Me comentaba un colega en una más que interesante conversación durante una comida ayer que el organigrama de una empresa es “algo que hay que tener para saber el lugar que ocupas en ella” pero que, más allá de esa simple función, da más problemas que soluciona.

Cuando alguien ejerce el liderazgo autocrático porque cree que eso es lo que le otorga su posición en el organigrama, está pasando por alto una de las realidades más humanas que existen: las personas se van a relacionar con otras formando lazos y redes de influencia que poco o nada tienen que ver con lo que está reflejado en el organigrama.

En las empresas, queda claro que hay una organización formal de jefes, empleados y otra organización informal determinadas por la amistad, la confianza, el saber que el otro te va a “salvar el culo” y que no te va a “pasar marrones” y, cómo no, también por los rencores, las envidias, los celos y los odios. Porque las emociones son la base de las relaciones humanas y las empresas no son más que personas colaborando para conseguir un objetivo común (o intentándolo al menos).

Por todo esto, se me ocurre que uno de los grandes retos de los profesionales dedicados a la gestión de las personas en las empresas (para el que le tenga algo de manía a la descripción de “Recursos Humanos”) es la observación, medición y análisis de las redes de influencia en las tripas de la empresa. Y me refiero a las redes de influencia reales, aquellas que existen y que todo el mundo conoce porque sabe que “para ese tema, mejor habla con Manolo, que seguro que convence a Pilar y sacáis el proyecto adelante”, o “buf, como le vayas a Antonio con ese marrón, se lo va a contar a Nicolás y te vas a acordar. ¿No sabes que juegan juntos al pádel? Se va a enterar, fijo”.

Y ahora llega la dificultad. ¿Cómo observas, mides y analizas algo que no se ve por propia definición?¿Algo que discurre subterráneo y de lo que nadie habla porque “no hace falta decirlo”? Desde luego, parece un reto casi imposible.

Desde luego, ya que el objetivo es analizar la conducta de las personas, se cree imprescindible saber qué personas hay en la organización, cómo se disponen, con quién se relacionan más a menudo para realizar su trabajo, cuáles son sus tareas, qué necesidades tienen…La mayoría de esta información ya está en la empresa, pero desperdigada entre un montón de papelotes aquí y allá. Pero, sobre todo, está en la cabeza de las personas.

Existe tecnología que permite dibujar todo ese entramado de personas y relaciones. Además, permite no perder información sobre las características de estas entidades. Entre las soluciones disponibles, me gustan especialmente las bases de datos de grafos. Puede que el nombre suene poco, pero si te digo que las utilizan Facebook, o Google con su famoso Pagerank, o Infojobs, pues te harás una idea de la relevancia de este tipo de bases de datos nativas que permiten dibujar grafos, es decir, relaciones entre entidades.

Concretamente, a mí me gusta utilizar Neo4j para dibujar las relaciones entre personas y cosas (tareas, emails, etc.). Esta base de datos orientada a grafos permite visualizar como un mapa estas relaciones proporcionando una capacidad de visualización poco comparable con otras soluciones. Desde mi punto de vista, las ventajas respecto a la utilización de otras soluciones más “habituales” como son las bases de datos relacionales, son muchísimas:

  • Se ajustan muy bien a las relaciones entre personas, que es el que más me interesa. Aunque también tienen otros muchos casos de uso. Por ejemplo, en el caso de la seguridad.
  • Son muy eficaces a la hora de hacer consultas cuando la base de datos es muy grande. La consulta va recorriendo caminos dentro del grafo, por lo que sólo se ve afectada por el tamaño de la parte de la base de datos a consultar, no del completo.
  • Es muy flexible, permitiendo crecer sin problemas y sin tener que rehacer lo que ya está creado. Se pueden añadir nuevos tipos de relaciones, de nodos a la estructura.
  • Es muy visual, lo que supone mi ventaja preferida. Su esquema en forma de malla devuelve resultados tal y como esperamos que esté representada una red, lo que facilita su entendimiento.

Como ya he comentado, Neo4j es una base de datos nativa orientada a grafos y permite hacer cierto tipo de consultas que tendrás que escribir en su lenguaje, que se llama Cypher. Por suerte, es un lenguaje relativamente sencillo de utilizar, pues también sigue un esquema mental bastante parecido a cómo te imaginas que puede ser hablar de nodos y de relaciones. Por ejemplo, una consulta elemental en Cypher es: MATCH (a)–>(c)<–(b) RETURN a, b, c; En esa query, estás preguntando los nodos a, b y c y las relaciones que tienen entre ellos, que son que (a) se relaciona con (c) y (b) se relaciona con (c). No te voy a engañar, las cosas después se complican bastante, pero simplemente quiero resaltar que son muy útiles las consultas de a qué nodos llegan ciertas relaciones desde otros nodos; o qué caminos van desde tal nodo hasta tal otro; y otras muchas que te puedas imaginar.

Pero Neo4j no permite hacer todos los algoritmos que puedas querer. Para solucionar este tema puedes acudir a la solución (también Opensource) de Spark GraphX, que tiene una librería donde puedes utilizar más soluciones matemáticas (algoritmos) para implementar en tu base de datos basada en grafos, como Neo4j. Un algoritmo del que se habla mucho para el análisis de influencia es el famoso Pagerank de Google. Spark GraphX utiliza una notación un poco diferente de Neo4j, pues habla de vértices y aristas para referirse a los nodos y a las relaciones, pero no se tarda en acostumbrarse a esa cuestión.

Y hablar de Spark es hablar de Big Data. Ya hemos llegado aquí, a uno de mis temas favoritos. 🙂

En este artículo he querido profundizar un poco en cómo realmente se puede utilizar Big Data para analizar las complejísimas redes sociales humanas REALES, dentro de una organización del tipo que sea, dejando de un lado las redes sociales en Internet, que para eso ya tenemos a los grandes mounstruos de Facebook, Twitter y demás.

Ahora el gran camino está en verle la utilidad, tener claro que, utilizando estas tecnologías y aplicándolas al mundo de la empresa, podemos conocer en profundidad cuestiones de tal relevancia como:

  • Quiénes son las personas con mayor grado de influencia.
  • Qué personas están quedando marginadas dentro de la organización, permitiendo gestionar adecuadamente su reincorporación.
  • Cómo se distribuye el conocimiento informal en la empresa.
  • Qué personas están atesorando el mayor conocimiento sobre la funcionalidad de la empresa.

Y muchísimas otras que se te puedan ocurrir y que, seguro, estás deseando contestar desde hace mucho tiempo.

La tecnología está al servicio de las personas. Somos tecno-humanos.