseverancia con la que se afronta una actividad es más garantía de éxito que el talento que se tiene para llevarla a cabo. Vamos, el «más hace el que quiere que el que puede» de toda la vida. La novedad para mí fue la rotundidad de los fundamentos psicológicos con los que apuntala este ¿nuevo? constructo psicológico. ¿Realmente es la primera vez que alguien habla sobre ello?¿O es la primera vez que se le pone una palabra concreta a algo que se suele describir con más de una?¿O es que alguien necesitaba darle rigurosidad a una idea que estaba en el aire?

Sea como fuera es que este libro me gustó y, sobre todo, me pareció muy útil para cientos y cientos de cuestiones de mi vida: como explicar el por qué de muchos de mis éxitos y mis fracasos, como entender más sobre cómo educar a mis hijos o tratar a mis amigos, como conocerme más y estar más segura de mí misma.

Merece la pena tener grit. Merece la pena desarrollar el grit de cada uno, tanto si ya tienes mucho como si tienes poco. He llegado a la conclusión de que, de grit, nunca se anda sobrado. Puedes tener tanta pasión y perseverancia como quieras. De hecho, deberías querer tener un montón. Por eso no las confundas con la tozudez, que suele estar llena de orgullo y cerrazón mental. La tozudez tiene el vicio de llevarte por mal camino, sobre todo aquel que te aleja de otros y de las buenas ideas. Sin embargo, la pasión y la perseverancia llevan implícitas las ganas de mejorar, escuchar, aprender, superarte, ver más allá, crecer y acompañarte de otros.

De nuevo te recomiendo que no confundas la pasión y la perseverancia con la tozudez. A veces, desde fuera, parecen lo mismo. Pero el camino al que llevan es diferente y, desde luego, la vivencia no tiene nada que ver.

 

Conocer a otras personas

Todas las semanas hago por conocer a unas cuantas personas nuevas. Me genera mucha curiosidad el saber qué pasa por la mente de otras personas y creo que esa es la mejor forma de saberlo: conociéndolas en persona y escuchando.

Nos vemos en cafeterías, a veces comiendo. Normalmente cara a cara. Un@ a un@. Me gusta eliminar elementos distractores y centrarme en la persona que tengo delante. Oír, escuchar, absorber.

En muchas ocasiones encuentro una conexión clara, que supongo que ya existía de forma previa antes de vernos en ese lugar. Con esas personas el ritmo de la comunicación es fluido, el tono alegre y mi curiosidad por conocer su historia se acrecienta a cada minuto. Quiero saber cómo ha sido su vida, qué es lo que le ha llevado hasta ese momento y qué es lo que le motiva y lo que le gusta. Cuando hay conexión, la otra persona también quiere saber eso de mí, y entonces empieza ese baile de preguntas y escuchas que hace que el tiempo se pase volando. Tan sólo hacen falta un par de horas para saber si esa persona formará parte de mi vida en el futuro. Y lo mejor de todo es cuando realmente ocurre eso y pasa el tiempo. Entonces echas la vista atrás y recuerdas cuando os conocísteis, que fue hace tan sólo un par de años, pero que te parece que fue hace toda una vida porque puedes compartir los pensamientos tal y como te llegan.

En otras ocasiones, las menos, la conversación es menos fluida y la comunicación se entrecorta, como la radio cuando atraviesas montañas y se pierde la señal. En esos casos, tras la despedida, la relación se queda eternamente en el estado de superflua cordialidad.

Tengo la enorme suerte de conocer a personas muy interesantes que llegan a significar en mi vida, formando parte de ella y proporcionándome grandes momentos de gratificación. Ya dice Martin Seligman, psicólogo especializado en la Felicidad, que las personas somos felices cuando llenamos nuestra vida de gratificaciones y no ponemos tanto ahínco en los placeres.

Procuro mostrar a las personas que me rodean el gran sentido que tiene para mí el que sigan formando parte de mi vida. Porque quiero disfrutar de una gran vida. Porque soy consciente de que sólo tengo una.

Dicho esto. Si quieres, nos tomamos un café (descafeinado, con leche de soja y en vaso para mí).

 

¿Qué es la transformación digital de las empresas? (I) Poner el foco en las personas

Todo el día colgada del móvil (como tú) y frente al PC (como tú). ¿Ya somos digitales? Puede que sí, pese a haber nacido antes de los 80, pienso que soy (como tú) tan digital como cualquiera.

Todos somos cada vez más digitales, y a unos les cuesta más que a otros. Pero parece que otro gallo canta cuando hablamos de empresas, esos entes en los que dejamos nuestros esfuerzos diarios. ¿Las empresas son digitales? Si fuera así, ya habríamos pasado la época en la que causa furor la transformación digital de la empresa. La realidad es que aún seguimos en ella e incluso algunos piensan que acabamos de entrar en ella.

Voy a ir analizando un poquito qué es eso de la transformación digital, a ver si logro aportar un poco de luz a este concepto complejo, multidimensional del que todos hablan tanto últimamente.

Comienzo por la primera palabra: TRANSFORMACIÓN. Cambio. Algo modifica sus características y se convierte en otra cosa. Los humanos somos paradójicos respecto a los cambios, pues individualmente somos curiosos de forma innata pero, a la vez, nos gusta tener cierta estabilidad a nuestro alrededor. Podría decirse que nos gustan las «transformaciones estables», o también podríamos decir que somos más bien de cambios «fácilmente asumibles».

Como personas podemos abrazar rápidamente los cambios o las transformaciones. Seguro que tú también puedes hablar de la transformación que efectuaste cuando te casaste, o cuando te mudaste de casa, o cuando nacieron tus hijos, o cuando cambiaron de trabajo. Pero, ¿somos tan flexibles cuando estamos dentro de un grupo?¿Nuestra familia ha cambiado mucho o sigues celebrando la Navidad de la misma forma?¿Sigues contando las mismas anécdotas con los amigos del instituto más de 20 años después?

Las empresas son grupos de personas con un objetivo en común. Es fácil de verlas desde ese punto de vista imaginando que, durante el próximo mes, nadie va a trabajar. ¿Aún así existiría la empresa? Imposible. La actividad empresarial es la suma de voluntades personales, cada una con diferentes motivaciones, pero todas con una meta común que consiste en la persistencia del grupo y de la actividad conjunta.

Entonces, mirando la empresa como un grupo de personas, ¿cómo aceptan la transformación?¿Suelen ser las empresas ambientes en los que florezca y se abrace el cambio?O, más bien, los esfuerzos se centran en mantener las cosas como están.

Sigo ahora por la segunda palabra: DIGITAL. Relacionado con números, con teclas, con tecnología. Lo contrario de analógico. Casi opuesto al papel y a la tiza. Lo digital está en todos lados, nos invade, nos ha calado hasta los huesos en unas pocas décadas. Omnipresente.

¿Por qué estamos en la época de la transformación digital de las empresas?

Porque la transformación digital es más que comprar PC para todos de última generación, o poner una web molona y contratar a un community manager, o que todos tengamos un smartphone.

La transformación digital es, aunque no lo parezca, poner el foco en las personas.

¿Otra paradoja? Realmente no me lo parece. Te invito ahora a echarle un ojo al comportamiento de la generación Millennials. ¿Cómo suelen ser vistos por las generaciones de más edad? Te lo resumo en un pis-pas: egocéntricos, individualistas, volubles, incapaces de comprometerse…¿A qué achacamos ese comportamiento? A que son nativos digitales.

Bien, mi visión es que los millennials, al igual que otros muchos de otras edades que tienen comportamientos parecidos, se centran en las personas y en compartir. Por eso, dejan a un lado el «tener» (coche, casa, títulos) para centrarse en el «hacer» (contigo, conmigo, con la familia, con los amigos). En la comida en una oficina con unos cuantos treintañeros, la conversación gira en torno a lo que han hecho y con quién han estado haciéndolo, no sobre qué han comprado y qué harán con ello. Es irrelevante para ellos. Son 100 % digitales y todas sus conversaciones giran en torno a personas.

Lo repito de nuevo: lo digital pone el foco en las personas. Por ello, una trasformación digital debe cambiar la mentalidad de la empresa hacia las personas, dejando a un lado lo que la empresa tiene.

Y por esto es tan complejo iniciar una transformación digital. Porque las empresas llevan mucho tiempo centradas en productos, en activos, en procesos, en tareas y en objetivos. Ahora, es obligado mirar a las personas.

La visión de la empresa debe estar centrada en los clientes, en los empleados y en la sociedad. La tecnología y lo digital es un medio para conseguir facilitar la vida a las personas.

La estrategia de la empresa debe contemplar conocer en profundidad los conocimientos de los clientes (marketing y ventas), en desarrollar productos y servicios que les satisfagan (producto) y les lleguen en tiempo y forma (operaciones), atendiendo a sus consultas (atención al cliente). Además, la empresa debe estar también dirigida hacia sus empleados y retener el talento necesario para que todos los procesos anteriores también estén centrados en las personas.

Por tanto, el foco de la transformación es orientarse a las personas y la herramienta es la tecnología, lo digital.

Ahora creo que ya está claro lo que es la transformación digital, ¿verdad? En el próximo post desgranaré cuáles son los principales conceptos y herramientas necesarios para poder aterrizar la transformación y conseguir el objetivo.

Hablaré de:

1. Innovación y Tecnología: Visual Thinking, Design Thinking, Agile, Scrum, Lean, Canvan, IoT, Blockchain, Herramientas (CMS, Apps, geolocalización…), Cloud computing, CRM, ERP, CEM, pago móvil, Producto digital, etc.

2. Talento y liderazgo: Coaching ejecutivo, Talento Digital, Knowmad, Reputación digital, Equipos de alto rendimiento,

3. Marketing Digital: Customer experience, UX, Inbound marketing, Contenidos, SEO, SEM, Retargeting, Cross-media, Storytelling, Indoor maping, Customer journey…

4. Estrategia y Analytics: Big Data, Customer analytics, Business Intelligence, Machine learning, Model Canvas, BSC y Dashboards, Cyberseguridad, e-commerce…

Espero que os parezca interesante. 🙂

 

Tú, como persona, eres más que tu rol profesional

Esperamos de un bombero que sea una persona bondadosa, generosa y orientada a la ayuda. De un guardia civil que sea honesto, obediente, dispuesto a luchar contra el mal a cada minuto de su vida y con un fuerte sentido del deber y de la patria. Creemos que una enfermera es protectora, cariñosa, amable, con una fuerte vocación y dispuesta a ayudar al prójimo.

Sin embargo, mi colega Juan, bombero de toda la vida, es un tío normal y corriente, que paga sus rondas los sábados por la noche, pero no especialmente generoso. Manuel es un tío serio y obediente, puede que el mejor guardia civil que haya conocido, y también ve cómo se cometen infracciones delante de sus narices cuando está de paisano y hace lo mismo que todos los demás: nada. Berta es una gran profesional y cura como nadie, muy amiga de sus amigos y con una gran vocación, pero pocas personas resaltaremos como sus puntos fuertes el que sea muy cariñosa y amable.

Son unos pocos ejemplos de cómo encasillamos a las personas por sus roles profesionales casi todos los días y cómo, ese hecho, hace que no nos paremos a pensar en la persona más allá del profesional. Ni siquiera nos importa eso cuando un bombero acude a un accidente a sacar a alguien atrapado en su vehículo (estamos seguros de que es una buena, buena buenísima persona); cuando el guardia civil nos para en nuestro viaje por un control de seguridad («Menudo capullo, ¡es que no tiene otra cosa que hacer!») o cuando miramos con ojos de cordero degollado a la enfermera después de habernos roto un dedo.

Conclusión: vemos lo que queremos ver y confundimos el rol con la persona. Además, por si fuese poco, el rol también está influido por el género.

¿Habrías confiado igual que en Juan, el bombero, si hubiese sido una Sonia la que hubiese acudido al accidente?¿Habrías soltado los mismos improperios (en tu mente) si Ana es la que te para en un control de alcoholemia? ¿Verías a Antonio (con 100 kg y 1,95 m) como alguien cariñoso y amable si es el que te tiene que poner el enema?

En nuestra vida profesional vemos a los demás de forma distorsionada por su rol profesional y, además, ellos nos ven así a nosotros. Este hecho complica las cosas especialmente cuando los roles implican comportamientos muy diferentes a los que realiza la persona fuera de su trabajo. Como cuando un artista, al que se le presupone una persona agradable, simpática, accesible, sensible y llena de amor por sus fans es capaz de dar una mala contestación (incluso un guantazo) a un fan que invade su vida personal. O cuando un jefe, al que cada día se le ve preocupado por las tareas, los presupuestos, la imagen de la empresa y los horarios, te lo encuentras en el bar de la plaza de su pueblo con su familia y amigos, en chancletas y camiseta de los Guns, partiendo el filete a sus hijos pequeños y riéndose a mandíbula batiente.

Ni tú, ni yo, ni nadie, somos realmente tal y como se puede inferir del rol que adoptamos en nuestro trabajo. Lo inteligente sería no dejarnos cegar por ello, ¿verdad?

 

Que no se me olvide dar las gracias

Hace 24 años que comencé a ganar dinero por mi cuenta y casi no me queda nada para los 40.

Recuerdo bien cuando aún me decían «Necesitas coger experiencia, aún eres una nena» y he llegado volando a mil por hora al «esta startup tiene gente bastante mayor, ¿verdad? no es lo normal que la mitad de la plantilla pase mucho de los 35».

¿Cuándo ha ocurrido esto?¿Que momento (breve, a mi parecer) es ese en la que tienes experiencia pero aún no eres «mayor»?¿Cuándo dura?¿5 segundos?

En fin, como la vida es como es y tampoco me parece muy productivo ponerme a romper lanzas sobre dónde se encuentra la juventud y lo bueno que es contar con experiencia, pues voy a aprovechar este artículo para dar las gracias a todas aquellas personas con las que he compartido viaje en mi vida profesional. Que no se me olvide dar las gracias también a los que me ayudaron en algún tiempo, aunque después también me hayan hecho daño, pues de los malos momentos también se aprende (y mucho). Soy una gran fan del aprendizaje, aunque a veces duele que te mueres.

Con 15 años me sentía rica cada fin de mes cuando pasaba los recibos por las clases de baile regional a los niños del concejo asturiano. Los sábados por la mañana pasaba 4 horas en Degaña bailando y cantando con otros 25 niños de entre 4 y 18 años. Para llegar hasta allí tenía 55 km de carretera de alta montaña desde mi casa. Habría sido imposible sin la ayuda de Francisco, el profesor de kárate con el que iba en el coche. Gracias, Fran.

Seguí dando clases a niños mientras estudiaba la ingeniería en Madrid. Gracias a la hermana de Ángel el de Ardaliz por ponerme como profe de su sobrino, y a muchos otros padres que confiaron en mí.

Mi primer trabajo con nómina llegó a través de Ana, también mientras estudiaba. Un currele de 24 horas de fin de semana en el Blockbuster de Usera. Soñaba con los VHS que alquilaba y ahí vi cómo llegaban los DVD y la PS2. No me acuerdo cómo se llamaba aquella jefa que teníamos. Aquello fueron los primeros euros que pude ahorrar para irme a vivir con Pepe. No puedo estar más agradecida, Ana.

Terminé la carrera y volvimos a Asturias. Mi título de Ingeniera de Montes tenía 3 semanas cuando me llamaron del Ayuntamiento para un puesto en la Agencia de Desarrollo Local. Ese ya era un «trabajo de verdad». Mi amigo Carlos ya trabajaba allí y además conocí a muchos más. José Ramón, David, Belén, Rubén, Ángel, Carmen, Nieves…Gracias a todos por lo bueno y por lo malo. Fue una época intensa en la que viví por primera vez lo que era estar en una oficina.  Gracias también a los Josés Manueles, a Samuel, a María José, a Mónica, a José María… A Joaquín «el de Cuervo» por enseñarme cómo funcionaba la Administración.

Trabajar en un Ayuntamiento no es lo mío. No por las personas, si no por el sistema burocrático. Lo dejé porque pensaba que me iba a quedar disecada allí. Me sirvió para darle alas al despacho de ingeniería. Un reto en el que tuvo un papel central mi querido Alberto G. Mangas. ¡Aprendí tanto contigo! Gracias 1000.

Dictinio me dijo «cómo se hacía un EPIA a la asturiana». Gracias, no tenía ni idea en aquel momento. El cliente era Roberto, al que doy las gracias por la confianza en mí en aquellos tiempos en los que era una ingeniera muy muy junior. En mi carrera en el sector forestal no puedo dejar de agradecer a Alberto Fidalgo su compañerismo, ¿te acuerdas cuando coincidimos dando clase en Tineo?Hace un millón de años de aquello.

Yolanda, Manolo, Toni, Ana, Lucía, Alberto y resto de equipo de la consultora forestal con la que colaboré durante años: gracias. Celestino, por mostrarme el Colegio de Ingenieros en Asturias. Salvador…gracias por haber sido un referente profesional con el que sigo vinculado mucho más allá de la profesión que compatimos.

A Álvaro le doy gracias por los 8 años que pasamos codo con codo. Fue estupendísimo y nadie sabe la de kilómetros que nos metimos en el cuerpo por las carreteras asturianas. Para mí eres un pilar profesional. ¿A cuántos propietarios llegamos a conocer? Miles, y no es ninguna broma. Gracias a ellos también por su hospitalidad y por su franqueza. Fran, a tí, gracias por tu apoyo.

Con Alejandro, Ramón, Ángel, Carmen, Carmita, Antón, Miguel Ángel compartí tiempo alrededor del vino embarcados en un titanic. Gracias a esa experiencia me sumergí de lleno en el mundo de la empresa. Formación acelerada.

Ana, Mario, Félix, Miguel Ángel, Javier, Juan Carlos, Fran, Fito, Mario, Luismi, Jorge…Momentos buenos al principio y de las mayores dificultades a las que me he enfrentado profesionalmente al final. Aprendí mucho de, con y por vosotros. Fue duro de narices, pero me quedo con la idea de que mereció la pena. De e-TECMA LEARNING ya no queda nada, pero marcó un antes y un después en mi carrera. Fue mi última iniciativa alrededor de la ingeniería. El final del final.

Necesitaba nuevos aires. Andrés, gracias por hacerme ver el mundo de la empresa desde otro punto de vista nuevo para mí. Me gustó tanto que comencé a andar ese camino. En Asturias me fue imposible, lo que me volvió a orientar a Madrid.

Clemente, gracias por acompañarme en esos tiempos de cambio en los cuales sabía adónde quería llegar, pero no cómo buscar el camino más rápido. Tiempos intensos con Joaquín, Ramón, Elena, Javier, Sergio, El Beli, Javier y más. Necesitaba saber más e ir más rápido y tú estuviste allí.

Con  José Antonio, Manu, Antonio, Roberto, Ernesto, Alfonso, Daniel descubrí a profesionalizar mi pasión por el análisis. Gracias por por seguir a mi lado y por abrirme puertas que sólo me dan alegrías. Aurora, no tendría tiempo suficiente en toda la vida para agradecerte todo lo que haces por mí.

Gracias a mi red de networking favorita: Dani, Manuel, Antonio, Isaac, Toñi, Julia, María Rosa, Javier, Josechu, Paloma, Alicia, Miguel Ángel, Jesús, Alfonso, Santi…por todos los madrugones que hemos compartido durante mogollón de tiempo.

Hace más de un año que tengo que dar las gracias a David por darme la oportunidad de llegar a dónde quería, a dónde veía desde Asturias que era donde quería estar. No tengo palabras para agradecerte este tiempo en el que nos estamos exprimiendo para cumplir el sueño que perseguimos.

Iván, tío, gracias por el día a día. Al resto del equipo…gracias por la paciencia, el esfuerzo, las ganas, la pasión. Nos vemos mañana!

 

Te escucho, porque quiero saber lo que tú sabes

quiero saber

Hablo mucho. Mogollón. Escucho bastante. Menos de lo que debiera. Dos orejas y una boca. Cómo cuesta recordar eso.

Las reuniones comen tiempo. Muchísimo. Reuniones 1 a 1. Reuniones de equipo. Reuniones con clientes. Reuniones de estrategia. Reuniones de planificación. Reuniones de evaluación. Reuniones comerciales. Reuniones técnicas. Nos reunimos y reunimos y hablamos y hablamos. Unos más que otros.

Transmitir conocimiento dentro de una empresa de forma eficiente es uno de los grandes retos cuando la organización crece muy rápidamente. Muchos cerebros se incorporan y están vírgenes en el modelo de negocio, en la estrategia, en el mensaje de marketing, en las labores de operaciones…Mucho por aprender y poco tiempo para ello. La cuadratura del círculo.

Nos esforzamos por comunicar, por hablar, por escribir emails, por escribir por mensajería, por hacer reuniones, por exprimir el teléfono. Contar, contar, contar. Y, puede, es probable, seguro que sí….nos olvidamos de escuchar.

¿Qué es lo que espera la persona que tengo delante y que acaba de entrar en la empresa?¿Por qué cree que está aquí?¿Cuál es la pequeña parte del todo que puede visualizar los primeros días? Los que estamos dentro desde hace tiempo, no tenemos ni idea de eso. Damos muchas cosas por sentado. Esperamos «lo obvio» sin decirlo claramente (al menos tan claramente como pensamos).

Conseguir que un grupo de personas creciente se comporten como un sólo cerebro, como un solo organismo trabajando al unísono, parece ciencia ficción. Al principio recuerda a un Frankenstein donde cada parte del cuerpo tiene un origen y se le obliga a comunicarse con las demás para llevar a cabo una tarea tan básica como andar, como hablar, como girar la cabeza al oír un ruido.

La transmisión del conocimiento no debe consistir sólo en hablar y contar. Debemos contemplar otras formas de comunicación que sean efectivas y, sobre todo, que ayuden a orientarnos hacia el foco de forma precisa, como hace un girasol cada uno de sus días.

Escuchar también es transmitir: valores, cultura, saber hacer, saber esperar, saber pensar.

Por más que me cueste, prometo escuchar más. Porque quiero saber lo que tú sabes.

 

La cultura de tu empresa puede matarte en vida

cultura adhocrática

Llegas un día a la oficina y tu jefe te dice que, a partir de ahora, eres completamente autónomo para decidir hacer lo que quieras. También te dice que estarás en contacto con otras personas que realizan la misma actividad que tú u otra totalmente diferente, pero la cuestión es que tienes que estar dependiendo de ellas para realizar tu trabajo y que la comunicación es vital para que se vean los progresos.

Ante esta situación puedes comportarte de varias formas:

a) Dedicarte a hacer lo que realmente quieres hacer todo el día, que se parece mucho a NADA. Tienes claro que, si nadie te dice lo que tienes que hacer, es que realmente no hay nada que hacer. Respecto a eso de estar comunicado con otros…¿Qué se pensarán?¿Que voy a contarle mis trucos a mis compañeros para que hagan su trabajo mejor?¿Alguien me ha tomado por tont@?¿Y que piensan que voy a hablar con los de otro departamento?¿Del tiempo?

b) Te alegras de poder tomar tus propias decisiones y aprovechas para mejorar tu forma de hacer tu trabajo, porque algunos procedimientos lo único que hacían era entorpecer. Además, aprovecharás al máximo la comunicación con tus compañeros para preguntarles cómo poder mejorar. Desde luego, la opción de estar comunicado directamente con colegas que desarrollan otros tipos de trabajo tiene que resultar enriquecedor, pues vas a poder aprender muchísimo.

Seguramente tienes claro lo que harías. ¿Cómo vas a comportarte de la forma descrita en a)? Está claro que no eres un mal profesional.

Sin embargo, no todo es blanco y negro.

Imagínate ahora que trabajas en una empresa en la que tienes que fichar con un margen de 5 minutos cada día. Entras en un gran espacio con muchas personas haciendo «cosas», porque realmente no tienes ni idea de a qué dedican su tiempo. Te quedó claro el primer día que mejor ni preguntar. Tu responsable te dijo dónde estaba tu sitio y cuál era tu tarea concreta, dando por supuesto todo. Después de una formación express te dejó en tu puesto aislado, solitario. Las personas que tenías alrededor no levantaron la cabeza de lo que estaban haciendo. Tú mirabas hacia todos lados buscando una sonrisa amiga a quién preguntarle dónde estaba la impresora y a qué hora se comía allí. Nadie parecía percatarse de tu presencia. Volviste a revisar el puesto de trabajo y a leer el Manual de Bienvenida, que consistía en un montón de «buenas prácticas» a llevar a cabo. Demasiado largo, demasiado aburrido. Te volcaste hacia tu herramienta de trabajo, tal y como te dijo el jefe al que habías visto durante un ratito. Todo dirigido y «capado». Desde ese momento te quedó claro que esto era un «sálvese quien pueda», y así llevas los últimos cinco años.

¿Quién no se comportaría de forma «poco profesional» cuando se encuentra en una cultura de empresa con una estructura rígida, que no provee de apoyo a sus trabajadores y donde lo importante es «no salirse de lo encomendado»?

Mi primer trabajo como ingeniera fue en la Administración. Mi primer día de trabajo, un compañero (que era además amigo de la infancia) me dio un consejo: «No trabajes tanto, que vas a terminar hoy mismo toda la tarea». Recuerdo aquellas palabras porque tuvieron en mí un efecto demoledor: darle una paliza a mi enorme pero frágil motivación de novata.

La cultura de la empresa es poderosa y capaz de aplastar la mayor de las ilusiones y de las motivaciones. Pero también puede fomentar la creatividad y la innovación, haciendo que los empleados aporten lo mejor de sí mismos y entrando en una espiral virtuosa ascendente de bienestar y eficiencia.

Mucho se ha investigado sobre la influencia de la cultura organizacional sobre la innovación y la capacidad de adaptarse a este entorno rápidamente cambiante que es el mundo actual. Menos es lo que se ha investigado sobre el impacto del liderazgo auténtico sobre la cultura de la empresa.

Cuando una empresa nace, la persona que la funda influye de una forma determinante en la cultura organizacional. De hecho, es realmente su forma de liderazgo lo que marca cómo es y cómo será esa cultura. Si es una persona hábil en entender la importancia de la adaptación y la innovación como factores fundamentales para la supervivencia y crecimiento de la empresa, intentará rodearse de personas que tengan la misma forma de ver la empresa. De esta manera, esta cultura orientada a la flexibilidad, a la innovación, a la autenticidad y al apoyo entre personas se refuerza.

El liderazgo auténtico busca y atrae al liderazgo auténtico. Está tan seguro de sí mismo que no se ve afectado porque otras personas tengan esas mismas habilidades. ¿Cuáles son? Autoconsciencia al conocer las propias capacidades y limitaciones y cómo éstas afectan a los demás; toma de decisiones equilibrada, siendo capaz de separar la información relevante de la no relevante y  analizándola para tomar las decisiones óptimas en el momento oportuno; transparencia en las relaciones con los demás, mostrando sus verdaderos pensamiento y emociones y permitiendo que los demás también los muestren; y una forma de ver el mundo honesta y ajustada a sus valores morales.

Un auténtico líder muestra esperanza, honestidad, emociones positivas, transparencia y relación entre sus pensamientos y actos, orientándose hacia el futuro de una forma ética e íntegra. Es capaz de motivar y guiar a los colaboradores proporcionando apoyo, lo que aumenta la satisfacción e implicación de todas las personas del proyecto.

Cuando trabajas bajo una cultura organizacional en la que líderes auténticos pueden expresarse, seguro que te comportarás de la forma descrita en la opción b) del principio de este texto. Sin dudas, sin reparos, sin rencores. Porque será lo que estés deseando hacer.

 

Ganar al ayudar a ganar

ayudar a ganar

Siempre nos quedamos con la idea de que, para que alguien gane, necesariamente alguien tiene que perder. ¡Qué error!

Esta semana estuve reunida, por separado, con dos profesionales del sector comercial. Uno es una persona de cincuenta y tantos que ha conseguido un gran patrimonio a lo largo de su carrera, seguro de sí mismo y de sus capacidades para sobrevivir bajo cualquier circunstancia laboral. Sabe que, pase lo que pase, saldrá adelante. El otro es un chaval de casi treinta intentando abrirse paso en un sector muy competitivo. Como principales herramientas utiliza sus férreas ganas por vivir mejor (entiéndase como mejora económica) y su orientación hacia los objetivos. Está convencido de que podrá superar cualquier circunstancia adversa a la que se enfrente.

Así descritas estas dos personas y sus capacidades, parece que la segunda llegará a dónde está la primera, tan sólo los separan un par de décadas de devenir profesional. Sin embargo, mirando un poco más allá, lo que realmente ocurre es muy muy diferente.

Antonio, la primera persona descrita, es un comercial con 30 años de experiencia. En ese tiempo su esfuerzo ha sido construir y, sobre todo, mantener, una amplísima red de contactos, su capital social. Cuando habla de su trabajo dice que el dinero es secundario, que lo que hace es divertirse. Disfruta conociendo gente y ofrece su ayuda enseguida a quien se le pone delante. Se esfuerza por conocer a todo el mundo. Relata con una mezcla de sorpresa y a la vez de orgullo cómo ha creado un par de empresas «casi sin querer», porque comenzó a hacer algo que le gustaba y luego, «la gente» comenzó a pedirle que lo siguiese haciendo de forma profesional. Ahora tiene decenas de empleados y sus empresas son punteras en un sector. Su crecimiento es exponencial y su clientela fiel recomienda a sus contactos, convirtiéndose en casi su única estrategia de marketing.

A los casi 30 años Borja ha trabajado ya en unas cuantas empresas. Ahora está en un sector que «no es lo suyo», pero cree que, «si aguanta lo suficiente», pues llegará a hacer bastante dinero. Está absolutamente orientado a objetivos y se esfuerza por alcanzarlos y demostrar que es el mejor comercial que se ha visto. Cuando habla, menciona contratos, recursos y, por supuesto, dinero. Trabaja solo y es muy competitivo. Incluso relata cómo se enfada cuando cree que los demás no tienen el nivel de excelencia que él cree tener. Está convencido de estar en la senda adecuada para contar con un buen patrimonio antes de los 40. Se va a comer el mercado. No, lo va a devorar.

Antonio y Borja no tienen nada que ver y, esto lo tengo claro, Borja no va a llegar a tener lo que quiere, que es lo que atesora Antonio. ¿El motivo? Su estrategia no es la adecuada porque no está orientada a las personas.

Podrás tener lo que quieras en la vida si consigues ayudar a las suficientes personas a conseguir sus propios objetivos.

Esta frase, que leí también esta semana por primera vez, es el mantra de Antonio, aunque puede que no lo haya verbalizado en su vida. Tiene claro, clarísimo, que su plan de pensiones es su red de contactos. Y la cuida, la mima, trabaja cada minuto de su vida para ella. Y eso le devuelve resultados. Además de vivir feliz (es un tío alegre, de sonrisa fácil, que disfruta con lo que hace), se siente seguro. Su modo de ver la vida es Win-Win. Tiene claro que para ganar tiene que ayudar a ganar.

[bctt tweet=»Si tú ganas, entonces yo gano.»]

Sin embargo, Borja aún no se ha dado cuenta de eso (y puede que nunca llegue a saberlo, incluso), así que va por la vida compitiendo con todo el que se cruza. No crea relaciones, sino que las destruye, pensando en una ecuación de suma cero donde uno gana y otro pierde. Win-lose.

Conozco a Antonio y a Borja porque tenía que decidir con quién quiero trabajar. Seguro que adivinas cuál fue mi preferencia.