Si quieres cumplimentar una encuesta para saber si tienes adicción al móvil, aquí tienes una de la OCU. Si no necesitas tanta evidencia científica, puedes verte reflejado este post. Soy una adicta al móvil y te cuénto qué hice al respecto.

Antes de acostarme me aseguro de ponerlo a cargar en la mesilla de noche (no vaya a quedarme si batería en algún momento del día siguiente), lo utilizo de despertador. Antes de las 6:30 de la mañana ya he leído los wasap, telegram, emails, actualizaciones de Facebook y leído el periódico desde la cama. Bajo a la cocina a desayunar y vuelvo a comprobar si ha llegado algo, aunque no haya sonado ningún fiu-fiu-fiu ni se haya encendido ninguna lucecita. Sé que lo que me espera el resto del día es algo parecido: comprobar el móvil cada pocos minutos, a pesar de estar hiperconectada delante del ordenador, con todas las redes sociales abiertas y que los avisos vía mail ocupen media pantalla y suenen como si fuera el apocalipsis.

Me llamo María Gutiérrez, tengo 37 años, vivo en Torrelodones y TENGO ADICCIÓN AL MÓVIL.

En los últimos años se “han puesto de moda” nuevas adicciones. La nomofobia o no-sin-mi-móvil es una de ellas. Parece ser que me encuentro entre el 71 % de la población que padece esa adicción. Felicito desde este post al 29 % restante ante la imposibilidad de hacerlo en persona. Simplemente no conozco a nadie con smartphone que se escape a este trastorno moderno.

No conozco a nadie con smartphone que se escape de la #nomofobia. Clic para tuitear

Haz un repaso de tus últimos días con el móvil y comprueba si tienes adicción.

Cada vez utilizas más el móvil, no para sentirte contento, sino “porque lo necesitas”. Las poquísimas veces que se te olvida te pones de muy mal humor, igual que cuando te quedas sin batería (esas sí que ya son más). En ese caso, ya entras en pánico directamente.

Pasas tiempo con el móvil cuando podrías estar haciendo otras cosas que te reportasen un beneficio mayor: desde pasar tiempo con tus seres queridos, hacer ejercicio, ir a la compra (“ya iré después, primero voy a mirar cómo está la gente en Facebook”) o incluso te quita calidad del sueño porque no apagas el wifi y te tiras toda la noche recibiendo notificaciones.

Llevas el móvil encima quieras o no quieras. Siempre. Aunque sea para cambiar de habitación. Vuelves a casa a buscarlo si se te ha olvidado (aunque eso casi nunca ocurre porque es lo primero que metes en el bolso). Aunque llegues tarde al trabajo. Buscas enchufes hasta en las farolas si la batería te baja del 15 %.

Gollum, gollum, goooollum

Te han puesto una multa por hablar con el móvil en el coche, tu socio te ha dicho que no mires más el móvil mientras estáis en una reunión con el resto del equipo. Si la reunión se alarga mucho, ya estás pensando cuántos mensajes tendrás sin leer o si fulanito o menganita ya te han respondido a ese wasap que enviaste a las tantas de la madrugada porque no podías dormir y lo único que se te ocurrió fue encender el móvil.

Pasas por encima de los avisos acústicos y luminosos, pensando que “igual hay algo nuevo”. Cuando ya no tienes nada que mirar, pues miras fotos, o navegas sin rumbo por internet. Siempre hay algo interesante, ¿verdad?

Antes del iPhone disfrutabas con Crónicas marcianas y ahora no hay nada en toda la parrilla televisiva que te sugiera el más mínimo interés. Los libros cogen polvo mientras actualizas tu perfil en Linkedin y los entrenamientos en el gym no son lo mismo si se te olvidan los cascos. Tu madre te echa en cara que no le haces caso cuando vas a verla.

Por supuesto, eras de los que pensaban (hace 20 años) que con los teléfonos fijos ya era suficiente, que las cámaras en los móviles tampoco servían de mucho (hace 10 años) y que el wasap era muy intrusivo (hace 5) porque no hacían falta tantos mensajitos, con una llamada ya quedaría todo arreglado.

Pero, si estás leyendo esto, es porque, en el fondo, sí que reconoces que pasas demasiado tiempo con el móvil en la mano. Te das cuenta de que igual, incluso, demasiado. Porque has ignorado a personas que te importan diciéndoles “un segundín, que contesto a Juan y ya estoy contigo”, o “perdona, pero esto es realmente importante”. Te has puesto demasiado nervioso esperando un mensaje o un mail. O incluso te has enfadado porque, cuando te llega el doble tic azul, la otra persona no te responde inmediatamente.

Ya habrás deducido que lo que conllevan las adiciones son falta de control y dependencia. Ocurre lo mismo que en otras adicciones, el sistema cerebral de recompensa entra en juego. La serotonina y la dopamina, unas sustancias que segrega el cerebro son las responsables de engancharnos. Comienzan a bailar cuando algo nos gusta. Si, además, ocurre de forma inesperada (como cuando te llega un mensajito, o un email, o te llaman por teléfono), pues entonces el efecto es mayor. El cerebro recibe la siguiente señal “si esto es bueno, entonces vamos a seguir disfrutándolo”. Una cosa parecida a las mariposas en el estómago de cuando estás enamorado.

NO me gusta perder el control. Al menos, cuando no quiero (véase vacaciones, eventos y fiestas de guardar, pues ya es otra cosa). Así que me he propuesto modificar este trastorno adictivo que NO ME GUSTA nada y que me hace perderme parte de mi vida. Por ello, te cuento lo que he hecho para desengacharme del mono y ser (más) libre.

Vida es aquello que ocurre mientras no estás mirando una pantalla. Clic para tuitear

Ser consciente de que tengo un problema

Mi hija me dijo: “Mamá, ¿puedes dejar el móvil y hacerme algo de caso? Hace ya media hora que te pedí que me partieses fuet”. Esta inocente frase en boca de una niña de 8 años fue como una bofetada de realidad. Ya me lo habían dicho adultos: marido, hermana, socio, prima, amigos…Pero no es lo mismo. De verdad, que no es lo mismo.

Medir y analizar lo que pasa

Llevo días contabilizando las veces que miro el móvil. Sí, ya sé que la calidad de la autoobservación no es la misma que la de un observador externo, porque me hago trampas al solitario: a veces me aguanté de mirar el móvil sólo para no contabilizar una rayita más en la cuenta. Otras veces estuve conectada a través de otros aparatos (tablet, ordenador) para “no mirar”…En fin, seguro que conoces el Principio de Incertidumbre de Heisenberg (va sobre electrones, la luz, física, pero me encanta su aplicación filosófica, que viene a decir que, sólo con ser partícipe de algo introduces una nueva variable que distorsiona la situación de manera que no puedes vivirla como era antes de que estuvieses). Aún así, me medí.

Con la primera medición me asusté mogollón: más de 150 comprobaciones (desbloqueos del móvil). Además analicé otras conductas, como la cantidad de veces que cogí el móvil para cambiarlo de habitación, el tiempo que tardaba en sacarlo del bolso cuando llegaba a casa…

Ni qué decir tiene que se confirmaron mis sospechas. El resultado del análisis: yonki perdida.

Fijar un plan con un objetivo realista y un plazo de tiempo

Manos a la obra. No valen los lamentos ni las postergaciones.

Me fijé bajar a 50 comprobaciones de móvil al día (descontando un uso normal de llamadas entrantes y salientes), en el plazo de una semana. ¿Cómo?

  1. Silenciar notificaciones innecesarias. Sí, ya sé que todos tenemos silenciados los chats grupales: familiares (primos incluidos), p/madres de clases de los niños, el grupo para las parrilladas, el grupo de amigos de toda la vida…Pero eso no es suficiente. Pasé a la acción silenciando también los avisos de email entrante y de las RRSS (FB y Linkedin, principalmente).
  2. Comprobación del móvil cada media hora cuando no estoy delante del ordenador. Si estoy delante de la pantalla grande, pues el sistema ya me avisa automáticamente y puedo seleccionar los que necesitan una respuesta muy urgente. De todas maneras, en el 90 % de los casos, la respuesta podría esperar media hora sin problemas.
  3. Profundizar en Mindfullness. Esto ya es de cosecha propia. Me interesa mucho este movimiento, cuya máxima es que seas consciente de lo que ocurre a tu alrededor a cada minuto. Es decir, si vas andando por la calle, pues disfruta del tiempo, observa a las personas con las que te cruzas, echa el vistazo a algún escaparate. Olvídate de poner en peligro tu integridad física al chocar contra una farola porque vas inmerso en el gran mundo digital y vive el único momento del día que tienes para hacerlo: justo ahora mismo.

El mundo digital ha transformado la manera con la que nos relacionamos con el mundo. Eso es maravilloso y ofrece un sinfín de oportunidades. El poder de la tecnología es increíble y lo abrazo con gusto e ilusión.

Pero, somos humanos y, a veces, no hacemos un buen uso de ella. 

Rizando el rizo, además, la tecnología es capaz de controlar cómo nos comportamos y ayudarnos en ese campo, contribuyendo a analizarnos para mejorar. Una paradoja interesante y atrayente, ¿No te parece?