En la estrategia de inversión a largo plazo conocida como Buy&Hold, la máxima es muy simple: “Cuando encuentres una empresa buena a un buen precio: compra y no vendas nunca. De esta forma no te perderás las grandes subidas que cambian vidas”.

¿Cómo sabes si la empresa es buena y si está a buen precio? Pues la estudias bien desde el punto de vista fundamental: evalúas su trayectoria, cómo van sus ratios, cuál es su competencia y haces una previsión de futuro…Si la empresa es buena pero no está a buen precio, entonces esperas. Cuando esté a buen precio, pues compras y no vendes nunca. A partir de ese punto, sigues invirtiendo en ella de forma continua y mientras no haces nada más. Tan simple como eso. La propia evolución de los mercados y de la gestión empresarial hará el resto. Con una buena y selecta cartera, a pesar de atravesar de que es cierto que se pasará por momentos buenos y malos, la rentabilidad es muy atractiva y el riesgo muy bajo.

Simplemente, me encanta.

Y adoro ver cómo Buy&Hold aplica de forma elegante y parsimoniosa cuando se utiliza fuera del ámbito de la gestión financiera. En concreto, en las relaciones humanas.

En esta última temporada muchos de mis amigos han roto sus parejas. Algunos llevaban años juntos. Bastantes. Ya tenemos cierta edad y la tónica general es de desencanto con la vida personal y de pareja. Ahora se preguntan por qué sus relaciones terminan pronto (menos de 5 años) y mal. La verdad es que es algo que también me gustaría saber.

Como es un tema que tengo reciente, salió en la conversación tomando unos vinos con un amigo. Él se ha divorciado hace poco tiempo, así que su teoría al respecto me parece muy valiosa por tener estar basada en su propia experiencia personal. Me contó su explicación y no pude más que quedarme perpleja y gratamente sorprendida cuando hizo referencia a mi admirada estrategia de Buy&Hold. Te cuento cómo aplica en este caso. Fascinante.

Decía al principio que lo que hay que hacer cuando sigues la estrategia Buy&Hold son principalmente tres cosas: estudiar muy bien a la empresa, comprar y no vender (esperar).

Si lo llevamos al tema de las relaciones humanas, la analogía sería: conocer bien a la otra persona, conectar o vincularse con ella y seguir ahí, de forma que la confianza, el cariño y el trabajo en común hacia los objetivos provoquen esas “subidas que te cambian la vida”.

Está claro que la dificultad subyace, como en el caso de la inversión en bolsa, en tener la capacidad de conocer bien a la otra persona. A mí me resulta muy útil conocer sus valores y observar cómo los aplica en el día a día. Vamos, el “hace lo que dice” de toda la vida.

Si sus valores encajan con los míos y los actos de esa persona son congruentes con lo que dice, normalmente llega el momento de conexión o de establecimiento de un vínculo. Puede ser de los tipos más variopintos y de diferente intensidad.

Desde el momento de la conexión, luego ya se trata de aportar, de invertir en la relación con la otra persona. Se trata de compartir momentos, ilusiones, tropiezos y metas. El tiempo será el que proporcione los logros que hacen que cambie la vida. La rentabilidad vista desde el punto de vista de apoyo, confianza, comprensión, risas y anécdotas compartidas, sin duda merece la pena.

Estoy muy de acuerdo con mi colega en que muchas personas siguen la estrategia contraria: comprar y vender rápido, intentando conseguir rentabilidades altas en plazos cortos. Lo que ocurre es que, al igual que esa estrategia cortoplacista es más arriesgada en la inversión en bolsa; también lo es en las relaciones entre personas. Además, tenemos la complicación añadida de que no tiene el mismo impacto emocional el perder dinero que el perder a otra persona a la que has querido.