Nos gustan las cosas sabrosas, deliciosas, ricas en suma. Se me viene a la cabeza una morcilla, un jamón, unas gambas al ajillo, un salmón a la mostaza y miel, una paella de marisco, un pastel selva negra.

A pesar de que me creo que las acelgas son buenas para mi salud, no encuentro la manera de meterlas en mis menús habituales. Me cuesta horrores pensar que esas hojas insípidas son algo beneficioso y que debo comenzar a comer si quiero llevar una dieta sana y equilibrada. Y no soy la única. ¿Te gustan las acelgas? Si tienes algo alta la tensión arterial, o el colesterol o un poco de sobrepeso, tu médico te dirá que comiences a retirar alimentos de tu dieta. Pero las acelgas, eso no, ahí seguirán.

Dejarse llevar por las sensaciones es algo muy humano. Estamos predispuestos a dejarnos llevar por el placer de los sentidos, a sucumbir a las tentaciones hedonistas. Cuando caemos, cuando no podemos resistirnos, nuestro cerebro racional disfraza esa rendición de decisión. “Me merezco una recompensa”, “por un día no pasa nada” y “hace tiempo que no disfruto de verdad, ahora me toca a mí” son pensamientos habituales mientras compramos una crema facial cara, reservamos un viaje con estancia en hotel de cinco estrellas, o elegimos ese bolso de precio prohibitivo.

Y es que es más fácil vender lujo que vender acelgas, por muy sanas que sean, además de baratas. Es más fácil vender lo que la gente desea profundamente, con lo que sueña, lo que ansía, a lo que aspira.

Esta semana asistí a un congreso sobre lujo llamado LUXONOMY en el Hotel Palace, en Madrid. En una mañana tratamos asuntos de actualidad sobre el sector del lujo a nivel internacional. Yo no era ponente, pero aún así utilizo el plural porque me sentí integrada en el evento y con los demás participantes. Una de las claves para lograr ese vínculo fue la organización exquisita y personalizada del evento, donde los promotores trataron a los asistentes de una forma individualizada mucho antes de que nos viésemos las caras en la sala del hotel.

El evento se estructuró en cuatro mesas redondas en las que participaron personas relacionadas con el mundo del lujo y de la tecnología. Durante toda la mañana se tocaron temas de alto interés, pero mi atención se volcó a la cuarta mesa, en la que se trataba el “Futuro del lujo”. Todo un reto.

Me alegró comprobar que mi actividad profesional está en el centro de este futuro realmente prometedor. Me gustó cuando María Barrié, de L’Oreal habló de omnicanalidad, de los touchpoints de customer journey, de la importancia de los datos…Me impresionó Jorge Santacana, CEO de OgilvyOne Worldwide, que expuso con toda claridad la importancia de contar con una política de orientación al cliente, una estrategia de marketing basada en Customer analytics, transmitiendo de forma amena y sencilla el increíblemente complejo mundo de la Analítica de los datos. Por supuesto, también se mencionó la utilidad del análisis Big Data y su papel crucial en el futuro del lujo.

Muchos conceptos, algunos muy novedosos para los asistentes, que es necesario aterrizar para que el camino pueda comenzar en el punto correcto. Comprendo que el mundo de Big Data asuste un poco incluso a las grandes marcas del sector del lujo, que muestren sus reparos y que necesiten ver en profundidad su utilidad antes de lanzarse a ello con todas las consecuencias. Una buena forma de comenzar es a través del Smart Data, que no es otra cosa que tus propios datos, aquellos que ya tienes y en los que confías, porque sabes que son los tuyos, los que genera tu negocio. Es la mejor manera de hacer una inmersión consciente y segura.

Mi conclusión: esta semana he asistido al comienzo de algo. Un detonante que tendrá consecuencias positivas a medio y largo plazo al haber puesto en común el lujo y la tecnología. Porque el lujo necesita Big Data para cumplir las expectativas.