Conocer a otras personas

Todas las semanas hago por conocer a unas cuantas personas nuevas. Me genera mucha curiosidad el saber qué pasa por la mente de otras personas y creo que esa es la mejor forma de saberlo: conociéndolas en persona y escuchando.

Nos vemos en cafeterías, a veces comiendo. Normalmente cara a cara. Un@ a un@. Me gusta eliminar elementos distractores y centrarme en la persona que tengo delante. Oír, escuchar, absorber.

En muchas ocasiones encuentro una conexión clara, que supongo que ya existía de forma previa antes de vernos en ese lugar. Con esas personas el ritmo de la comunicación es fluido, el tono alegre y mi curiosidad por conocer su historia se acrecienta a cada minuto. Quiero saber cómo ha sido su vida, qué es lo que le ha llevado hasta ese momento y qué es lo que le motiva y lo que le gusta. Cuando hay conexión, la otra persona también quiere saber eso de mí, y entonces empieza ese baile de preguntas y escuchas que hace que el tiempo se pase volando. Tan sólo hacen falta un par de horas para saber si esa persona formará parte de mi vida en el futuro. Y lo mejor de todo es cuando realmente ocurre eso y pasa el tiempo. Entonces echas la vista atrás y recuerdas cuando os conocísteis, que fue hace tan sólo un par de años, pero que te parece que fue hace toda una vida porque puedes compartir los pensamientos tal y como te llegan.

En otras ocasiones, las menos, la conversación es menos fluida y la comunicación se entrecorta, como la radio cuando atraviesas montañas y se pierde la señal. En esos casos, tras la despedida, la relación se queda eternamente en el estado de superflua cordialidad.

Tengo la enorme suerte de conocer a personas muy interesantes que llegan a significar en mi vida, formando parte de ella y proporcionándome grandes momentos de gratificación. Ya dice Martin Seligman, psicólogo especializado en la Felicidad, que las personas somos felices cuando llenamos nuestra vida de gratificaciones y no ponemos tanto ahínco en los placeres.

Procuro mostrar a las personas que me rodean el gran sentido que tiene para mí el que sigan formando parte de mi vida. Porque quiero disfrutar de una gran vida. Porque soy consciente de que sólo tengo una.

Dicho esto. Si quieres, nos tomamos un café (descafeinado, con leche de soja y en vaso para mí).

 

¿Qué es la transformación digital de las empresas? (III): Marketing phygital

Te prometo que fue hace poco tiempo cuando oí la palabra «phygital». Tuve que pedir explicaciones sobre ella. Al oírla la primera vez, no me vino nada familiar a la mente.

Es verdad que el marketing se va complicando más y más. Por ejemplo, ¿el marketing digital es aquel que sólo nos impacta cuando estamos frente a la pantalla de un smartphone? Entonces, ¿cómo se llama entonces un folleto? Claro, marketing offline. ¿Y cuando escaneamos un QR de un folleto? Ahí ya nos entran las dudas entre la diferencia entre lo físico (el papel) y lo digital (la url a la que apunta el QR. Bien, justo eso es el marketing phygital. El marketing físico y el digital, el ON y el OFF de hace tiempo.

La realidad es compleja y, los gurús del marketing, no dejan de inventarse conceptos y palabras cada vez más sofisticadas para poder adaptarse a esa realidad que no para de crecer, retorcerse e involucionar. Se me vienen a la mente Customer experience, UX, Inbound marketing, SEO, SEM, Retargeting, Cross-media, Storytelling, Indoor maping, Customer journey…

¿Hay alguna forma de simplificar y no añadir más leña al fuego? Voy a intentarlo. Me gustaría saber tu opinión sobre el resultado.

Mi propuesta de simplificación se basa en entender cómo las personas percibimos nuestro entorno, pensamos, sentimos y actuamos. El orden no es banal y es justo ése: percibir, pensar, sentir y actuar. Además, todas estas acciones ocurren en un entorno social que lo empaña todo.

Imagina que, en lugar de ser una persona que trabaja en una empresa, la empresa se convierte en una persona. Con eso en mente, es cuando interactúas con la persona a la que quieres vender algo. ¿Qué es lo que harías? Es sencillo: harías lo mismo que ya haces cuando eres tú mismo y quieres algo de otra persona (amor, sexo, dinero, alegría, compañía, admiración, etc). Exactamente lo mismo.

Tu objetivo es enamorar a una persona que te guste, que quieras pasar el tiempo con ella y que sea recíproco.

Vas a buscarla a lugares en los que hay otros que también buscan pareja y que son receptivos. Te vistes de la forma adecuada porque quieres dar una buena impresión. Piensas en qué motivaciones podrá tener para estar allí y en qué temas de conversación será los que más le interesan. Vas. Entras. Miras a tu alrededor y descubres a una persona que te gusta. Afinas el tiro y buscas tácticas de acercamiento. No quieres que se lleve una impresión adecuada. Buscas algo en común. Tiene un Samsung Note 8 en la mano. Te gusta dibujar. Puede que ese sea un buen tema para comenzar. Te acercas con cautela. No quieres asustar y que se ponga a la defensiva. A cada paso, practicas el discurso. Una sonrisa es lo mejor para romper el hielo. Preguntas si utiliza mucho el móvil para dibujar. Esperas reacción. Te dice que lo ha comprado justo por eso. Comenzáis a hablar. Pasáis un rato charlando. Te dice que se tiene que ir. Le ofreces conectar por LinkedIn. O que te diga su teléfono y luego le escribes un Whatsapp. Puede que tengáis a alguien en común en Facebook. Si no, el próximo día podemos vernos en este mismo sitio. Está bien. Podemos cenar aquí. El local tiene buena puntuación. ¿El jueves a las 21:00 h? Llegas a casa con una sonrisa en la cara. Le pones 5 estrellas al local en Tripadvisor y comentas lo feliz que eres en Twitter.

¿Qué es la transformación digital de las empresas? (II) Innovación y tecnología

En el anterior post senté cátedra diciendo que la transformación digital pone el foco en las personas. Supongo que esa tajante afirmación habrá generado alguna pregunta del estilo: «vaya, muy bien, pero…¿Cómo se aterriza eso?

Desde mi punto de vista, hay varias áreas en las que se aterrizan los conceptos de la transformación digital:

1. Innovación y Tecnología: Visual Thinking, Design Thinking, Agile, Scrum, Lean, Canvan, IoT, Herramientas (CMS, Apps, geolocalización…), Cloud computing, CRM, ERP, CEM, pago móvil, Producto digital, etc.

2. Talento y liderazgo: Coaching ejecutivo, Talento Digital, Knowmad, Reputación digital, Equipos de alto rendimiento,

3. Marketing Digital: Customer experience, UX, Inbound marketing, Contenidos, SEO, SEM, Retargeting, Cross-media, Storytelling, Indoor maping, Customer journey…

4. Estrategia y Analytics: Big Data, Customer analytics, Business Intelligence, Machine learning, Model Canvas, BSC y Dashboards, Cyberseguridad, e-commerce…

Hoy toca darle un repaso al primer punto: Innovación y Tecnología.

Me encanta el concepto de conceptualizar (¿es un metaconcepto?). Creo firmemente que ningún proyecto para el diseño de un buen producto se puede llevar a buen puerto sin una etapa de conceptualización en la cual la creatividad y las ideas fluyen, eso sí, siempre orientadas a las personas.

Imagina que tienes que diseñar un producto de éxito. Antes de ponerte a escribir un simple índice, necesitas pensar en la persona que quieres que lo va a utilizar para comprender sus motivaciones,  observar su comportamiento para ponerte en su lugar y que tu empatía conecte al 100 % con ese posible cliente. Una vez que estés en sus zapatos, serás capaz de definir las características que más resaltan de ese hipotético cliente al que quieres enamorar. Llegarás a conocer a esa persona como si fuera tu pareja, de forma de las ideas para crear el producto que le haga feliz comenzarán a llegar a tu mente sin problemas. Sabrás si le gusta la playa o la montaña, si quiere pasar las tardes en el sofá o de fiesta con cientos de personas…podrás entregarle el prototipo de regalo perfecto…y observarás sus gestos mientras lo desenvuelve, lo usa y disfruta (o no) con él.

El proceso que acabo de describir no es otro que el famoso Design Thinking, tan de moda en las startups y en el mundo de la innovación. ¿No te parece que es tan lógico y tan emocional que siempre debería ser así cuando se diseña un producto? Yo también creo que esta forma de encarar el diseño de producto aúna emoción y lógica. ¿Tiene algún «pero»? Te cuento: Podemos quedarnos atrapados en la eterna conceptualización hasta que nuestro producto sea tan maravilloso que el usuario se quede pasmado nada más verlo. En ese caso, ¿Hemos salido a tiempo al mercado o puede ser demasiado tarde?

Además de utilizar la innovación para idear productos maravillosos, debemos hacerlos en el plazo adecuado.

Imagina que tienes que construir la casa de los sueños de un cliente. Te encierras en tu estudio y acabas ideando un palacio. Será maravilloso, pero…¿cuántos recursos necesitas para poder llevarlo a cabo? Es importantísimo no perder el foco e irnos por los cerros de Úbeda. Debemos ser ágiles en proporcionar una solución satisfactoria y por ello se han desarrollado metodologías que permiten trabajar así: manteniendo la capacidad de reacción en el mercado, permitiendo que la creatividad fluya y que los equipos de desarrollo de producto sean más productivos. Si te interesa saber más acerca de esta forma de encarar los productos, tienes que conocer las metodologías Agile, como Scrum o Kanvan…

Seguro que ya te has dado cuenta de que han cambiado la forma de pagar en el McDonalds. Han puesto unos tótems en los cuales haces el pedido y pagas. ¿Has pensado alguna vez cuántas bocas abiertas veían los trabajadores de un restaurante McDonalds mientras la gente miraba el panel con los menús? Creo que debieron ser tantas y tantas, que han justificado la colocación de esos postes para que te puedes quedar pasmado sin problemas eligiendo entre patatas y queso mientras que la cola del mostrador fluye generando ingresos, ingresos, ingresos…

Las opciones que ofrecen los pagos móviles, las apps e Internet de las Cosas (IoT) permiten que el usuario pueda interactuar con la marca en cada vez más lugares. Las compras no han quedado reducidas a una tienda física y a seguir una cola delante del TPV. Seguro que has oído de tiendas en las que no tienes que pasar por caja y aquellas en las que estás en todo momento geolocalizado. ¿Es el límite la imaginación? Algunos avances ya superan mi imaginación, eso está claro.

Y, mientras, en las empresas, cada vez las herramientas se vuelven más inteligentes y permiten aumentar el conocimiento del usuario y la productividad del empleado. Me quedo con una frase de la película Sabrina, en la que Julia Ormond (Sabrina) habla con Harrison Ford (Linus). Él le está diciendo que tiene un helicóptero para no emplear tanto tiempo en el trabajo. Ella, cándidamente, le pregunta: «¿Y qué haces con el tiempo que ganas?». Obviamente, la cara de Harrison Ford es la misma que acabas de poner. Seguramente tú, igual que Harry y que yo, empleamos el tiempo que nos ahorran las herramientas tecnológicas que nos permiten ser más productivos en trabajar más.

La transformación digital es poner el foco en las personas. El cliente y el empleado son los protagonistas. Seremos capaces de obtener más dinero de los clientes y productividad de los empleados. Pero…recuerda que tú siempre eres un empleado de alguien y un cliente de otros. ¿Eres consciente de que eres el objetivo? ¿Cómo te hace sentir? Cuando quieras, hablamos de ello.

 

 

 

 

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  • 10 septiembre, 2017

¿Qué es la transformación digital de las empresas? (I) Poner el foco en las personas

Todo el día colgada del móvil (como tú) y frente al PC (como tú). ¿Ya somos digitales? Puede que sí, pese a haber nacido antes de los 80, pienso que soy (como tú) tan digital como cualquiera.

Todos somos cada vez más digitales, y a unos les cuesta más que a otros. Pero parece que otro gallo canta cuando hablamos de empresas, esos entes en los que dejamos nuestros esfuerzos diarios. ¿Las empresas son digitales? Si fuera así, ya habríamos pasado la época en la que causa furor la transformación digital de la empresa. La realidad es que aún seguimos en ella e incluso algunos piensan que acabamos de entrar en ella.

Voy a ir analizando un poquito qué es eso de la transformación digital, a ver si logro aportar un poco de luz a este concepto complejo, multidimensional del que todos hablan tanto últimamente.

Comienzo por la primera palabra: TRANSFORMACIÓN. Cambio. Algo modifica sus características y se convierte en otra cosa. Los humanos somos paradójicos respecto a los cambios, pues individualmente somos curiosos de forma innata pero, a la vez, nos gusta tener cierta estabilidad a nuestro alrededor. Podría decirse que nos gustan las «transformaciones estables», o también podríamos decir que somos más bien de cambios «fácilmente asumibles».

Como personas podemos abrazar rápidamente los cambios o las transformaciones. Seguro que tú también puedes hablar de la transformación que efectuaste cuando te casaste, o cuando te mudaste de casa, o cuando nacieron tus hijos, o cuando cambiaron de trabajo. Pero, ¿somos tan flexibles cuando estamos dentro de un grupo?¿Nuestra familia ha cambiado mucho o sigues celebrando la Navidad de la misma forma?¿Sigues contando las mismas anécdotas con los amigos del instituto más de 20 años después?

Las empresas son grupos de personas con un objetivo en común. Es fácil de verlas desde ese punto de vista imaginando que, durante el próximo mes, nadie va a trabajar. ¿Aún así existiría la empresa? Imposible. La actividad empresarial es la suma de voluntades personales, cada una con diferentes motivaciones, pero todas con una meta común que consiste en la persistencia del grupo y de la actividad conjunta.

Entonces, mirando la empresa como un grupo de personas, ¿cómo aceptan la transformación?¿Suelen ser las empresas ambientes en los que florezca y se abrace el cambio?O, más bien, los esfuerzos se centran en mantener las cosas como están.

Sigo ahora por la segunda palabra: DIGITAL. Relacionado con números, con teclas, con tecnología. Lo contrario de analógico. Casi opuesto al papel y a la tiza. Lo digital está en todos lados, nos invade, nos ha calado hasta los huesos en unas pocas décadas. Omnipresente.

¿Por qué estamos en la época de la transformación digital de las empresas?

Porque la transformación digital es más que comprar PC para todos de última generación, o poner una web molona y contratar a un community manager, o que todos tengamos un smartphone.

La transformación digital es, aunque no lo parezca, poner el foco en las personas.

¿Otra paradoja? Realmente no me lo parece. Te invito ahora a echarle un ojo al comportamiento de la generación Millennials. ¿Cómo suelen ser vistos por las generaciones de más edad? Te lo resumo en un pis-pas: egocéntricos, individualistas, volubles, incapaces de comprometerse…¿A qué achacamos ese comportamiento? A que son nativos digitales.

Bien, mi visión es que los millennials, al igual que otros muchos de otras edades que tienen comportamientos parecidos, se centran en las personas y en compartir. Por eso, dejan a un lado el «tener» (coche, casa, títulos) para centrarse en el «hacer» (contigo, conmigo, con la familia, con los amigos). En la comida en una oficina con unos cuantos treintañeros, la conversación gira en torno a lo que han hecho y con quién han estado haciéndolo, no sobre qué han comprado y qué harán con ello. Es irrelevante para ellos. Son 100 % digitales y todas sus conversaciones giran en torno a personas.

Lo repito de nuevo: lo digital pone el foco en las personas. Por ello, una trasformación digital debe cambiar la mentalidad de la empresa hacia las personas, dejando a un lado lo que la empresa tiene.

Y por esto es tan complejo iniciar una transformación digital. Porque las empresas llevan mucho tiempo centradas en productos, en activos, en procesos, en tareas y en objetivos. Ahora, es obligado mirar a las personas.

La visión de la empresa debe estar centrada en los clientes, en los empleados y en la sociedad. La tecnología y lo digital es un medio para conseguir facilitar la vida a las personas.

La estrategia de la empresa debe contemplar conocer en profundidad los conocimientos de los clientes (marketing y ventas), en desarrollar productos y servicios que les satisfagan (producto) y les lleguen en tiempo y forma (operaciones), atendiendo a sus consultas (atención al cliente). Además, la empresa debe estar también dirigida hacia sus empleados y retener el talento necesario para que todos los procesos anteriores también estén centrados en las personas.

Por tanto, el foco de la transformación es orientarse a las personas y la herramienta es la tecnología, lo digital.

Ahora creo que ya está claro lo que es la transformación digital, ¿verdad? En el próximo post desgranaré cuáles son los principales conceptos y herramientas necesarios para poder aterrizar la transformación y conseguir el objetivo.

Hablaré de:

1. Innovación y Tecnología: Visual Thinking, Design Thinking, Agile, Scrum, Lean, Canvan, IoT, Blockchain, Herramientas (CMS, Apps, geolocalización…), Cloud computing, CRM, ERP, CEM, pago móvil, Producto digital, etc.

2. Talento y liderazgo: Coaching ejecutivo, Talento Digital, Knowmad, Reputación digital, Equipos de alto rendimiento,

3. Marketing Digital: Customer experience, UX, Inbound marketing, Contenidos, SEO, SEM, Retargeting, Cross-media, Storytelling, Indoor maping, Customer journey…

4. Estrategia y Analytics: Big Data, Customer analytics, Business Intelligence, Machine learning, Model Canvas, BSC y Dashboards, Cyberseguridad, e-commerce…

Espero que os parezca interesante. 🙂

 

Tú, como persona, eres más que tu rol profesional

Esperamos de un bombero que sea una persona bondadosa, generosa y orientada a la ayuda. De un guardia civil que sea honesto, obediente, dispuesto a luchar contra el mal a cada minuto de su vida y con un fuerte sentido del deber y de la patria. Creemos que una enfermera es protectora, cariñosa, amable, con una fuerte vocación y dispuesta a ayudar al prójimo.

Sin embargo, mi colega Juan, bombero de toda la vida, es un tío normal y corriente, que paga sus rondas los sábados por la noche, pero no especialmente generoso. Manuel es un tío serio y obediente, puede que el mejor guardia civil que haya conocido, y también ve cómo se cometen infracciones delante de sus narices cuando está de paisano y hace lo mismo que todos los demás: nada. Berta es una gran profesional y cura como nadie, muy amiga de sus amigos y con una gran vocación, pero pocas personas resaltaremos como sus puntos fuertes el que sea muy cariñosa y amable.

Son unos pocos ejemplos de cómo encasillamos a las personas por sus roles profesionales casi todos los días y cómo, ese hecho, hace que no nos paremos a pensar en la persona más allá del profesional. Ni siquiera nos importa eso cuando un bombero acude a un accidente a sacar a alguien atrapado en su vehículo (estamos seguros de que es una buena, buena buenísima persona); cuando el guardia civil nos para en nuestro viaje por un control de seguridad («Menudo capullo, ¡es que no tiene otra cosa que hacer!») o cuando miramos con ojos de cordero degollado a la enfermera después de habernos roto un dedo.

Conclusión: vemos lo que queremos ver y confundimos el rol con la persona. Además, por si fuese poco, el rol también está influido por el género.

¿Habrías confiado igual que en Juan, el bombero, si hubiese sido una Sonia la que hubiese acudido al accidente?¿Habrías soltado los mismos improperios (en tu mente) si Ana es la que te para en un control de alcoholemia? ¿Verías a Antonio (con 100 kg y 1,95 m) como alguien cariñoso y amable si es el que te tiene que poner el enema?

En nuestra vida profesional vemos a los demás de forma distorsionada por su rol profesional y, además, ellos nos ven así a nosotros. Este hecho complica las cosas especialmente cuando los roles implican comportamientos muy diferentes a los que realiza la persona fuera de su trabajo. Como cuando un artista, al que se le presupone una persona agradable, simpática, accesible, sensible y llena de amor por sus fans es capaz de dar una mala contestación (incluso un guantazo) a un fan que invade su vida personal. O cuando un jefe, al que cada día se le ve preocupado por las tareas, los presupuestos, la imagen de la empresa y los horarios, te lo encuentras en el bar de la plaza de su pueblo con su familia y amigos, en chancletas y camiseta de los Guns, partiendo el filete a sus hijos pequeños y riéndose a mandíbula batiente.

Ni tú, ni yo, ni nadie, somos realmente tal y como se puede inferir del rol que adoptamos en nuestro trabajo. Lo inteligente sería no dejarnos cegar por ello, ¿verdad?

 

¿Business Intelligence o Business Intuition?

Quedo con un amigo empresario cada 2 o 3 meses. La conversación suele girar en torno a los negocios. Él tiene un par de empresas de más de 100 empleados. Sus historias me sirven para aprender de su experiencia. A él le gustan las novedades, al menos conocerlas, por eso me pregunta cómo es trabajar en una startup y el mundillo en el que nos movemos.

Aunque el tema de conversación siempre es el mismo, el enfoque de cada conversación es diferente: un día hablamos sobre la gestión de personas, otro sobre financiación, otro sobre clientes, otro sobre viabilidad de modelos de negocio…pero, siempre, siempre, siempre, desde hace años, sale la siguiente pregunta por su parte: «A ver, y en eso tuyo de Business Intelligence…¿Qué es lo que haces concretamente?»

Haciendo la cuenta de la vieja, creo que he debido habérselo contado unas 20 veces, más o menos. Como la pregunta sigue invariablemente, he tenido que reflexionar acerca de varias cuestiones:

  • Mi capacidad sobre explicar adecuadamente para qué sirve Business Intelligence.
  • Su capacidad para fijar la atención durante mi explicación y asimilar lo que le estoy contando.

Dado que sé que mi interlocutor es un tío listo de verdad, y sé que es capaz de mantener su atención de forma continuada en temas áridos, lo que me queda es ser capaz de explicar mejor qué es Business Intelligence. Precisamente de ésto va este artículo. Espero tener suerte y lograr mi objetivo.

En los últimos años he conocido a muchos empresarios. Los mejores de ellos destacan por tener una gran intuición sobre los negocios. Son capaces de intuir, de sentir, de oler, de percibir, qué negocios son los que funcionarán, a qué precio hay que ofrecer los servicios, qué tipo de cliente serán los que los compren, dónde abrir los establecimientos…Son unos maestros del Business Intuition. Si lo comparamos con un arma en la batalla de los negocios, ellos tendrían un cañón y, con su experiencia y mirando a las tropas enemigas desde la almena, calcularían el ángulo adecuado para cubrir la distancia necesaria e impactar en su objetivo.

Claro, en esta metáfora estamos suponiendo que el mercado está a nuestra vista porque nosotros tenemos una posición privilegiada. Además, que se mueve muy lentamente, lo que nos da margen de maniobra. También estamos suponiendo que tenemos la fuerza suficiente como para introducir la bala de cañón en éste y luego mover semejante armatroste a tiempo.

Sin embargo, por lo que conozco del mercado actual, éste se mueve muy rápidamente, además, es tan grande que se pierde en el horizonte, por lo que no puedes saber si tu objetivo está en primera fila o en la retaguardia. Nosotros estamos también en el suelo, cortos de miras. No tenemos ninguna posición privilegiada. ¿Qué hacemos entonces?¿Quedarnos de brazos cruzados y esperar?

Mi solución sería intentar encontrar una tecnología de visión satélite y un misil de alta precisión. Con ambas herramientas tendría una visión precisa de la situación, calcularía exactamente las coordenadas del objetivo y las introduciría en el misil, que ejecutaría la estrategia.

Una vez vista la metáfora, puede que surja la pregunta…bueno, pero es que es más fácil encontrar un cañón que un misil. Eso depende de lo que estés buscando, ¿no? Si sólo buscas cañones, igual cuando te encuentras un misil lo confundes con otra cosa y pasas de largo porque no sabes reconocerlo. Eso sería un verdadero problema.

Volviendo a Business Intelligence y a su explicación, simplemente se trata de una herramienta para aumentar la precisión en la toma de decisiones y en la ejecución de las acciones derivadas de ellas. Se trata de buscar misiles de forma activa y utilizar los cañones sólo cuando seas incapaz de conseguir los primeros. Pero, ante todo, buscar misiles.

Esa búsqueda implica reflexiones basadas en evidencias. Por tanto, lo primero es buscar las evidencias y guardarlas como piedras preciosas. Busca datos y guárdalos, pero dirígete sólo a los diamantes y piedras preciosas. Si lo que encuentras es gravilla y zahorra, te aconsejo que vuelvas a redefinir tu búsqueda. Busca la mejor de las informaciones: concreta, exacta, fiable, válida. Guárdala en tu cofre del tesoro. Si la guardas en el sótano con los ratones, se te ensuciará y no verás tu tesoro relucir porque perderá su valor contaminado por suciedad.

Ya tienes tus piedras preciosas, ya tienes tu cofre del tesoro en la sala de la Moneda custodiado por los mejores guardias de tu ejército. Ahora ya puedes analizar tu tesoro y ver realmente lo que tienes y lo que no tienes. En tu cerebro comenzarán a fluir las ideas, volverá tu Intuición a trabajar (esa que tantas alegrías te ha dado) y comenzarás a pensar qué hacer con ese tesoro. Verás la posibilidad de conseguir la tecnología de visión satélite y el misil. Además, ya tienes claro a dónde tienes que apuntar para ganar.

Business = Business Intelligence + Business Intuition = B.I.

Lamento que mi explicación tenga un lenguaje demasiado bélico. Realmente creo que los negocios, además de para hacer dinero, están para divertirse. La próxima vez buscaré una metáfora ambientada en una fiesta.

 

La elección de no elegir

Mi hijo pequeño me preguntó: «Mamá, ¿Qué es lo que no se te da nada bien?». Le respondí lo primero que se me vino a la mente: «Hacer deporte, cariño». Él me dijo: «A mí se me da fatal elegir».

Cualquier adulto piensa que los niños de 7 años tienen poco que elegir cada día. Sin embargo, Miguel cree que él tiene que elegir mucho y, además, es consciente de la dificultad que ello conlleva.

Elegimos desde pequeños si nos gusta la tarta de galleta o la de almendra;

si preferimos jugar a las muñecas con niñas o a la pilla con los chicos;

si pasamos la tarde delante de la TV o vamos a la plaza;

si nos portamos bien en el cole o si nos gusta desafiar a los profes haciendo algo de lío;

si comemos los garbanzos sin rechistar o si peleamos por el filete;

si hacemos caso al macarilla que bebe a los 12 o si pasamos de él;

si nos volvemos locos por la moda o si tenemos nuestro propio estilo;

si elegimos letras o ciencias puras;

si estudiamos en nuestra ciudad o nos vamos a la capital;

si nos comprometemos jóvenes o nos gusta Peter Pan;

si creamos nuestra familia o nos rodeamos de amigos;

si criamos hijos o nos volcamos en el trabajo;

si ahorramos o viajamos;

si soñamos o nos acomodamos;

si somos felices o perseguimos la felicidad.

Aunque no queramos elegir, no nos queda otro remedio. De hecho, no elegir es una elección.

Nuestra vida es el resultado de nuestras decisiones aunque no seamos conscientes de ello. Mi hijo pequeño parece que lo ha aprendido pronto.

Que no se me olvide dar las gracias

Hace 24 años que comencé a ganar dinero por mi cuenta y casi no me queda nada para los 40.

Recuerdo bien cuando aún me decían «Necesitas coger experiencia, aún eres una nena» y he llegado volando a mil por hora al «esta startup tiene gente bastante mayor, ¿verdad? no es lo normal que la mitad de la plantilla pase mucho de los 35».

¿Cuándo ha ocurrido esto?¿Que momento (breve, a mi parecer) es ese en la que tienes experiencia pero aún no eres «mayor»?¿Cuándo dura?¿5 segundos?

En fin, como la vida es como es y tampoco me parece muy productivo ponerme a romper lanzas sobre dónde se encuentra la juventud y lo bueno que es contar con experiencia, pues voy a aprovechar este artículo para dar las gracias a todas aquellas personas con las que he compartido viaje en mi vida profesional. Que no se me olvide dar las gracias también a los que me ayudaron en algún tiempo, aunque después también me hayan hecho daño, pues de los malos momentos también se aprende (y mucho). Soy una gran fan del aprendizaje, aunque a veces duele que te mueres.

Con 15 años me sentía rica cada fin de mes cuando pasaba los recibos por las clases de baile regional a los niños del concejo asturiano. Los sábados por la mañana pasaba 4 horas en Degaña bailando y cantando con otros 25 niños de entre 4 y 18 años. Para llegar hasta allí tenía 55 km de carretera de alta montaña desde mi casa. Habría sido imposible sin la ayuda de Francisco, el profesor de kárate con el que iba en el coche. Gracias, Fran.

Seguí dando clases a niños mientras estudiaba la ingeniería en Madrid. Gracias a la hermana de Ángel el de Ardaliz por ponerme como profe de su sobrino, y a muchos otros padres que confiaron en mí.

Mi primer trabajo con nómina llegó a través de Ana, también mientras estudiaba. Un currele de 24 horas de fin de semana en el Blockbuster de Usera. Soñaba con los VHS que alquilaba y ahí vi cómo llegaban los DVD y la PS2. No me acuerdo cómo se llamaba aquella jefa que teníamos. Aquello fueron los primeros euros que pude ahorrar para irme a vivir con Pepe. No puedo estar más agradecida, Ana.

Terminé la carrera y volvimos a Asturias. Mi título de Ingeniera de Montes tenía 3 semanas cuando me llamaron del Ayuntamiento para un puesto en la Agencia de Desarrollo Local. Ese ya era un «trabajo de verdad». Mi amigo Carlos ya trabajaba allí y además conocí a muchos más. José Ramón, David, Belén, Rubén, Ángel, Carmen, Nieves…Gracias a todos por lo bueno y por lo malo. Fue una época intensa en la que viví por primera vez lo que era estar en una oficina.  Gracias también a los Josés Manueles, a Samuel, a María José, a Mónica, a José María… A Joaquín «el de Cuervo» por enseñarme cómo funcionaba la Administración.

Trabajar en un Ayuntamiento no es lo mío. No por las personas, si no por el sistema burocrático. Lo dejé porque pensaba que me iba a quedar disecada allí. Me sirvió para darle alas al despacho de ingeniería. Un reto en el que tuvo un papel central mi querido Alberto G. Mangas. ¡Aprendí tanto contigo! Gracias 1000.

Dictinio me dijo «cómo se hacía un EPIA a la asturiana». Gracias, no tenía ni idea en aquel momento. El cliente era Roberto, al que doy las gracias por la confianza en mí en aquellos tiempos en los que era una ingeniera muy muy junior. En mi carrera en el sector forestal no puedo dejar de agradecer a Alberto Fidalgo su compañerismo, ¿te acuerdas cuando coincidimos dando clase en Tineo?Hace un millón de años de aquello.

Yolanda, Manolo, Toni, Ana, Lucía, Alberto y resto de equipo de la consultora forestal con la que colaboré durante años: gracias. Celestino, por mostrarme el Colegio de Ingenieros en Asturias. Salvador…gracias por haber sido un referente profesional con el que sigo vinculado mucho más allá de la profesión que compatimos.

A Álvaro le doy gracias por los 8 años que pasamos codo con codo. Fue estupendísimo y nadie sabe la de kilómetros que nos metimos en el cuerpo por las carreteras asturianas. Para mí eres un pilar profesional. ¿A cuántos propietarios llegamos a conocer? Miles, y no es ninguna broma. Gracias a ellos también por su hospitalidad y por su franqueza. Fran, a tí, gracias por tu apoyo.

Con Alejandro, Ramón, Ángel, Carmen, Carmita, Antón, Miguel Ángel compartí tiempo alrededor del vino embarcados en un titanic. Gracias a esa experiencia me sumergí de lleno en el mundo de la empresa. Formación acelerada.

Ana, Mario, Félix, Miguel Ángel, Javier, Juan Carlos, Fran, Fito, Mario, Luismi, Jorge…Momentos buenos al principio y de las mayores dificultades a las que me he enfrentado profesionalmente al final. Aprendí mucho de, con y por vosotros. Fue duro de narices, pero me quedo con la idea de que mereció la pena. De e-TECMA LEARNING ya no queda nada, pero marcó un antes y un después en mi carrera. Fue mi última iniciativa alrededor de la ingeniería. El final del final.

Necesitaba nuevos aires. Andrés, gracias por hacerme ver el mundo de la empresa desde otro punto de vista nuevo para mí. Me gustó tanto que comencé a andar ese camino. En Asturias me fue imposible, lo que me volvió a orientar a Madrid.

Clemente, gracias por acompañarme en esos tiempos de cambio en los cuales sabía adónde quería llegar, pero no cómo buscar el camino más rápido. Tiempos intensos con Joaquín, Ramón, Elena, Javier, Sergio, El Beli, Javier y más. Necesitaba saber más e ir más rápido y tú estuviste allí.

Con  José Antonio, Manu, Antonio, Roberto, Ernesto, Alfonso, Daniel descubrí a profesionalizar mi pasión por el análisis. Gracias por por seguir a mi lado y por abrirme puertas que sólo me dan alegrías. Aurora, no tendría tiempo suficiente en toda la vida para agradecerte todo lo que haces por mí.

Gracias a mi red de networking favorita: Dani, Manuel, Antonio, Isaac, Toñi, Julia, María Rosa, Javier, Josechu, Paloma, Alicia, Miguel Ángel, Jesús, Alfonso, Santi…por todos los madrugones que hemos compartido durante mogollón de tiempo.

Hace más de un año que tengo que dar las gracias a David por darme la oportunidad de llegar a dónde quería, a dónde veía desde Asturias que era donde quería estar. No tengo palabras para agradecerte este tiempo en el que nos estamos exprimiendo para cumplir el sueño que perseguimos.

Iván, tío, gracias por el día a día. Al resto del equipo…gracias por la paciencia, el esfuerzo, las ganas, la pasión. Nos vemos mañana!

 

Una cápsula para meter tiempo

capsula del tiempo

Me siento tan libre que nunca me arrepiento de lo que hago, pues siempre estoy convencida de que actúo con total libertad, independientemente de si el resultado es bueno o malo. Esta forma de pensar me permite, incluso en las situaciones en las que la fastidio con matrícula de honor, pues no tener a nadie más que a mí misma a quién echarle la culpa.

Pero a veces me gustaría poder tener una cápsula para meter tiempo pasado. Me la imagino de cristal transparente, del tamaño de una botella de vino de esas donde los que tienen mucha paciencia incluso meten barcos pieza a pieza.

Para meter el tiempo dentro de esa cápsula tan sólo hay que pensar en el inicio de una situación y en el final. Y…tachán….la situación se quedará ahí dentro, congelada, como si fuera una niebla de colores que da vueltas, y ninguna de sus consecuencias saldrá de allí. Ese evento de mi vida ya no generará zombies que podrán aparecer en un futuro, cuando menos me lo espero.

De existir, creo que esas cápsulas serían carísimas y que todos tendríamos un par de estanterías con unas cuantas de ellas. Algunos puede que necesitásemos alquilar un almacén para meterlas todas. Podríamos ordenarlas cronológicamente, o por importancia, o por la tranquilidad que nos produce olvidarnos de zombies apestosos y putrefactos. Emplearíamos un buen rato en organizarlas para tenerlas bien a la vista.

En la vida real, una técnica psicológica para aliviar el nivel de tensión consiste en imaginar que coges los recuerdos y pensamientos que éstos crean y los metes en una bolsa que luego tiras al mar. Otra sólo permite rumiar pensamientos a ciertas horas del día en un intento de no darle vueltas a otros tiempos sobre los que ya no puedes actuar. Unas y otras técnicas lo que intentan es desvincular el presente del pasado en un intento por encapsular tu tiempo. Pero sólo el tuyo.

¿Y que pasa con el tiempo de la otra persona involucrada en la situación?  Me imagino que su tiempo debería también encapsularse automáticamente. ¿Hasta dónde afectaría eso a la memoria colectiva?¿Nos quedaríamos todos con nuestros recuerdos congelados?¿Seríamos mentes en blanco donde nuestros recuerdos estarían en estanterías y nuestros actos no tendrían memoria?

Lidiar con tiempos pasados en los que hiciste daño de alguna forma a otra persona es una de las cosas más difíciles a las que nos enfrentamos. Nuestro instinto social nos une y, a la vez, es la causa de los conflictos que nos separan y del sufrimiento que genera la pérdida.

Lástima que no podamos encapsular tiempo para poder resetear la relación. ¿Podemos restaurar la confianza perdida? Puede que no. Es lo que hay.

Somos personas todo el tiempo.

 

El coste del caos

el coste del caos

El caos es previsible. Mucho. Se le ve a lo lejos. Como una tormenta en campo abierto. El aire se torna diferente. Se mueve de forma distinta. Huele distinto. Lo notas en la piel y también al respirar. Sabes lo que viene con certeza. No me gustan las tormentas en campo abierto y no me gusta el caos.

Sin embargo, no me importa nadar en la incertidumbre. La incertidumbre es como esperar una sorpresa. Puede ser buena o ser mala, pero no sabes lo que va a venir. Es lo contrario de una certeza. La incertidumbre mantiene la esperanza aún viva de evitar el caos.

Tengo la suerte de ser muy sensible a los sistemas en estado caótico. Los huelo, los noto, los siento mucho antes de que ocurran. Es como ver llegar la tormenta desde 30 km de distancia. Da margen de maniobra si has sabido acopiar recursos y trazado un plan. La planificación es como timón en la incertidumbre. Me ayuda a no ir directa al caos, al desorden o confusión obsolutos.

Se puede planificar una mudanza a otra ciudad, o echar gasolina al coche cuando vas a hacer un viaje largo. También se puede planificar una reunión con un cliente con mucho potencial, el proyecto de una concentración parcelaria, o cuándo, cómo y con quién hacer el disfraz del cole de tu hijo pequeño.

El 90 % de nuestro día a día es planificable a pesar de la incertidumbre en la que nos movemos, porque no podemos controlar el 100 % de nuestro ambiente. Las personas actuamos sin medir el efecto en otras. Además, hay cosas que simplemente ocurren delante de nuestros ojos. Aún sabiéndolo, me quedo con el 90 % planificable y me aferro a él.

Pensar, reflexionar, diseñar, planificar, prever, analizar, inferir, programar, premeditar, preparar, proyectar, sistematizar. Son acciones que mantienen el rumbo de cualquier sistema. Que alejan el camino del caos y evitan los costes asociados a éste. El coste del caos es alto. Estar en él es como estar a cielo abierto con la tormenta encima de tu cabeza. Si todo va bien, sólo te mojas. Si va mal, te parte un rayo. Pero es imposible irse de rositas.