¿Qué tienen en común un escalador y una fotógrafa?¿Y un inversor de alto riesgo y un arquitecto?¿Y una diseñadora gráfica con un contable? Que están conectados y orientados a ayudarse mutuamente para sacar adelante sus negocios. Es lo que ahora se llama networking.

Cuando eres de un pueblo pequeño y remoto en una zona periférica de una región periférica, todo el rato estás haciendo networking. Aunque no tengas ni idea de la moda que va dejando palabros anglosajones como este “networking”, lo único que haces es navegar en esa red social que empaña tu vida profesional y tu vida laboral. Porque todo se entrecruza y todo es lo mismo, con las mismas personas. Net, net, net, para trabajar y para vivir.

En una gran ciudad es diferente. La red social se dispersa, se hace frágil y tenue. Los amigos son los del colegio y los de la Universidad. Éstos no tienen conexión con los colegas del trabajo, y la familia va por otro lado. Los mundos personales, profesionales y familiares no se suelen cruzar. Incluso algunas personas están aisladas dentro de la conexión con otras, como cabos sueltos. Eso me resulta incluso preocupante, pues podría darse el caso de que no me enterase del fallecimiento de una persona con la que colaboro todos los días, incluso considero mi amiga. Pero…si algo fatal ocurriese, ¿cómo podría enterarme? Nadie de su entorno me conoce, ni nadie del mío tiene relación alguna con el suyo.

Hacer redes fuertes supone crear grupos con vida propia, con las personas cada vez más entrelazadas entre sí. También hacerlas más amplias, de forma que no queden cabos sueltos de los que podrías no enterarte incluso de un desenlace fatal.

Los grupos sociales son, a la vez, complejos de manejar y fáciles de entender. Las personas que los forman tienen que tener un objetivo en común, unas tareas definidas y medios de comunicación entre ellos. Cuando el objetivo cae, el grupo cae y los individuos vuelven a ser personas que persiguen sus propios objetivos, dejando a un lado las metas colectivas. Llega el derrumbe y el trabajo previo se disuelve.

Conectar ideas es conectar personas. Es dotar a las personas de una visión compartida, de un objetivo atractivo, de una meta en común. Conectar ideas conlleva definir tareas para avanzar en el camino. Conectar ideas implica comunicarse, trasmitir y organizar.

Mientras se conectan ideas, las personas se enlazan entre sí de forma más fuerte, posibilitando la creación de algo mayor que los individuos por separado. 1+1=3

La tecnología permite conectar personas de muchas formas. Las más duraderas son las que promueven también la conexión personal, el conocimiento del que tienes enfrente, el desarrollo de la empatía con el otro. Y eso surge cuando se trabaja sobre ideas, sobre metas, sobre sueños.

Hace unos días hablé de la importancia de conectar ideas aparentemente inconexas. Hoy no podía dejar escapar la oportunidad de hablar de personas. Ideas y personas.