Hace años, cuando dirigía una empresa que no era mía, escuché una frase que no se me olvidará: “ahora no podemos abandonar. Yo, ante la adversidad, me crezco”. Este discurso estaría muy bien si la persona que lo hubiese dicho no hubiera estado en el meollo del problema desde el principio. Me hubiera gustado mucho tener la valentía de haberle dicho el clásico “si no eres parte de la solución, es que eres parte del problema”.

Parece que, el aferrarse al poder o a la relevancia más allá de lo necesario, es algo típico de los líderes. Resulta paradójico, pues un líder carismático, es una persona que siente que es necesario un cambio, que las cosas no están bien, y es su deseo de cambiar el entorno el que resulta atrayente para los seguidores, entre otras cosas. Pues bien, una vez que estos líderes consiguen el poder, se agarran a él como una lapa, no dejando que nuevos aires entren en la organización y aporten nuevas soluciones, no nuevos problemas.  No se dan cuenta de que el liderazgo caduca.

Pablo Iglesias

Cuando el liderazgo caduca. Pablo Iglesias

Quiero mostrar este fenómeno con tres ejemplos de problemas con el liderazgo, pero con diferentes respuestas a este hecho.

Comienzo con UPyD. He sido parte de ese proyecto político durante casi 5 años, hasta octubre de 2014. Desde entonces, aún les sigo la pista. No me ha sorprendido nada de todo lo que ha pasado desde entonces, pues este declive mayúsculo hace mucho que se veía venir simplemente con mirar y ver un “liderazgo caduco” por parte de Rosa Díez, C.M Gorriagán y algunos otros que formaban parte del Consejo de Dirección del partido. Aunque ya hace más de un año que se veían los problemas que causaban, ellos creían (ingenua y erróneamente) que formaban parte de la solución. De hecho, aún lo siguen pensando, dadas sus comentarios en las redes sociales de estos días. Flaco favor hacen a nadie del partido cuando abren la boca, pero siguen haciéndolo. Son incapaces de ver que han caducado hace mucho tiempo. Se agarran al poder como una lapa, como aquellos mismos a los que criticaron en numerosas ocasiones.

Sigo con Podemos, que también están sufriendo la cara oculta del liderazgo. En este caso me sorprende, por inusual, que el partido hable abiertamente sobre este hecho clave en un partido político. Cuando el líder comienza a dar síntomas de perder lustre, es hora de pensar en una nueva estrategia. Parece que lo tienen en mente. Veremos lo que les va pasando.

Termino con Obama. Líder carismático por excelencia, aunque no ha mostrado ¿aún? su cara oculta. Puede que no la tenga o puede que, la limitación de mandatos que existe en Estados Unidos, le proteja. Hace unos días, en la Unión Africana, Obama echó en cara a algunos colegas africanos el abuso del poder que da el liderazgo. Además, manifestó públicamente que él, por ganas, también seguiría, pero que la ley de limitación de mandatos estaba ahí para algo.

Creo que estos ejemplos muestran que es casi imposible que alguien no sucumba a la posibilidad de aferrarse al poder o a la influencia. La diferencia está en cómo afrontar este hecho dentro de la organización. Los lideres caducos son parte del problema, aunque no lo saben. Y lo que hacen es entorpecer la llegada de la tan ansiada solución. La misión de los nuevos líderes, y de los seguidores, es hacérselo saber.