No me enteré de a qué partido votaban mis padres hasta que fui mayor, mayor. Y no fue por no preguntarlo, que lo hice cuando era adolescente. La respuesta fue “el voto es secreto”. “Pues nada, será cosa de cada uno, como el cuándo nos cortamos las uñas de los pies”.

Está claro que hoy en día el voto sigue siendo secreto, pero nadie (o casi nadie) quiere que lo sea. Cantamos a diestro y a siniestro cuál es nuestro partido político favorito y, sobre todo, cuál es el que recibe nuestro máximo desprecio. Para mí, la comunicación abierta de las preferencias políticas es un síntoma de una sociedad madura y avanzada, donde cada cual piensa lo que quiere, sin mucha vergüenza a decirlo.

Vertemos nuestras opiniones políticas a la red igual que lo hacemos en la cena de Nochebuena. Las redes sociales habituales son el canal más utilizado. ¿Quién recoge esas opiniones tan “valiosas”? Pues los partidos políticos y los medios de comunicación se afanan en hacer escuchas en las redes sociales para poder medir su influencia, si están cayendo bien sus propuestas ante la ciudadanía; o para evaluar el calado del mensaje político por el que están apostando en ese momento. Esto es una manera avanzada de hacer lo que antes también se conseguía de forma rudimentaria tomando un par de chatos en el bar del barrio y escuchando lo que decía la gente mientras echaba la partida: escuchar lo que piensan los ciudadanos.

La campaña que llevó a la Presidencia de los Estados Unidos a Barak Obama en 2008 marcó un antes y un después en la relación ciudadano-partido político. Seguro que algunos conocéis el caso, pero fue pionero en la utilización de modelos matemáticos y estadísticos para conocer bien al posible votante. Se llegó a conocerle tan, tan bien, que posibilitó un mensaje totalmente personalizado para cada persona. Y ya sabes que no hay nada más convincente que un mensaje personalizado.

Desde aquellas elecciones en 2008, muchos partidos han incorporado el análisis de datos para definir su estrategia de marketing. La utilización de Big Data en campañas políticas ya no es nada extraño. En Reino Unido y en España lo hemos visto en este mismo 2015 en varias ocasiones.

La cuestión clave que quiero dejar claro en este artículo es que lo que se suele hacer es escuchar al POSIBLE VOTANTE a través de las redes sociales (Facebook y Twitter personalmente), pero hay un filón que se está desaprovechando, y es la de escuchar al propio AFILIADO. Este enfoque que propongo es escuchar primero al cliente interno del partido, al que conoce la organización, el que se preocupa por conseguir más votos, por trabajar desinteresadamente con el objetivo de conseguir más representación política para provocar cambios en la sociedad.

El enfoque orientado al afiliado no es común. Por lo que conozco, los partidos se preocupan más de “quedar bien” frente a los de afuera que en cuidar y mimar a los de dentro. No es el único tipo de organización a la que le pasa esto. Seguro que alguna más se te viene a la cabeza, ¿Verdad?

Tenemos claro lo importante que es la comunicación interna. El que más y el que menos sabe que, cuando nadie sabe qué es lo importante, todo es un desastre y un “sálvense quien pueda”. Una organización, política en este caso, que tenga una organización clara, con sus afiliados vinculados y comprometidos y con un mensaje íntegro que divulgar sin fisuras y con convencimiento, es una ventaja competitiva clara y que puede suponer ganar unas elecciones.

La gestión y la expansión de un partido político se basa en unas pocas cuestiones claves: el mensaje político, que refleja las ideas, los valores, la estrategia del partido; las personas que están vinculadas a la organización (afiliados y simpatizantes), que dedican su esfuerzo para que ese mensaje llegue a las personas adecuadas; y las relaciones entre las personas, que están fuertemente condicionadas por la comunicación.

Un partido orientado a las personas y a retener el talento que tenga un mensaje válido e íntegro, conseguirá la confianza de la ciudadanía, que se traducirá en un compromiso hacia su programa electoral manifestado en el voto.

Por tanto, se me antoja absolutamente imprescindible orientar el partido “hacia adentro”, para que sean los propios afiliados los que expandan el mensaje “hacia afuera”, dotándolo de credibilidad y confianza. Está claro que este ejercicio no se puede realizar sin conocer antes la organización y confiar en las personas que la forman, con transparencia y honestidad.

De nuevo, la gestión de las personas, de las comunicaciones y de las relaciones entre ellas se puede hacer con tecnología Big Data. Concretamente, con análisis de redes sobre bases de datos de grafos. Esta tecnología aporta conocimiento de mucho valor sobre la organización interna del partido y sobre las estrategias de marketing político a seguir para trasmitir el mensaje adecuadamente a la sociedad.

Personas, comunicación y tecnología como la clave para el crecimiento de un partido político. No es ciencia ficción, te lo prometo.